CINISMO / DIEZ AÑOS SIN DAVID BOWIE
Convers gastados, cervezas refrescantes y Mucho Barato
Por Roberto Mozart del Río
Unas semanas después de la muerte de David Bowie, en ese funesto enero de 2016, desayunaba unos tacos de cecina con el ex Control Machete, el ahora pastor evangélico Fermín IV. Cerca del parque Tlacoquemécatl, en la Colonia de Valle al sur la Ciudad de México, comentábamos de aquel día, el 23 de octubre de 1997, en que fueron ellos los teloneros de Bowie, en el conocido actualmente Foro Sol.
Esto fue parte de la gira Earthling Tour, la única vez que Bowie vino a México y ofreció ese concierto. Tal como lo dijo Fermín en una entrevista esa misma noche, en el recién concluido, en diciembre de 2025, canal de videos MTV, que como si el rapero tuviera la posibilidad de ver el futuro o tuviera una bola mágica entre sus manos, expresó de forma muy relajada que era bastante importante abrirle a gente como David Bowie, porque «es gente que a lo mejor realmente es la única vez que viene a México y ya no vuelve a venir».
Bowie acababa de oir el disco de Control Machete, el de Mucho Barato, en ese año, y le había gustado bastante, los consideraba una buena banda, razón por la que fueron los teloneros junto con Erasure. Sin embargo, recuerdo que cuando disfrutábamos esos tacos, Fermín y yo, en ese inicio del sombrío 2016, en algún momento el todavía rapero se quedó un poco pensativo y agobiado.
En esa mezcla de emociones fue cuando me remonté a ese día, no cualquiera, era un día en el que tenía ganas de vivir una experiencia como lo decían en la radio: ver y escuchar un acto astral; convencido que ni el clima, ni la travesía, ni nada opacaría mis deseos de ver a Bowie en concierto, de disfrutarlo, de llegar a la catarsis con cada una de sus canciones.
Me perfilaba a ponerme por última vez unos Converse negros ya gastados y mal olientes, que justo también me acompañarían a ver a los Ramones, donde me los quisieron chingar. Eran las 5 de la tarde y ya se combinaban los olores en la estación del metro Eugenia, entre trabajador y oficinista, con la armonía musical de lo que nos esperaba, pintura de rayo multicolor en la cara y playeras con una imagen andrógina.
Después del masaje y sauna del metro, por fin nos bajamos para comenzar a ver los puestos ambulantes de la avenida Añil. A mi espalda estaba el domo de cobre, donde bajaba el sol para comenzar a resplandecer en otra parte del mundo. La primera playera que vi, aún la recuerdo bien, estaba mal escrito Space Oddity, le faltaba una D, fuck!, «¿Qué pensaría George Orwell de esto?», me pregunté. Después de ver varios puestos fallidos por fin llegué a la cerveza, una cerveza bien merecida, necesitaba refrescarme, registrarme mentalmente que ese sería el “DÍA”.
Bowie acaba de oir el disco de Control Machete, el de Mucho Barato, en ese año, y le había gustado bastante, los consideraba una buena banda, razón por la que fueron los teloneros junto con Erasure. Sin embargo, recuerdo que cuando disfrutábamos esos tacos, Fermín y yo, en ese inicio del sombrío 2016, en algún momento el todavía rapero se quedó un poco pensativo y agobiado.
En ese concierto donde la edad no importaba, aunque en su mayoría eran de cuarenta, otros más le pegábamos a los treinta, las bocinas se acalambraban con música de fondo de los Sex Pistols, sonaba God save the Queen, algo raro para la ocasión, como raro encontrarme con unos conocidos que no sabían que esperar de ese show, pues eran más que amantes del Duque Blanco, un par de curiosos.
De los abridores, demás de los regiomontanos Control Machete, el dúo británico de synthpop y electropop Erasure no recuerdo casi nada, más que un sonido opaco, sombrío para ambas bandas. Y pensar que Andy Bell expresó que alguien les había dicho –sin poder confirmalo– que la mitad de la audiencia había ido para verlos a ellos. Como sea, después de esperar varias horas, las luces se apagaron y las estrellas brillaron. Bowie arrancó con Quicksand.
Continuará…
C

Roberto Mozart del Río nació en la tierra del tequila a grito pelado, sin ser patriota (ironías de la vida), un 16 de septiembre del 72. Amante de la novela gráfica, psicólogo por convicción y bartender por vocación. Amante de la música que desató Robert Johnson a todos sus géneros y temeroso de toparme con un reguetonero. Catador de cerveza y de la vida simple.






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