CINISMO / FILMOTECA THE SMILE ON THE DOG
¿Acaso ésta es una película navideña?
Por Fernando Ramírez Ruiz

Duro de Matar (EUA, 1988), la cual fue dirigida por John McTiernan, con guion de Jed Stuart y Steven E. de Souza, basado en la novela Nothing Lasts Forever de Roderick Thorp, no una película navideña, pues la Navidad no es algo central a la trama, es sólo algo que se usa principalmente para darle a John McClane más «corazón», como dice el famoso director Joel Schumacher. Es decir, para enfatizar su relación con su esposa y su familia y en general lo de la Navidad le da personalidad a la película, es un diferenciador, pero Duro de Matar ni siquiera se estrenó en temporada navideña sino en verano, como típicamente sucede con el cine de acción.
Esta película es una «heist movie», del género de los atracos pues. Es un guion que se pone de ejemplo de gran guion. A pesar de que se empezó a filmar cuando apenas tenía treinta y cuatro cuartillas. Dejaba un margen de flexibilidad, con los diálogos por ejemplo, que se escribían cada día antes de filmar, pero por otro lado los guionistas fueron a conocer la locación, aún en construcción, mientras escribían. Tiene puntos de gran sofisticación, como que el último candado de la bóveda con los bonos que Gruber y su banda quieren robar sólo se puede desconectar desde afuera, pero Gruber sabe que el protocolo a seguir en caso de ataques terroristas empieza con cortar la luz desde afuera y entonces ese candado lo va a desconectar el FBI.
Y la buena factura va desde ese guion hasta las actuaciones. Cada mirada dice algo y aporta a contar la historia. Eso sí, la película ensalza a los policías y a las armas a más no poder. El compañero de vuelo de McClane queda atónito, por decir lo menos, al ver su pistola, pero los policías a nivel de calle tipo McClane o el sargento Powell son buenos, ya el de arriba, el subcomisionado de policía es malo y pendejo, aunque nada comparado con los jefes de aquellos, los del FBI, esos sí son unos brutos descerebrados. Como el alto ejecutivo Ellis, otro wey mamón y pendejo.
Esta película es una «heist movie», del género de los atracos pues. Es un guion que se pone de ejemplo de gran guion. A pesar de que se empezó a filmar cuando apenas tenía treinta y cuatro cuartillas. Dejaba un margen de flexibilidad, con los diálogos por ejemplo, que se escribían cada día antes de filmar, pero por otro lado los guionistas fueron a conocer la locación, aún en construcción, mientras escribían.
Los malos por supuesto son extranjeros y odian a América. En eso la historia no se aparta de las reglas no escritas y en cuanto al villano, sólo podía haber villanos así en los ochentas: De traje y corbata, perfectamente peinado y rasurado sin un sólo pelo fuera de lugar. Lee Forbes, sabe de bonos y tiene una educación clásica según dice él mismo. Ellis, el encargado de negocios internacionales de la corporación Nakatomi lo reconoce como a un hombre de negocios como él, como a su par.
Y claro que pueden haber muchos truanes así, hijos de su neoliberal mamá. Pero la gente ya no cree que esas personas sean tan inteligentes. Pueden ser malos, pero listos no tanto. Entonces hay un toque populista, en el sentido de que el poli y el patrullero negro devorador de twinkies pueden más que el malvado con trajes hechos a la medida en Londres, el FBI, el subcomisionado de policía y hasta el conductor de televisión.
En cuanto al conflicto de los McClane, parece falso. Ellos dos se aman, no están divorciados. Luego entonces no hay una explicación de por qué ella lo manda a dormir al cuarto de huéspedes o por qué regresó al apellido de soltera. Sólo sabemos que los separó una compañía extranjera y de los japoneses; que primero atacaron Pearl Harbour y ahora le quitan la esposa a McClane. Sin embargo, él la rescata al final y se la lleva en limousine, dejando atrás la torre Nakatomi en llamas. ¡Tomen eso elitistas extranjeros!.
Y feliz Navidad.
C
*Nota originalmente publicada en el blog A smile on the dog.

Fernando Ramírez Ruiz estudió en la prepa de La Salle, de la Ciudad de México, al lado del hijo del presidente Miguel de la Madrid y en la secu Nuevo Continente se enamoró de Lucerito, tiempo después cruzó miradas y le dijo quiúbole a Yordi Rosado en la Universidad Intercontinental, de la que desertó de la carrera en Ciencias de la Comunicación. Ha conocido a Diego Luna, fue Stand in de Sasha Sokol y el Chivo Lubezki en una película. Está escribiendo el libro de memorias: «Quiúbole con mis encuentros con los famosos» y es director de la Filmoteca A smile on the dog.






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