CINISMO / FILMEWEB
Leopoldo supo ver, disfrutar y hablar de cine
Por Fabián de la Cruz Polanco

En las últimas semanas, tal vez como regalo de final e inicio de año, respectivamente; la vida se ha dado a la tarea de recordarnos que nada ni nadie somos eternos y que en cualquier momento podemos ser llamados para estar de modo eterno en ese sitio desconocido, pero tan tranquilo y apacible, como lo hemos sentido quienes hemos tenido la fortuna de conocerlo y ser devueltos por un tiempo más.
Esto viene a colación porque como sucedió el pasado 12 de diciembre -como lo supone la fecha semi oficial-, con la sorpresiva muerte de la periodista y amiga Mónica Maristain; el pasado 17 de enero nuestro querido columnista y amigo Leopoldo Villarello Cervantes falleció a consecuencia, también de un infarto, sucedido en la ciudad de Puebla de Los Ángeles, en el estado homónimo.
Leopoldo Villarello dejó de existir a los 71 años de edad, siendo su fecha de nacimiento el 15 de marzo de 1954 en la Ciudad de México. Fue licenciado en Economía por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM); y Licenciado en estudios cinematográficos por el Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC).
Durante su trayectoria como crítico y experto en cine, colaboró en diversos periódicos y revistas con diversos artículos. Su vasta experiencia viendo y estudiando cine lo llevó a ser maestro de cine en el Cinematógrafo del Chopo del Museo Universitario de El Chopo; y en la Facultad de Estudios Superiores (FES) Acatlán; además de ser jurado en diversos festivales de cine.
Para orgullo de nosotros, sus colaboraciones en Filmeweb se hicieron presente desde los primeros números de la revista, hace 20 años, caracterizándose por su buen estilo para escribir; y por su discreción al momento de opinar sobre los trabajos que aquí presentó.
Leopoldo nunca enjuició, ni mucho menos condenó. Se trató de un caballero y de un profesional que supo ver, disfrutar y hablar de cine.
Durante su trayectoria como crítico y experto en cine, colaboró en diversos periódicos y revistas con diversos artículos. Su vasta experiencia viendo y estudiando cine lo llevó a ser maestro de cine en el Cinematógrafo del Chopo del Museo Universitario de El Chopo; y en la Facultad de Estudios Superiores (FES) Acatlán; además de ser jurado en diversos festivales de cine.
El espejo retrovisor que Leopoldo Villarello tenía en Filmeweb servía para conocer el cine que no se había podido presenciar en la gran pantalla, debido a no contar con una gran campaña de exhibición y distribución, siendo en su mayoría de producción independiente.
Esto era de gran ayuda para que quiénes al leer la columna, tuvieran la curiosidad por conocer esos trabajos y poder extender su visión cinematográfica más allá de lo que sucede en la gran pantalla.
Todo eso de manera discreta y sin ninguna otra pretensión que compartir su gusto y pasión por el séptimo arte, la cual pudo disfrutar de manera presencial, hasta que sus posibilidades se lo permitieron, acudiendo a festivales y cine clubes.
Por desgracia, debido a su ausencia física, Leopoldo se suma la lista de amigos y colegas que han adelantado su paso; siendo recordado con cariño y respeto, siendo en verdad uno de esos expertos en su campo muy difíciles de encontrar y jamás igualar, siendo un caballero en toda la extensión de la palabra. Atento, cumplido y certero.
Su última colaboración en este proyecto fue entregada el jueves 15 de enero, dos días antes de su lamentable deceso; siendo una muestra de su cariño, profesionalismo y respeto hacia Filmeweb, que son iguales a los que en lo personal y a nombre de la revista, tendremos para él durante el tiempo que se nos permita continuar en este set cinematográfico, de la película llamada Vida.
Hasta siempre querido Leopoldo Villarello Cervantes. Descansa en paz y ya nos volveremos a encontrar. Abrazo fuerte querido amigo; y nuestros respetos a su viuda, hijos, familiares, amigos y colegas. Aquí abajo su última crítica.
Espejo retrovisor: El Concierto de Colonia 1975 de Keith Jarret

En la apertura de KÖLN ’75 (2025, escrita y dirigida por Ido Fulk) aparece Vera Brandes a sus 50 años de edad, encarnada por Susanne Wolf, quien durante el rodaje de la película había cumplido esa edad, para rememorar lo que en 1975 fue una aventura adolescente, algo estrambótica que le empujaría a materializar un evento único, irrepetible, el altamente celebrado Concierto de Colonia interpretado por el pianista estadounidense Keith Jarret, entonces conocida por adeptos al jazz por haber tocado en sus inicios con Art Blakey, John de Jhonette, y sobre todo por pertenecer a la Banda de Miles Davis en tiempos de Bitches Brew, uno de los álbumes seminal de Davis en los 70, de tener su propio trío en grado sustraída.
Niño prodigio, Jarret se desarrolló en un estilo personal, combinación de lo acrecentado entonces por jazzistas modernos, notorio cuando se aventaba sus improvisaciones en el escenario, y en sus “solos” grabados, y quien por mediados de los 1970 andaba en Europa, tocando donde le contrataban
Por KÖLN 75 se adivinan conexiones con Corre Lola, de Tom Tykwer, en la forma, el acelere de Vera Brandes (Mala Endes), lidiando con muros humanos y cotidianos para fraguar su cometido, arribar con exactitud a donde le aguardan, cumplir su misión autoimpuesta, salvarse: de paso, liberarse de sus progenitores, demostrar que podía desenvolverse en el mundo laboral, no sometida a los designios de su padre quien era redundaba ideas vetustas de tu abuelo fue médico, yo estudié medicina, tú también debes hacerlo. Es de los temas colindantes, el afán de gente adulta en no repetirse a sus mayores, cernir de lo apreciable, buscarse el porvenir, y en lances, atinarle.
El filme pinta cómo eran esos días para la juventud en las Alemanias separadas, sus gustos musicales, grupos que veneraban y coreaban, discos que compraban (Can en la banda sonora, entre otros), recintos donde se reunían, se injertaban, podían mezclarse con algunos con quienes comulgaban o conocer personas de otras edades. Experimentaban, copiaban, a su estrato, el Studio 55 neoyorquino.
Vera se embute con un promotor musical y sin ser esa idea su máximo ni ser mínima conocedora del Jazz, el tejido le impele a ponerla a prueba, a forjar el evento histórico, con el cual Keith Jarret (John Magaro, en un papel de vida) terminaría por invocar sus intensas cualidades, su locura con los teclados, el cenit que se prolongaría por decenios. Esto es un trabajo en/de graduación, ingresa al posible subgénero de cintas donde apropiarse de una exigua veredita, hacer su agosto, así no juegue de alusión financiera aquilatada, y el concierto acontezca en el otoño germano.
Por KÖLN 75 se adivinan conexiones con Corre Lola, de Tom Tykwer, en la forma, el acelere de Vera Brandes (Mala Endes), lidiando con muros humanos y cotidianos para fraguar su cometido, arribar con exactitud a donde le aguardan, cumplir su misión autoimpuesta, salvarse.
Ella se las apuesta con cuantiosas apuestas por perder. Es constante dentro de este tipo de guiones, fortalecer a la protagonista, más si va de biopic, pero hacen falta ayudaditas, de sus congéneres, de dinero materno, del destino empotrado en un par de peritos afinadores de pianos, quienes pescan el soplo, se engarzan en una hazaña harto metódica e individual, y cosecharían créditos en la película, en el disco, en libros de música. Las secuencias donde e Brenda y compinches persiguen el piano inconfundible requerido por Jarret para tocar, cabe en antologías y exhibir esos días cuando era indispensable y útil esos directorios pesados, donde se podría contar con individuos, escuela, sin requerir trámites burocráticos; había confianza, si el instrumento codiciado era de su propiedad o custodia, mejor utilizarlo, darle realce, a no darle uso. Al unísono y a unos metros atrás del escenario de la puesta en escena de la ópera Lulú, los afinadores fundan su obra maestra, sin perturbar al público, sin truncar una sola nota a la orquesta o diálogo a los actores.
El viraje hacia Jarret sintetiza las circunstancias, el enclave donde moraba, como músico viajero blusero en la depresión económica, viajando en soledad con su asistente; finalizar un concierto en una ciudad -en este caso Lausana, Suiza-, juntar su maleta y abrigo, y lanzarse a la siguiente escala. Y veinticuatro horas más tarde, tomar la ruta a donde los guie. El peregrinaje y coloquio trasnochados agostan surcos de vísperas con puntos excelsos, sensibles, de esos que poetas y novelistas, autores de varias artes, han trocado en piezas de leyenda. Marcan al Artista, con mayúscula. Lo ponen en rachas clave, en crisis obligada.
Entre las perlas en KÖLN´75 es proyectar, escuchar, tocar, fragmentos magnificados del Concierto, de Jarret en relámpagos egregios, sueltos los dedos, cuál si tuvieran vida propia, galopando por las teclas, en ebullición, en frenesí, ante un público que minuto a minuto siente estar ante un milagro, se adhiere a la interpretación, a la acometida del músico alucinado sin respirar.
Vera Brandes y Keit Jarret poseyeron su momento prodigioso, que entonces ni en un cuento de Ray Bradbury se profetizaba sería un mito y el disco de piano en directo por largo tiempo entre los más vendidos, gracias a la fortuna de ser grabado, algo no tan común ni con equipo y condiciones impecables. Otro sujeto a agradecer por la Historia, la música.
Con las libertades agregadas para vivificar el azaroso hecho por el director, KÖLN 75 remueve testimonios que suenan de otro mundo, donde un solo intérprete atrapaba en soledad a los espectadores con su piano: un teatro especializado para 3 mil personas, de inmediato tras una ópera, en un horario desatinado, donde al salir del local saben han legitimado una proeza irrepetible.
C

Fabián Polanco inició su carrera profesional en 1992, desarrollándose en el periodismo de espectáculos, cinematográfico, teatral e interés general; además de desempeñarse en la producción ejecutiva de radio, teatro y cine; y también como coordinador de prensa.
El Heraldo de México (Familia Alarcón); Playboy México; Boys Mx; Todes; Cine Toma (Revista mexicana de cine); Radio Fórmula; Televisa Radio; Infonor Saltillo, Coahuila; Radio 13; y Ocesa Entretenimiento División Teatro han sido algunas empresas y medio de comunicación en los que laboró; también fue investigador y editor de contenidos para medios de comunicación del Noveno Festival Internacional de Cine Acapulco (FICA); y director adjunto del Festival Internacional de Cine Gay Exhibido en la UNAM. Además de haber sido gerente de prensa y publirrelacionista de todas sus ediciones.
Es autor del proyecto editorial Magia pura y total (Historia del Teatro Musical en la Ciudad de México), publicado en 2011; 2012; y 2018. Además de Cine Mexicano del 70… La década prodigiosa. Todos publicados de manera independiente por el sello SamSara Editorial; y participó en el libro colectivo Partículas de Luz (El cine se encuentra en Guanajuato), publicado por Fundación Expresión en Corto, AC., del Festival Internacional de Cine Guanajuato (GIFF).
En 2006 creo el proyecto editorial digital Filmeweb y desde hace 19 años dirige la empresa Samcro México (Sinergia artística. Management. Comunicación. Relaciones Públicas. Organización de eventos de cine, teatro, música y editoriales de producción no industrial/independiente, para público convencional; y LGBTIQ+).






Deja un comentario