CINISMO / DIEZ AÑOS SIN DAVID BOWIE
Réquiem cinematográfico
Por Roberto Coria

Llevaba 47 minutos frente al teclado reuniendo fuerza para escribir. A esas alturas la noticia era conocida alrededor del mundo. David Robert Jones, mejor conocido por todos como David Bowie, fallecía apaciblemente en su hogar neoyorkino, rodeado de sus seres amados la madrugada del domingo 10 de enero de 2016. Acababa de cumplir 69 años. Libró una valiente batalla de 18 meses contra el terrible cáncer de hígado, cosa que mantuvo en la mayor discreción hasta su deceso. La noticia me cayó como un balde de agua helada, como a más de uno de ustedes.
Hablar de su trascendencia como ícono de la moda, símbolo de la cultura popular contemporánea, lector voraz, y sus facetas como artista (músico, actor –de cine, televisión y teatro- y fotógrafo) sería algo larguísimo. El Museo Victoria y Alberto de Londres le dedicó, entre marzo y agosto de 2013, la exposición «David Bowie is». En ella se exhibieron 300 piezas que incluían manuscritos, diseños, vestuario, fotografías, videos e instrumentos de su pertenencia.
Escuchaba su música mientras escribía estas líneas e irónicamente no están dedicadas a su inmenso legado discográfico, integrado por canciones que me han acompañado –como a miles de personas- desde mi juventud, sino de sus roces con el séptimo arte. Y más concretamente con los géneros que nos interesan: el horror, la fantasía y la ciencia ficción.
Si lo vemos en perspectiva esto era algo inevitable. Llevó con eficacia su figura a prácticamente todos los medios de comunicación, gracias su presencia y magnetismo. Su romance y afinidad con nuestros temas, más bien moderado, fue visible desde su primera incursión cinematográfica, «El hombre que cayó a la tierra», cinta –considerada hoy de culto- de 1976 dirigida por Nicolas Roeg. A partir de un guión de Paul Mayersberg, basado en la novela homónima de Walter Tevis, narraba la historia del alienígeno Thomas Jerome Newton (Bowie) y su búsqueda por llevar agua hasta su moribundo planeta natal, misión obstruida por los vicios y las mezquindades humanas.
Llevó con eficacia su figura a prácticamente todos los medios de comunicación, gracias su presencia y magnetismo. Su romance y afinidad con nuestros temas, más bien moderado, fue visible desde su primera incursión cinematográfica, "El hombre que cayó a la tierra", cinta –considerada hoy de culto- de 1976 dirigida por Nicolas Roeg.
Su siguiente trabajo relevante fue la indispensable «El Ansia» («The Hunger», 1983), segundo largometraje del también finado Tony Scott basado en la novela del mismo nombre de Whitley Strieber. Ahí encarnó al vampiro John Blaylock, papel hecho a la medida. Sin la estética de Scott, la música de Bauhaus y las actuaciones de Bowie y su consorte Myriam (Catherine Deneuve), no podríamos explicar el éxito del recientemente concluido serial televisivo «American Horror Story: Hotel». En 1986 vino «Laberinto», película de Jim Henson, papá de Los Muppet. En ella Bowie, aprovechando sus facciones andróginas tan características, dio vida al villanesco Jareth, Rey de los Duendes.
Finalmente destaco su última y breve aparición en la pantalla grande a las órdenes de Christopher Nolan en «El gran truco» («The prestige», 2006), donde interpretó al genio serbio de la electricidad Nikola Tesla, figura arrancada de la realidad e inserta en el guión de los hemanos Nolan (Jonathan y Christopher) basado en la novela de Christopher Priest.

Mención aparte merecen su fugaz participación en «Twin Peaks: el fuego camina conmigo» (1992), del fallecido el 15 de enero del 2024, David Lynch, como el desaparecido agente federal Phillip Jeffries, o el haber prestado su voz en las películas animadas «Arthur y los Minimoys» (Luc Besson, 2006) y «La aventura en Atlántida de Bob Esponja» (Andrew Overtoom, 2007).
Para el anecdotario, el malvado científico de la extinta teleserie «Fringe» (2008-2013) interpretado por su paisano Jared Harris, ideado por J. J. Abrams y Jeff Pinker, llevaba su nombre real. Me cuesta trabajo ver esto como una coincidencia, así que lo veo como un homenaje más de los muchos que merece.
Suspiro al acercarme al final de esta columna. Las palabras son insuficientes para expresar cuánto extraño a David Bowie. Aun ahora se me forma un nudo en la garganta cuando lo escucho cantar a capella «Under pressure» al lado de Freddy Mercury, coautor del tema y su gran amigo. Para muchos esto puede parecer algo exagerado. Después de todo, se trata de alguien que nunca conocí físicamente, pero fue parte poderosa de mi educación sentimental. Saberlo en este planeta lo hacía un mejor lugar. Ahora regresó al suyo. Y nuestra vida continúa.
C

Roberto Coria (Ciudad de México, 1973), es investigador en literatura y cine de horror. Licenciado en Diseño Gráfico por la FAD-UNAM, donde se tituló con la tesis «Introspección a una Criatura de la Noche: un análisis psicológico, gráfico y comunicacional de Batman». Imparte desde 1998 cursos, talleres, ciclos de cine y conferencias en diversas casas académicas.
Coescribió las obras de teatro “Yo es otro (Sinceramente suyo, Henry Jekyll)” y “De niños y otros horrores” y es autor de “El hombre que fue Drácula” y «Renfield, el apóstol de Drácula». Fue co conductor del podcast «Testigos del Crimen» y es co conductor del programa de radio «Horroris causa».
Coordina, junto con el Dr. Vicente Quirarte, las Jornadas de Literatura de Horror de la FIL Minería. Fue coordinador del encuentro internacional de narrativa gráfica «Felices 80, Batman» y del «Coloquio Auguste Dupin de Literatura y Ciencias Forenses».
Es autor de «Escribir el crimen, una guía para dar verosimilitud a un relato policial», publicado por Nitro press y la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. La crónica «Hombre de arte que trabajó con policías» es su proyecto más reciente.
Fue Perito en Arte Forense de la Coordinación General de Investigación Forense y Servicios Periciales de la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México de 1995 a 2017.






Deja un comentario