CINISMO TUMBAO
«La vida es una perra, por eso hay que patearle la jaula»
En Perras de reserva la honestidad en la que su escritora narra la situación de cada mujer escapa a los trillados lugares comunes que las colocan en extremos absurdos, tan propios de las telenovelas mexas y sus atribulados maniqueísmos, aun cuando sus historias aborden y caminen precisamente en, desde y sobre lugares comunes.
Por: Alberto Zúñiga Rodríguez
En algún momento de su compilación de cuentos Perras de reserva (Sexto Piso, 2022) y por medio de alguna de sus múltiples -y peculiares- protagonistas nos espeta sin tapujos la autora Dahlia de la Cerda (Aguascalientes, México, 1985) que: «La vida es una perra, por eso hay que patearle la jaula».
Editado por la editorial Sexto Piso, el libro con estas 13 pequeñas historias nos invita a orbitar y acompañar en primera persona -porque así nos hablan ellas- al complejo universo de estas mujeres que, a todas luces, nos revelan su condición de vulnerabilidad en la actualidad de un país como México. En efecto, nuestro querido México lindo, feminicida, corrupto y estúpidamente herido.
Llegué a Perras de reserva de forma casi accidental. De hecho fue por la polémica que se suscitó por la presencia de un cantante, representante de lo que llaman los corridos tumbados -dentro del regional mexicano-, que asistiría a un festival de música en Chile, en febrero de este año. Me refiero al híperfamoso fulandraco, cuyo manager lo compara con Mick Jagger (¿neta?), llamado Peso Pluma. Ante este hecho Dahlia escribió un texto muy interesante en el diario español El País a finales de enero del año en curso. El artículo en cuestión me lo recomendó mi estimado amigo y director de esta Revista Los Cínicos, el periodista José Antonio Monterrosas y él mismo me habló de este libro que hoy aquí sugiero su lectura propicia para este verano (o para cualquier otro momento).

De una lectura ágil, con una narrativa mordaz, llana y humor ácido con frecuencia presente en una parte significativa de algunas de las historias, Perras de reserva desde su aparente sencillez cala hondo y nos deja pensando o preguntándonos indirectamente y muy a posteriori en qué momento el barco llamado México naufragó de manera tan catastrófica y peor aún, con relación a las mujeres porque las cifras de violencia y feminicidios no mienten. Son un verdadero chingadazo en la cara (especialmente para las y los que no las quieren ver y/o asumir o responsabilizarse de ellas). La protagonista del cuento titulado La huesera es la encargada de darnos esa información y en algún momento le pregunta a su amiga a quien le escribe una misiva póstuma:
«…¿Tú sabías que en México matan siete mujeres todos los días? Perdón por la ironía, pero me saqué de pedo. ¿Dónde estábamos nosotras mientras cada tres horas una mujer era matada a golpes, descuartizada y violada? Me sentí terrible. Me sentí la peor del mundo, porque si yo hubiese sabido qué tan peligroso es ser mujer en este país de mierda, de pendeja te dejo salir sola de aquella fiesta. Perdóname, por favor. »
En Perras de reserva las narradoras de cada historia se nos presentan con fuerza, arrebato y determinación, quizá el sesgo que les une y la fragilidad que la sociedad mexicana les propina. Entonces es fácilmente imaginarlas caminando en cámara lenta, en una voz coral, como lo hicieron en aquella mítica escena Harvey Keitel, Michael Madsen, Chris Penn, Steve Buscemi, Lawrence Tierney, Eddie Bunker, Quentin Tarantino y Tim Roth portando los míticos trajes negros y con gafas oscuras, al son de Little Green Bag de fondo de George Baker Selection, en el descarado y hermoso homenaje al gran Tarantino y esa gran película del muy lejano 1992, al que hace con el título Dahlia de la Cerda, Perros de Reserva (Reservoir Dogs).
Entonces nos encontramos con la protagonista universitaria de Perejil y Coca-Cola que se enfrenta al aborto, la hija del narco que adopta a una sicaria y la transforma en buchona y sus peripecias juntas: la niña bien e influencer que se vuelve amiga de la hija del narco y que también quiere ser parte de esa tribu excéntrica, ostentosa y portadora de lujos; las hermanas desplazadas por la gentrificación y que se tienen que defender de su entorno marginal; la chamana xenófoba que odia a su vecina colombiana y está dispuesta a usar toda su fuerza sobrenatural en su contra o la plebita ratera de barrio que nos dice que dios no hace paro porque La vida loca tiene sus secuelas, «los sueños vuelan, amárrelos quien pueda».
La China, la Yuliana, la Constanza, la Regina y demás protagonistas desfilan al estilo Tarantino por sus propias preocupaciones, miedos y ensoñaciones y reacciones, a veces como víctimas (la mayoría) en otras como sanguinarias victimarias (también), en relatos muy cortos o más elaborados como el último del que ya hacía mención párrafos arriba (La huesera) y quizá el mejor desarrollado en trama, situaciones y personajes.
De una lectura ágil, con una narrativa mordaz, llana y humor ácido con frecuencia presente en una parte significativa de algunas de las historias, Perras de reserva desde su aparente sencillez cala hondo y nos deja pensando o preguntándonos indirectamente y muy a posteriori en qué momento el barco llamado México naufragó de manera tan catastrófica y peor aún, con relación a las mujeres porque las cifras de violencia y feminicidios no mienten. Son un verdadero chingadazo en la cara (especialmente para las y los que no las quieren ver y/o asumir o responsabilizarse de ellas)
Alberto Zúñiga Rodríguez
En una lectura lineal de la obra y paréntesis aparte, se nota el addendum que se le hizo al libro al incorporar los últimos 4 cuentos finales, de los 9 que eran inicialmente (antes de su publicación por Sexto Piso), no obstante, no desmerece en ningún momento esto.
Lo que más disfruté de esta obra (que le valió el Premio Nacional de Cuento Joven Comala en 2022 a su autora), fue que se convierte en una especie de vehículo que cruza transversalmente nuestro México por lugares dolorosos (los sexismos, la transfobia, el clasismo, los fanatismos religiosos y otros cuantos ismos) y se desdobla en una especie de radiografía por donde transitan sus poderosas mujeres de diferentes estratos sociales, con sus peculiares formas de hablar y las condiciones económicas que les acompañan, pero que ninguna escapa al sistemático, peligroso y violento trato que les otorga su país en toda su geografía (da igual si habitan en el norte y trabajan en una maquiladora o si viven privilegiadas en el bajío o huyen de la pobreza extrema del sur para prostituirse).
En Perras de reserva la honestidad en la que su escritora narra la situación de cada mujer escapa a los trillados lugares comunes que las colocan en extremos absurdos, tan propios de las telenovelas mexas y sus atribulados maniqueísmos, aun cuando sus historias aborden y caminen precisamente en, desde y sobre lugares comunes. Intensos todos, nada cómodos algunos. «…Yo ya andaría triunfando si en vez de mochar cabezas me hubiera sentado en ellas…» La China dixit.

Al igual que la película a la que hace referencia, especialmente sobre su temática relacionada con la violencia, Dahlia de la Cerda en sus descripciones narrativas incorpora una musicalidad referencial, diversa e inconexa, como elemento recurrente y bastante ocurrente. El soundtrack de cada relato importa, está claro, con todo y lo ecléctico que es, como cada cuento, trama y personajes. Así que por sus letras nos cruzamos con nombres y agrupaciones tan diametralmente opuestos como: María Rodes, Selena Quintanilla, Luzbel, Vagón Chicano, Jenni Rivera, banda La Arrolladora, Los Héroes del Silencio, Banda MS, Juan Gabriel, Pxndx, Tren Lokote y algunas otras. Confieso que hice una lectura pausada buscando los tracks y grupos a los que De la Cerda hace alusión. Un ejercicio divertido e interesante. Sobra decir que también lo sugiero como un complemento al universo narrativo que ya es totalmente disfrutable en las letras de Dalhia.
Lo perro, lo complicado pues, en -y de- Perras de reserva (y quizá limitante para otros lectores ajenos a nuestra cultura mexicana), puede ser el exceso del slang que hay en algunos de sus cuentos, no obstante, la universalidad de las emociones que ahí se generan lo compensa y le hace de fácil comprensión.
Dense denso con este libro que como nos dice la Yuliana: «Lo que empieza recio, recio se termina». Esa es mi frase favorita porque define mi filosofía de vida, plebe. En fin, estás aquí para que te cuente cómo es que estoy donde estoy y no para que te aviente mis proverbios. A darle.
C

Alberto Zúñiga Rodríguez es cineasta y un obrero fílmico nacido en el rancho de las balas perdidas -fílmicas- Morelia, Michoacán. Ha dirigido los largometrajes Rupestre (2014), En la periferia (2016) y Emiliana Gat-alana (2023). Vive en Barcelona desde el 2022 donde conduce y produce el cinepódcast Tónica Replicante.






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