COBERTURA DE LA FIL DE GUADALAJARA 39
Los discursos y las canciones inspiradas en libros
Por José Antonio Monterrosas Figueiras / Foto de portada: Lilián Solórzano

En las Hermanas Coraje, un restorán cercano a la Expo Guadalajara, donde venden caldos de cola de res, refunfuñaba algo el director del Fondo de Cultura Económica, Paco Ignacio Taibo II, a los que lo acompañaban en su mesa. Tal vez era un comentario en contra de las escritoras mexicanas que son horripilantes y malas, según él, o acaso estaba enojado porque las meseras le dijeron que no había Coca Cola sino pura Pepsi.
Al mismo tiempo, a unos pasos de ahí, en el Auditorio Juan Rulfo, se inauguraba la edición número 39 de la Feria Internacional de Libro, donde sorprende ver al secretario de economía federal, Marcelo Ebrad, hablando frente a los «neoliberales, conservadores, intelectuales orgánicos (también asquerosos, podría decir PIT)», para elogiar a este evento de libros por ser mexicano y ser para el mundo globalizado. Ebrad viene en representación de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, quien fue invitada por la directora de la FIL, Marisol Shulz, pero decidió no asistir, mejor que vaya el político que se muere por ser presidente de México, quien además lanzó palabras en catalán, para saludar a Barcelona, región invitada en esta FIL.
Entre otros funcionarios que también quieren seguir trepando el árbol dorado del poder, estuvieron Pablo Lemus y Veronica Delgadillo, gobernador de Jalisco y presidenta municipal de Guadalajara. Ahí también estuvieron, entre otros, el juicioso escritor Jorge Volpi y la misma directora de la FIL ya antes mencionada.
«Me fascina nuestra época -agregó el escritor franco-libanés-, todo lo que nos ha aportado, todo lo que nos permite hacer. Por temperamento, no soy de los que se lamentan diciendo “antes era mejor. Soñar con regresar al mundo de antes no tiene sentido si realmente queremos salir del atolladero. Nunca volveremos al mundo de antes. Podemos lamentarlo o celebrarlo, pero en todo caso debemos ser conscientes de ello para poder avanzar»,.
La larga ceremonia de apertura, ya sabemos que así es, llegó casi a su fin pasado el medio día con la entrega del Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances a Amin Maalouf, para luego brincar a la reunión con los medios de comunicación en la sala de prensa. Recordó en su discurso el escritor cuando empezó en el periodismo, en el que «todavía se escribían los artículos a mano; luego los tipógrafos los pasaban a máquina, los fundían en plomo y después se imprimían. Los obreros respiraban los vapores del plomo, y se les recomendaba tomar mucha leche para contrarrestar los efectos secundarios».
«Me fascina nuestra época -agregó el escritor franco-libanés-, todo lo que nos ha aportado, todo lo que nos permite hacer. Por temperamento, no soy de los que se lamentan diciendo “antes era mejor. Soñar con regresar al mundo de antes no tiene sentido si realmente queremos salir del atolladero. Nunca volveremos al mundo de antes. Podemos lamentarlo o celebrarlo, pero en todo caso debemos ser conscientes de ello para poder avanzar»,.
José Manuel Aguilera usurpó el lugar de los escritores

Hacia la tarde, en el stand del Fondo de Cultura Económica, José Manuel Aguilera, cantante y creador de la agrupación musical La Barranca, presentó su nuevo album, Tinta negra y roja. El disco, porque efectivamente el disco existe de manera física y es algo que al músico le parece importante para que no sea solo «ruido de fondo», cotiene un par de canciones instrumentales, con versiones en las que cada una de las piezas está relacionada con un libro de autores mexicanos, la mayoría, «una interpretación de estos libros, de tomarlos como punto de partida para hace esta música».
Son ocho melodías, que me aclaró, no hay una razón específica por la que sean ocho sino porque «no le gusta hacer ya cosas tan largas», aunque paradójicamente -lo interrumpo-, el número ocho si lo pones de manera horizontal significa infinito. Me aclaró que de hecho son nueve, porque al final hay una pieza que es la única que es cantada y que «no tiene que ver con lo demás, quise poner ahí como cierre, como la canción que ponen en los créditos de las películas, ya ves que a veces no tiene nada que ver con lo anterior». Al escucharlo en la platarforma de Spotify, donde ya se puede oir completo, descubro que ese noveno track es una versión rockera de «No volveré».
Esos ocho libros de los que José Manuel Aguilera se inspiró para crear su nuevo album. Estos son: El Viaje a Ixtlan, de Carlos Castaneda; Tinta negra y roja, de Miguel León Portilla; El corazón del instante, de Alberto Blanco; El rey se acerca a su templo, de José Agustín; Salamandra, de Octavio Paz; Paradais, de Fernanda Melchor; Confabulario, de Juan José Arreola y Bajo el mármol lunar, de Claudia Barrueto.
Aguilera dijo en la presentación en la que estaba rodeado de seguidores, amigos, periodistas, escritores y músicos, donde lo acompañaban Enrique Blanc y Gerardo Enciso en el escenario, que el punto de partida de todo esto fue en febrero o de 2024, en el homenaje nacional que se hizo a José Agustín. «Se hizo un homenaje póstumo con motivo de su fallecimiento, en el Palacio de Bellas Artes -dijo- y la familia del escritor invitaban a La Barranca para participar y atocar algunas piezas que les interesaba que sonaran, pero cuando nos encáminabamos ya al evento en sí, uno de los funcionarios de Bellas Artes, me dijo: ¿Por qué no hacen una música para las guardias de hono que es un momento de la ceremonia donde los familiares o amigos cercanos, o incluso funcionarios de la 4T, se ponen entorno al féretro para hacer estas guardias de honor? ¿Y sí podemos hacer algo instrumental para ese momento tan especial de la ceremonia? Mi primer impulso fue, hagamos una improvisación ahí, atonal, atmosférica, a ver qué sale con el grupo, pero después pensé que era mi oportunidad para escribir una pieza, no sólo para ese momento tan emblemático y específico de este homenaje, sino para celebrar los libros y la vida de José Agustín, y sobre todo, la relación personal que yo tuve con estos libros, que he de decir que son libros que he leído muchísimo».
Y como los libros que al abrirlos son puertas, este de José Agustín lo llevó a abrir otra puerta que no había abierto antes y hacer más piezas relacionadas con libros que conoce y que le gustan, para ver hasta donde podía llegar con todo esto y al mismo tiempo plasmar su relación actual con la guitarra, porque, afirmó, Aguilera, «parece que las guitarras siguen siendo capaz de traducir cosas». Recordó además el músico que la primera vez que vio una guitarra, pensó que era una cosa infinita, algo que sigue pensado hasta la fecha.
Así fue que el creador de melodías como «El alacrán», «Denzura» y «Estallido interno», pensó que esa era su oportunidad para escribir una pieza para celebrar la vida de José Agustín, que como todos los que lo hemos leído sabemos que era una amante apasionado de la música y del rock. Entonces hice esta pieza que es una especie de mantra ceremonial, pero sobre un pulso de blues y sobre eso tejer un discurso con la guitarra y titule esa pieza como uno de los discos de José Agustín, que es El rey se acerca a su templo, que también es una cita del I Ching, de un libro que él consultaba, este libro chino».
Y como los libros que al abrirlos son puertas, este de José Agustín lo llevó a abrir otra puerta que no había abierto antes y hacer más piezas relacionadas con libros que conoce y que le gustan, para ver hasta donde podía llegar con todo esto y al mismo tiempo plasmar su relación actual con la guitarra, porque, afirmó, Aguilera, «parece que las guitarras siguen siendo capaz de traducir cosas». Recordó además el músico que la primera vez que vio una guitarra, pensó que era una cosa infinita, algo que sigue pensado hasta la fecha.

En esa misma relación a José Agustín y sus libros, José Manuel Aguilera contó que Cerca del fuego, es un libro que ha leído tres veces y que lo tiene «casi» como libro oracular, «casi» como un I Ching, el cual lo tiene cerca de su cama. Cuando le pregunté sobre qué tipo de lector es, él dijo que es un lector desordenado y nomás le faltó la guitarra para cantar que era un lector «sin ningún tipo de plan maestro, eternamente en construcción».
Explicó además que es un lector muy voraz. «Yo siempre estoy leyendo, leo muchos libros al año y siempre fue así. Para mí la lectura es una parte fundamental de mi vida. Leo todo tipo de libros, me gustaría haber seguido como un canon más formal, tienes que empezar por aquí, luego saltarte para acá, pero no, seguí ningún plan más que mis propios gusto o recomendaciones de amigos», advirtió.
«Soy de las pocas personas que en mi familia leen libros de poesía, me gustan leer libros de poesía, pero no, nomás eso, me gusta leer libros de todo tipo, novelas, quizá mucho biografías de músicos también, pero no tengo ningún tipo de orden, ni en mis lecturas, ni en la manenera en que tengo mis libros en mi casa, que son un verdadero desmadre y ahora que estuvo mi hija ahí le dije: ´tienes que leer este libro’, un libro que quería que leyera y nunca lo encontré, con eso te explico cómo están mis libros y están tirados por toda mi casa. Me gusta mucho leer y el acto, leer es muy consustancial para mí, siempre fue desde niño que leía mi madre», siguió profundizando. En ese momento vino otra anécdota con José Agustín. Recordó: «Mi mamá tenía su primer libro que se llama La Tumba y ella, no sé por qué lo compró y bueno, a ella le interesaba también muchísimo la literatura y entonces yo lo leí cuanto tenía como diez años y dije ‘órale qué cabrón está es libro».

Las preguntas siguieron, las respuestas de José Manuel Aguilera fueron realmente inteligentes y razonadas, diría que incluso irónicas de ser necesario, las cuales hacían que los que preguntáramos nos interperlaramos con ellas. Dijo que se debiera defender a la canción como un género literario y entre los asistentes precisamente estaba Choluis integrante de la banda de rock urbano Trolebus, banda chinlanga que nació por allá de 1985. Él traía en su mochila un par de ejemplares de su libro: Trolebus, en sentido contrario, uno donde la docena de sus canciones que ahora dan origen a nuevas historias, son cuentos que remiten a esa Ciudad de México y sus barrios en los que el músico pasó su juventud, porque ahora vive en España, lugar donde ha de volver el próximo 20 de diciembre.
Son las ocho de la noche, la presentación ha terminado, se oye una voz un tanto corajuda que dice: «Este micrófono sí tiene galleta», es de nuevo Paco Igacio Taibo II, quien estuvo en el mismo escenario donde minutos antes hablanda José Manuel Aguilera. Van a firmar un convenio de coediciones entre México-Portugal, por lo que lo acompañó al director del Fondo de Culutura Económica, el embajador de Portugal en México, Manuel Carvalho. «Ya vámonos de aquí que empieza a oler mierda», dijo alguien del público que va detrás de José Manuel Aguilera para la firma de discos.
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