CINISMO / TÓNICA REPLICANTE

Por: Alberto Zúñiga Rodríguez

“A Chucho Barragán, mi carnalote que los trajo a Morelia y a mi vida”

Sussie 4

El 1 de enero suele ser un desierto de silencios, una tregua necesaria tras el estruendo, un oasis de paz posterior al frenesí. Y en espacio árido recuerdo las tardes-noches de los días uno del año en diferentes etapas de mi vida, después del obligado y delicioso recalentado familiar moreliano, con mi padre en la sala de casa escuchando música, leyendo, revisitando algunas cintas de distintas épocas y charlando de todo y nada a la vez.

Compartiendo esa extraña calma que difícilmente se compara a otro día del calendario, ahora ese arranque de año me recuerda –una vez más y lo hará hasta que yo falte– que él ya no está y que en el próximo 1 del mes cumplirá 5 años sin transitar por esta dimensión. Además de esta indómita nostalgia, el inicio de 2026 me trajo un asalto inesperado, un hecho fenomenológico que no supe —o no quise— evitar.

Al finalizar una lista de reproducción, emergió al azar «Tócame otra vez» del Red Album de los tapatíos electrónicos Sussie 4. Fue un accidente rítmico, una colisión con un pasado que creía archivado en el presente barcelonés por el que pasan mis días. Escuchar ese track, el número 13 en el orden de mi memoria (y del CD original), totalmente impactado, conteniendo la respiración y quieto como un animal que teme por su vida, fue como abrir una puerta que estuvo cerrada por dos décadas, literalmente. Fue como ver un fantasma desde su representación popular de holograma y sentir una fascinación inefable.

Hay piezas que se quedan a vivir con nosotros y otras que, por razones que la razón no entiende, dejamos de escuchar. Es un fenómeno extraño: tracks que fueron columna vertebral de una época y que, de pronto, pasan 20 años sin pasar por nuestros oídos. Pero el reencuentro con la obra de Sussie 4 no fue un ejercicio de nostalgia barata, sino una confirmación de su vigencia tectónica.

Hay piezas que se quedan a vivir con nosotros y otras que, por razones que la razón no entiende, dejamos de escuchar. Es un fenómeno extraño: tracks que fueron columna vertebral de una época y que, de pronto, pasan 20 años sin pasar por nuestros oídos. Pero el reencuentro con la obra de Sussie 4 no fue un ejercicio de nostalgia barata, sino una confirmación de su vigencia tectónica.

Mientras «Tócame otra vez» me obligaba a replantear mi presente y me seguía preguntando obstinado ¿en qué momento no volví a reproducir esta canción que puse ad infinitum en el otoño-invierno de 2006 y me gustaba tanto? Encendí una vez más mi querido y viejo aliado que aún sobrevive en mi escritorio: un iPod Classic 5G de 80GB. Ese monolito digital, que se resiste a morir frente a la tiranía del streaming y nuevas tecnologías, y que ha custodiado fiel y ferozmente piezas como «Remote Control» y las dos partes de «Gira Trágica y amistosa».

Esas canciones nunca se fueron, han sido mis compañeras de viaje, grabadas en ese disco duro que gira con la misma cadencia que mi propia historia y que, por una razón concreta (son una joya), siguen estando en la ecléctica lista de reproducción denominada: De harina. Claro, en ese reproductor digital blanco de la manzana.

La arquitectura vocal y rítmica del Red Album (2006-2026)

Cuando César Gudiño y Odín Parada lanzaron el Red Album, su segunda producción como Sussie 4 bajo el sello Emi Music en septiembre de 2006, Guadalajara no sólo exportaba música; le daba al mundo una sofisticación que nos hacía sentir que el futuro era un lounge alfombrado en carmesí.

Si su primogénito Música Moderna (Nopal Beat Records, 2002) fue el descubrimiento, este álbum fue la consolidación de una estética que llamamos mexicanamente Acid Cabaret, pero que en realidad era House de alta costura, en la que Sussie 4 no estaba sola como banda, había un colectivo que pulía también el género (Jorge Hm, Shock Bukara, Fase y más).

Música Moderna (Nopal Beat Records, 2002)

Para entender a Sussie 4 hay que comprender que el Acid Cabaret no es un experimento, como algunos lo llegaron a etiquetar y simplificar, es esa visión orgánica donde la latinidad encuentra su lenguaje en los sintetizadores. Un género musical auténtico que se nutre de la mística de los viejos salones de baile y del color de la sensualidad de la noche mexicana, envolviendo esa herencia en un compás electrónico inconfundible mezclado con cha cha chá, mambo y cumbia. Aquí, el ritmo y la imagen convergen en una coherencia total; un concepto donde cada detalle visual es un reflejo del pulso y la cadencia que emana de las máquinas, loops y de esos espacios nostálgicos de sudor y baile.

En el Red Album la curaduría de voces fue, y sigue siendo, magistral. El cinismo lírico del mítico líder de los chilenos Los Prisioneros, Jorge González en «Kind of Wrong», la psicodelia pacheca -nada contenida- del frontman de Zoé, León Larregui en «Remote Control», y esa voz de casa, Valentina González, cuya interpretación en «Stars» es un hilo de seda que atraviesa un beat impecable.  Ni qué decir de Elisa Valenzuela en «Can U Feel Me?» con una potencia imperecedera. Quizá mi preferida, por su peculiaridad tonal, se la lleva el argento Ale Sergi de Miranda en «Gira trágica y amistosa», parte 2.

Desde la voz también Odín Parada hace lo suyo con ese beat nostálgico que provocó este texto y cuya letra dice:

Estás
Cuando la luna se va a su atmósfera
Aterrizar
Y aún quiero alcanzarte
Sin poderlo hacer
La luna va a alcanzarme esta vez
Y tú vas a ayudarme prometiéndome
Que no podre alcanzarte otra vez
Flotando, directo a volar y para en tu órbita
Soñando vas a encontrar lo que esperas en el alma
Encontrarás tu estrella sin mirar
Irás a un planeta lejano, eterno, sin miedos
Y ahí podrás tocarme otra vez
«Tócame otra vez»

La carpintería del sonido: Fierros y sudor

Sussie 4 no es producto de un algoritmo ni de promts (¡qué lejos estabas IA!), sino del sudor, el talento y la creatividad frente a las máquinas

Para los que nos apasiona la «carpintería» sonora, los fierros digitales, este disco es un festín analógico-digital. El sonido de Sussie 4 no es producto de un algoritmo ni de promts (¡qué lejos estabas IA!), sino del sudor, el talento y la creatividad frente a las máquinas.

Los pads espaciales que nos envuelven provienen del Roland JP-8000, mientras que las texturas ácidas nacieron del Korg MS-2000. La rítmica tiene ese «swing» humano gracias a la Akai MPC 2000XL, donde se secuenciaron los beats que Picho Torres y Odín fundieron con la tecnología.

La mezcla de Sacha Triujeque terminó por darle ese «punch» internacional, logrando que el disco suene hoy, en 2026, con una robustez que muchos lanzamientos actuales envidiarían.

Un viaje fílmico desde lo sonoro

Volver a escuchar este disco rojo completo, a 20 años de distancia, me recuerda y reafirma que sus acordes son un recorrido especialmente cinematográfico y que nos transporta a las vísceras de diferentes géneros y épocas.

Desde la intro atmosférica de «Feedin’ Back Surreal People» hasta el funk futurista de «Play My Game», pasamos por la melancolía urbanita y resacosa de «7 A.M.» o la aguda (y de agudeza contemplativa) «Alas de Pastilla». No dejo de sentirme en una cinta de enmascarados del pancracio con «Mmm… U Go!» o acompañando a correr a la berlinesa Lola (Lola rennt, 1998) con «Shakin´Eyes».

Pero son «Remote Control» y «Gira Trágica y amistosa» (Pt. 1 y 2) las que han resistido el paso del tiempo en mi iPod 5G. La primera, una hipnosis colectiva que definió el sexy-electro-rock de mediados de los 2000 y un ritmo generacional para muchos; las segundas, piezas instrumentales que demuestran que Sussie 4 es, ante todo, una banda de músicos virtuosos capaces de crear paisajes sonoros sin necesidad de palabras o con ellas.

Conclusión: El rojo no se oxida

A 20 años de distancia, este álbum nos recuerda que la electrónica mexicana pudo ser elegante sin dejar de ser bailable. El accidente fenomenológico de este 1 de enero me recordó que hay música que se guarda, pero hay otra que se queda adherida a la piel.

En un mundo de clips de 15 segundos y música desechable, volver al Red Album es volver a la creencia de que un disco puede ser una obra total. César y Odín nos regalaron un control remoto que, dos décadas después, sigue manipulando nuestras emociones con la misma precisión que el primer día en el que le pusimos play. El rojo no es solo un color; es la temperatura de una memoria que sigue ardiendo.

Montar el sol, rodar el tiempo
Siempre en el amanecer
Tu labio se convierte en humo
Que se enreda con mis venas

Quisiste usarme a la distancia
Quisiste usarme con remote control
No me deslumbran más tus luces
Un átomo me sorprendió haciendo el amor

Miente bien, no me puedes lastimar
Se que aún me amas de lejos
Suéltame y déjame volar
A través del universo

Remote control, remote
Remote control, remote

Miente bien, no me puedes lastimar
Se que aún me amas de lejos

Miente bien, no me puedes lastimar
Se que aún me amas de lejos
Suéltame y déjame volar
A través del humo denso

Miente bien, no me puedes lastimar
Se que aún me amas de lejos
Suéltame y déjame volar
A través del universo

«Remote Control»

Alberto Zúñiga Rodríguez desde el exilio voluntario del iPod Classic, esperando que tengan un 2026 memorable, como este álbum rojo.

Alberto Zúñiga Rodríguez es cineasta y un obrero fílmico nacido en el rancho de las balas perdidas -fílmicas- Morelia, Michoacán. Ha dirigido los largometrajes Rupestre (2014), En la periferia (2016) y Emiliana Gat-alana (2023). Vive en Barcelona desde el 2022 donde conduce y produce el cinepódcast Tónica Replicante.


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