CINISMO VIEJERO

Desde la primera escena de El viaje fantástico de Simbad, el destino se hace presente, como un monstruito volador con alas de murciélago, que lleva un objeto de oro y los marineros de Simbad se preguntan si flecharlo o no, pues según alguno eso sería de mala suerte. Ya con el objeto de oro Simbad ve en sueños a Margiana, la mujer predestinada para él.

Por Fernando Ramírez Ruiz

El viaje fantástico de Simbad o El viaje dorado de Simbad (Reino Unido-Estados Unidos, 1974), dirigida por Gordon Hessler, con guion de Brian Clemens y Ray Harryhausen, inspirado en las historias de Simbad el marino, es de una época en que el Islam apenas era considerado sólo otra religión igual que cualquiera, sin las connotaciones que ahora tiene. Y entonces el héroe de esta película británica podía hablar de Alá como si sólo fuera otro nombre de un dios básicamente intercambiable.

Por lo tanto todo lo que se dice en la película sobre el destino, parece venir de las historias originales del marino Simbad, que es el tema que recorre la historia de principio a fin. De hecho todo acaba en la «fuente del destino», todo eso del destino que puede ser ordenado por Alá, o estar ya escrito, frase que se repite varias veces y la relación del destino con la voluntad de los hombres, son también como ideas generales intercambiables.

Desde la primera escena el destino se hace presente, como un monstruito volador con alas de murciélago, que lleva un objeto de oro y los marineros de Simbad se preguntan si flecharlo o no, pues según alguno eso sería de mala suerte. Ya con el objeto de oro Simbad ve en sueños a Margiana (Caroline Munro), la mujer predestinada para él.

Una tormenta desvía el barco de su camino y los lleva a Marabia. Según un personaje que es el segundo de a bordo y se encarga de avisar a Simbad y de paso a la audiencia que hay peligros mortales adelante, sería peligrosísimo desembarcar ahí, pero Simbad sabe que ahí está su destino, lo vio en su sueño -algunos dicen que Alá se comunica a través de sueños-, entonces le contesta y, obviamente, deben desembarcar en Marabia.

La actriz británica Caroline Munro. Foto: Getty Images.

Tal y como les dijo un oráculo con cara de demonio, que parece un holograma en una película de 1974 y que habla como una especie de Jorge Luis Borges de los mares fantásticos del cine de aventuras, entre versos sobre el destino y la eterna lucha entre el bien y el mal, que los aventureros y los pequeños hombres mortales pueden cambiar las cosas a pesar de todo.

Fernando Ramírez Ruiz

Simbad y su gente tienen espadas, flechas y su astucia, pero nada de magia, el único mago de la historia es el malévolo Koura, por eso cada vez que Simbad dice «Confía en Alá… pero ata tu camello» -y de hecho con esa frase acaba la película-, parece que lo importante para él es la parte práctica de atar a su camello, pues lo mágico tiene una connotación negativa.

La única parte positiva del destino es lo de encontrar a Margiana y ahí sí hay una crítica de la cultura islámica, pues ella es una esclava y, según su dueño, no tiene ningún valor. Simbad se la lleva y le dice que ninguna persona puede ser dueña de otra.

Las otras cosas mágicas «positivas», los tesoros que buscan Koura por un lado, y Simbad con Margiana, sus marineros y el visir de Marabia por otro, en realidad no son tan positivas: Un escudo que protege a quien lo tiene haciéndolo invisible, que al final lo obtiene Koura y no le sirve para maldita cosa. También poder y riqueza encarnada en la corona del reino de Marabia, pero esto se parece mucho al otro tesoro que es la juventud y es que resulta que usar la magia negra envejece, así que ese regalo mágico parece que sólo compensa el «envejecimiento mágico».

Y lo mismo el poder y la riqueza del reino de Marabia. Los dos personajes que se lo pelean, Koura y el visir, parecen dos caras de la misma moneda. Uno es bueno y el otro es malo, pero tienen cosas en común: La magia negra de Koura, que le quemó la cara al visir y a él lo envejece aceleradamente.

La máscara de oro con que se tapa el visir, le da un aspecto más siniestro que el de Koura y los marineros se mofan de él diciendo que a él sí que se le subió el oro a la cabeza y sobre todo, al final, Simbad pudiendo quedarse con la corona de Marabia, prefiere dársela al visir y le explica a Margiana que no quiere ser rey pues ellos ni siquiera pueden casarse con quien quieren.

Eso lo dice en la fuente del destino, en donde los héroes hicieron que este cambiara y Simbad consigue a la chica de sus sueños. El tonto y vago que hacía de hazmerreír de la historia logra ser considerado todo un marinero por Simbad.

Tal y como les dijo un oráculo con cara de demonio, que parece un holograma en una película de 1974 y que habla como una especie de Jorge Luis Borges de los mares fantásticos del cine de aventuras, entre versos sobre el destino y la eterna lucha entre el bien y el mal, que los aventureros y los pequeños hombres mortales pueden cambiar las cosas a pesar de todo.

*Versión cínica retomada del blog Smile on a dog.

Fernando Ramírez Ruiz estudió en la prepa de La Salle, de la Ciudad de México, al lado del hijo del presidente Miguel de la Madrid y en la secu Nuevo Continente se enamoró de Lucerito, tiempo después cruzó miradas y le dijo quiúbole a Yordi Rosado en la Universidad Intercontinental, de la que desertó de la carrera en Ciencias de la Comunicación. Ha conocido a Diego Luna, fue Stand in de Sasha Sokol y el Chivo Lubezki en una película. Está escribiendo el libro de memorias: «Quiúbole con mis encuentros con los famosos».


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