DANDYS Y CÍNICOS
En un telúrico 2026
Por José Antonio Monterrosas Figueiras

Los inicios de año, ya sabemos, están repletos de buenos deseos. Los que suelen estar disfrazados de deprimidos en Navidad, se dan una nueva oportunidad para sonreír el fin de año y los felices vibran todavía más alto que la Noche Buena. Otros más, tan solo nos damos por bien servidos con pasarla bien, así, a secas, evitando estar inmiscuidos en dramas bobos.
Por eso, en esta ocasión viajé a la Ciudad de México para vivir este cambio de año en casa de mi querida y conspicua Lucirene Castellanos, quien me invitó a pasarla juntos y recordar a nuestra amiga Mónica Maristain, quien falleció, afirman algunos, el viernes, 12 de diciembre de 2025, rescostada en su cama producto de un infarto. Fue entonces que Cargué en mi mochila un tequila 30-30 desde Guadalajara y me subí al camión para pasar las últimas horas del 2025 en ese lugar que me vio nacer hace 47 años. Tanto Lucirene como yo, vivimos muy de cerca con Mónica, la que sería su última Feria Internacional del Libro de Guadalajara que tanto le entusiasmaba asisitir.

A las 5:30 de la mañana del 31 de diciembre, llegué al hotel Casa Blanca que se encuentra al lado del Monumento a la Revolución y a las 7:00 ya estaba desayunando en un Toks de avenida Reforma con mi amigo, el periodista y editor, Fabián de la Cruz Polanco, quien también conoció a Mónica desde los tiempos en que fue parte de su equipo de trabajo en la revista Playboy a inicios de este siglo.
La mañana fría me motivó a caminar rumbo al centro para agarrar un poco de calor, fue ahí que además de ver al Grinch cilindrero tocar villancicos navideños, me encontré, sin planearlo, al fotógrafo Víctor Gahbler, a quien no veía desde hace, exactamente, un año, pues pasamos juntos el último día del 2024, porque él venía viajando desde Tijuana en su moto hacia esta misma ciudad y prefirió hacer una pausa en Guadalajara para descansar y luego continuar su viaje el 1 de enero de 2025. Tuvieron que pasar 365 días para ver a Victor y acompañarlo a él y a una amiga que no veía hace tiempo a desayunar en un hermoso restorán que se encuentra en la calle de Isabel la Católica, con el nombre de Azul histórico. Como yo ya me había almorzado, pedí un agua mineral que traía en la botella una canción otomí muy adecuada para el momento: «El río pasa y no cesa. El viento pasa y no cesa. La vida pasa y nunca regresa».

Más tarde, llegué con Lucirene a su departamento, no sin antes saludar sorpresivamente a otra amiga periodista que pasaba por ahí, Sandra Lucario. Ella iba rumbo a su casa en la colonia Doctores y apunto de entrar al edificio apareció con esa sonrisa amplia que le caracteriza.
En las pocas horas que quedaban para se terminara este 2025, Lucirene y yo, fuimos a buscar algún lugar donde comer. Lo que encontramos abierto a las seis de la tarde en la colonia Roma, fue un restorán argentino con música cubana, que sirvió para brindar por esa mujer argentina que vivió 25 años en este país taquero, al cual adoró, pero que nunca se nacionalizó mexicana, aunque ella me dijo andaba queriendo hacer ese trámite, a propósito de que el 14 de febrero de este 2025, le robaron sus documentos, sus remedios y su celular en el Hotel RIU de Guadalajara, cuando iba, junto con Lucirene, a la apertura de la primera clínica privada en esa ciudad para la interrupción del embarazo. Ese momento fue muy duro para Mónica, porque de vuelta a la Ciudad de México, vivió en carne propia el camino al infierno burocrático mexicano que fue recuperar todas sus identificaciones, entre tarjetas bancarias y las credenciales oficiales de su país de origen, Argentina, además de conseguir un nuevo celular y sus medicinas.

Al rato junto con Angélica, la hermana de Lucirene, ya andábamos caminando rumbo al Ángel de la Independencia donde bailamos el set de DJ Arca, de Venezuela, y MGMT, de Estados Unidos. Nos perdimos al francés Kavinsky, que terminó de tocar minutos antes de las doce de la noche, logramos oir a lo lejos su conocida canción Nightcall, la misma que varios pudimos escuchar en la ceremonia de clausura de los Juegos Olímpicos de París, en agosto de 2024.
El 1 de enero fue un día muy corto tras la desvelada de inicio de 2026, pero disfrutamos, Lucirene, Angélica y yo, de unas pizzas en un restorán de la colonia Juárez llamado Cancino. Luego caminamos por las calles de la colonia Roma, donde ahora mucha gente habla inglés y hacen largas colas para comerse unas quesadillas de comal, nos encontrarnos con algunos amigos en el camino y terminamos bebiendo tequila 30-30 hasta la madrugada del 2 de enero que minutos antes de las 8 de la mañana la alerta sísmica nos despertó con un temblor magnitud 6.5 grados, a 4 km de San Marcos, Guerrero, el cual llegaría a la Ciudad de México en 30 segundas, esto según la alerta sísmica de mi celular, por lo que teníamos que bajar cuatro pisos sin pausar, pero resulta que una señora que se transformó en caracol en la escalera de caracol, impidió que pudieramos llegar a tiempo a la calle.
La señora caracol se puso en toda la escalera, y los que estaban atrás de ella lloraban hechos bola. Lucirene y yo, que según ella todos los humanos tenemos características de un animal, yo, por ejemplo, soy un topo y ella una sariguella, sólo nos miramos como pensando que no teníamos de otra más que suplicar que el edificio no se desplomara, y yo con suerte, siendo hombre topo, tal vez corría con suerte de salir vivo bajo los escombros.

La señora caracol se puso en toda la escalera, y los que estaban atrás de ella lloraban hechos bola. Lucirene y yo, que según ella todos los humanos tenemos características de un animal, yo, por ejemplo, soy un topo y ella una zarigüeya, sólo nos miramos como pensando que no teníamos de otra más que suplicar que el edificio no se desplomara, y yo con suerte, siendo hombre topo, tal vez podía salir vivo bajo los escombros.
Por fortuna, logramos estar a salvo y volver al departamento. Yo entre que no podía comprar mi boleto de regreso por Internet y pensando que esto se debía algún bloqueo de mi tarjeta bancaria, aunque todo podía ser resultado del sismo, regresé a las calles para poder resolver y viajar la noche de ese tembloroso día de viernes, el primero del año 2026, de vuelta a Guadalajara.

Después de ver esos pendientes, me fui a trabajar al Café Péndulo de la colonia Roma donde vi a la próxima aprendiz de escritora Emma González, quien está en la recta final de su primer libro que tallereó durante el 2025 con Mónica Maristain y el cual está por cerrar tristemente sin ella. La muerte de Mónica también cimbró a Emma. La recordamos, sobre todo con una playera que me presumió Emma que decía: «Llegué tarde porque no quería venir», aunque llegó a la hora que tenía que llegar, es decir, a la hora que se le dio la gana, recordando lo que Mónica siempre me criticaba: «¿Por qué llegas tarde a todos lados, José Antonio?»
Así que el sismo había quedado atrás y el día continuó con normalidad, regresé a casa de Lucirene para ir en la búsqueda de un restorán japonés en la Zona Rosa, que habíamos visto el día anterior, y dos horas antes de que mi camión saliera del hotel Lisboa, en la colonia Doctores, Lucirene me llevó a un hotel del tiempo de Porfirio Díaz, Geneve se llama, que es un espacio con muchos muebles de madera y teléfonos antiguos, que en uno de ellos se oye la voz del dictador agradeciendo a Tomás Alva Edison por un fonógrafo que le regaló el inventor en 1909. Ahí mismo está el Phone Bar, al que nos metimos a escuchar a un cantante de nombre David Beja, quien interpretó algunos éxitos de Neil Diamond, Elton John, Cat Stevens, Rolling Stone y Billy Joel. Pianoman fue la ultima canción que oímos antes de partir a mi camión.

A las once de la noche yo ya estaba de regreso a Guadalajara y las 7 de la mañana, del sábado, 3 de enero, caminaba rumbo a casa ya estaba enterado de la telúrica noticia de que Estados Unidos había capturado al dictadorsuelo venezolano Nicolás Maduro, en Caracas.
Este primer sábado del año, los medios hicieron programas especiales sobre esta bomba informativa. El 2026 comenzó inesperadamente muy movido. Me alegra saber que Maduro lo hayan derrocado del poder, porque a todas luces perdió la elección del 28 de julio de 2025 frente a Edmundo González, y se impuso como presidente de Venezuela, además de ser un torturadror y asesino.

La discusión en redes estuvo candente ese fin de semana, varios de mis amigos están muy enojados porque el presidente anaranjado Donald Trump decidió unilateralmente ir por Maduro, para enjuiciarlo ante la corte norteamericana por narcoterrorista. Y no es que esté bien el intervencionismo estadounidense, pero ese hombre que lleva trece años en el poder en Venezuela pidió a gritos e incluso cantando en un inglés muy rudimentario, que Trump fuera por él y éste sencillamente le cumplió su deseo de año nuevo.
Maduro, que es un impresentable, no podía terminar de otra forma, con un populista igualito a él, pero con bisoñé rubio, tomándolo del pescuezo. Pero no seamos ingenuos, aquí se juntaron el hambre con las ganas de comer ¡Qué viva Venezuela libre! Al menos libre de Nicolás Maduro, porque esto apenas está comenzando. ¡Y feliz 2026! ¡A cantar se ha dicho, tío Nico!
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José Antonio Monterrosas Figueiras es periodista cultural y cronista de cine. Es editor cínico en Los Cínicos. Ha colaborado en diversas revistas de crítica y periodismo cultural. Conduce el programa Cinismo en vivo.






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