CINISMO / ENTREVISTA
«La escritura y la lectura, como fuentes de sanación, de consuelo, compañía y alivio»
Por Zeth Arellano
Irene Reyes – Noguerol me atrapó con su prosa poética y ese flujo constante de conciencia que logra plasmar en sus textos. Es una escritora muy joven (nació en Sevilla, en 1997), pero con un talento que ya está dando mucho de qué hablar, incluso fue reconocida por la revista Granta en 2021.
Entrevistarla durante la Feria Internacional del Libro de Guadalajara fue una maravilla, porque pude preguntarle sobre este universo depositado y compartido en Alcaravea (Páginas de Espuma, 2024).

-En Alcaravea siento una voz que abraza, que cura desde la palabra. ¿Cómo encontraste esa cadencia que funciona casi como un remedio, como si el propio libro respirara sobre quién lo lee?
-La inspiración en un principio eran las nanas, las canciones de cuna, que además tiene mucha relación con el título del libro, ya que alcaravea es una palabra que yo conocí precisamente a través de una nana que le cantaba a mi madre, a mi madre mi abuela, a mi abuela la bisabuela, que es el último personaje del cuento que cierra el libro y creo que precisamente ese era el objetivo, ¿no?
¿Qué persiguen las canciones de cuna? aliviar el dolor, el miedo, los terrores nocturnos que pueden tener los niños y de alguna manera consolarlos precisamente a través de la música y al mismo tiempo de la palabra oral. Para mí la oralidad tiene una una importancia absoluta y me gusta mucho defenderla, no únicamente centrarme en la palabra escrita y en la literatura, entendida de manera más canónica, sino que creo que también hay que recuperar y reivindicar todo ese acervo cultural, ese tesoro que nos llega gracias a lo que tantas generaciones han ido transmitiendo oralmente a lo largo de los siglos.
Esa era una de las inspiraciones fundamentales del libro y quería que el tono que apareciera en todos los relatos estuviera muy relacionado también con ello.
-Y hablando de las nanas como parte primordial del libro ¿Piensas en tu escritura como una forma de medicina o como un espacio para nombrar lo que sana y también lo que necesita ser sanado?
-Es una idea muy interesante porque justamente uno de los valores de la alcaravea es ese, la sanación, quizá también funciona para aliviar aquello que está roto o que está herido. Siempre he pensado, tanto en la escritura y en la lectura, como fuentes de sanación, de consuelo, de compañía, de alivio.
Como lectora en todos los momentos de mi vida me he sentido increíblemente acompañada por la literatura, incluso en algunas ocasiones en las que notaba algún sentimiento de incomprensión por el resto del mundo, sobre todo en la adolescencia, esta etapa tan compleja en la que uno está formándose como persona y en la que va madurando el carácter y la personalidad. La literatura siempre fue una grandísima amiga, tengo una relación muy familiar e íntima con el quehacer literario y creo que eso también se refleja en lo que uno escribe.
En la literatura entendida como fuente de sanación y también de comprensión de distintos personajes con sus situaciones particulares, duras en la mayoría de los casos de este libro, pero que siempre encuentran, ya sea en el afecto de los demás o en la expresión artística, en la literatura, en la música, en la belleza, una manera de no dejarse caer por completo en el pozo del dolor, sino de mantenerse en una zona más difusa, donde tienen cabida sentimientos más ambivalentes como la melancolía o la nostalgia.
-¿Crees que la niñez es parte de un territorio sagrado? O sea, los niños en tus cuentos tienen una presencia muy poderosa, como si estuvieran conectados a una sabiduría también anterior al lenguaje. ¿Qué representa la niñez en tu imaginario literario?
-Es cierto que aparece en numerosas ocasiones la niñez en mis escritos, porque para mí la infancia es un terreno muy interesante a nivel literario, creo que muy fértil también. Normalmente imaginamos al niño como una criatura muy vinculada a todo lo que sería el ámbito de la pureza, pero también de los sentimientos positivos, de la dulzura, de la ternura, de la ingenuidad, del juego, es decir, lo tomamos casi como si no fueran por completo seres humanos, sino algo que se encuentra en un estadio previo a ello.
Y sin embargo, para mí, el niño es interesante precisamente porque no pertenece solo a la zona de la simplicidad, sino que tiene muchas más aristas, más vértices, más perspectivas desde las que podemos mirarlos y la niñez, en realidad, es una zona que me atrae a este nivel artístico, porque creo que es muy curioso comprobar cuáles son los puntos de contacto que empieza a tener el niño con el mundo de los adultos.
Es decir, pasamos de esta etapa más idealizada a encontrarnos de frente con situaciones de tristeza, de dolor, de desarraigo y creo que es muy interesante cómo actúa la mente del niño, cómo puede intuir algo que está pasando a su alrededor, pero no tiene conciencia plena o no tiene las herramientas necesarias para comprenderlo en todos los niveles. Por eso aparecen tantos niños en mis cuentos y siempre están muy vinculados con este momento de enfrentamiento brutal con ese mundo adulto que les viene como si fuera un rayo y los rompe.
La inspiración en un principio eran las nanas, las canciones de cuna, que además tiene mucha relación con el título del libro, ya que alcaravea es una palabra que yo conocí precisamente a través de una nana que me cantaba mi madre, a mi madre mi abuela, a mi abuela la bisabuela, que es el último personaje del cuento que cierra el libro y creo que precisamente ese era el objetivo, ¿no?

-Y hablando del mundo adulto, en este libro específicamente está también el silencio de las mujeres. En Alcaravea (Páginas de Espuma) hay silencios femeninos que no son vacíos, sino espacios de gestación para otras cosas. ¿De qué manera te relacionas tú con el silencio como una herramienta narrativa?
-Creo que la literatura, igual que el resto de las artes, no se compone únicamente de aquello que creamos o de aquello que decimos, sino también de aquello que dejamos sin decir.
Es el espacio de la sugerencia, de lo que podemos intuir, igual que puede intuir un niño, pero no conocemos a ciencia cierta o no podemos tener certezas absolutas sobre el tema del que estamos tratando y para eso el silencio es una herramienta fundamental.
Tanto en el caso de los niños como en el caso de los personajes femeninos que ahí aparecen, porque además la mayoría de ellos no son personajes actuales, sino que corresponden a otros momentos históricos, tampoco muy alejados en la mayoría de los casos, pero sí que podemos hablar de siglo XX, siglo XIX, en algunas de las situaciones. Y claro, tomo un momento histórico donde el silencio sobre las mujeres es especialmente pesado y el desarrollo de los personajes femeninos tiene que tomar otras vías, otras ramas para poder alcanzar lo que sería la completud, tanto a nivel humano como a nivel literario.
Pienso en personajes que aparecen en este libro que están marcados por el abuso, puede ser explotación laboral, infantil, explotación sexual, también hay muchos personajes vinculados con el tema de la enfermedad mental, tanto personajes niños, como mujeres ya adultas que transitan estos espacios de dolor, de incomprensión ajena, de ambivalencia y creo que ahí el silencio tiene una una importancia más evidente, porque en estas situaciones particularmente complejas no todo puede, ni debe ser dicho. Creo que está bien que haya elementos de una narración que permanezcan ocultos.
-Ya nos hablaste de varias cosas que están en este universo que has creado, pero ¿Qué te gustaría que el lector reciba o despierte al caminar por todos estos relatos? ¿Qué es lo que te gustaría que quedara en el lector?
-Pues me gustaría que quedara la sensación de estar recibiendo historias de personajes que, independientemente de su clase social, de si han sido conocidos históricamente o sean anónimos, todos ellos tienen una humanidad absoluta, es decir, quería que con este libro estuviera clara o fuera más evidente la equiparación emocional que siento que hay entre los distintos tipos de personajes, tanto los del primer bloque, personajes ilustres a nivel histórico artístico como con los del segundo bloque, que son personajes que corresponden a mi universo más íntimo, familiar, porque son historias de antepasados a los que ni siquiera he llegado a conocer, pero creo que todos ellos tienen en común esos momentos de vulnerabilidad, de fragilidad, de inflexión vital y emocional.
Eso es lo que nos define realmente y lo que nos equipara. Independientemente de a dónde pertenezcamos, todos tenemos en común esa raíz que está muy vinculada con la entraña y con la psicología más emocional, con la sensibilidad.
C

Zeth Arellano es maestra en Cultura Escrita por el Centro de Estudios y Posgrados Sor Juana, narradora mexicalense dedicada al relato breve. Obtuvo el primer lugar en narrativa del VIII Certamen Literario Ricardo León, en España y ha participado en diversas antologías como la edición Lados B 2018 (Nitro/Press), en la de relato corto Vacunas contra la poesía (Editorial La Rumorosa) y en Ni una sola palabra (UANL). Cuenta con participaciones en revistas digitales como ERRR Magazine, Penumbria, El Septentrion, Mood Magazine, Erizo Media, Pez Banana, Cinosargo y Lado Berlín Magazine, entre otras. Actualmente participa con un espacio literario en radio en el 101.9 FM La Buena Onda y escribe sobre libros para Maremoto Maristain. Es autora del libro Ruinas líquidas (UANL, 2025).






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