DANDYS Y CÍNICOS

Por José Antonio Monterrosas Figueiras

Bad Bunny y Lady Gaga en el Super Bowl

Se cumplió lo dicho: me reuní con amigos en un bar de Guadalajara para beber un par de cervezas, vimos perder a los Patriotas, vivimos el momento Bad Bunny al mirarlo vagar entre un laberinto de plantaciones de caña, puestas sobre el magnífico campo del Levi’s Stadium de Santa Clara, California, para el show del medio tiempo del Super Bowl número 60, sucedido la tarde del domingo, 8 de febrero. Celebramos incluso el cumpleaños número 49 del poeta Marco Antonio Gabriel.

Tengo que decir, y perdonen la franqueza, pero a mí me da un tanto lo mismo quién gane y quién pierda en el Super Bowl, sin embargo, hago mi mejor esfuerzo, pongo todo mi empeño, para que los partidos me parezcan interesantes. Aunque en realidad, yo lo que quiero ver es el show del medio tiempo, que además, la gran mayoría de estos espectáculos suelen ser, a menos para mí, sorprendentes y disfrutables, como aquel de Rihanna vestida de rojo mostrando su panza de embarazada, brillando en las alturas.

Sin embargo, el medio tiempo del Super Bowl 2026, ha sido uno de los más malos, en el sentido de lo que entendemos en el estilo Bad Bunny que algo sea malo, quiero decir que ha sido muy bueno, muy emocionante y muy poderoso. No sólo porque Bad Bunny es un gran artista que tiene un estilo propio y un carisma muy particular, sino porque yo me siento orgulloso de ser mexicano, de ser latinoamericano y porque también creo que Estados Unidos es una gran nación conformada por muchos latinoamericanos e inmigrantes de todo el mundo.

La coyuntura política marcada por la rabiosa presidencia de Donald Trump, la cual está llena de odio a los inmigrantes y a los latinos, salpicada además de un racismo idiota, los cuales han dado siniestros resultados, con el asesintanto de personas inocentes, a manos del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas, conocido por sus siglas en inglés ICE, como fueron los casos de Renee Nicole Good y Alex Jeffrey Pretti, ambos de 37 años y residentes de Minneapolis, le dieron otro tono a estos 13 minutos del medio tiempo del Super Bowl comandados por el Conejo Malo.

No faltó, claro, que más de uno dijera en redes, como si tuvieran una lengua geninuamente reguetonera, que «la neta el wey canta bien culero». Al menos algo así le leí a una bloguera, en un texto que escribió en Facebook este domingo, 8 de febrero, y que luego algo hizo que… ¿o lo bajó de su cuenta o me bloqueó para que no pudiera seguir opinando de bajo de éste? Ahí mismo le pregunté, si a caso en lugar de ver cantar en español al pícaro Bad Bunny, hubiera preferido a un grupo de metaleros rubios entonar con voces angelicalicales y en inglés las frases: «¡Viva Trump! ¡Viva ICE! ¡Mueran los inmigrantes que invaden los Estados Unidos de América! y… ¡Make America Great Again!»

No faltó, claro, que más de uno dijera en redes, como si tuvieran una lengua geninuamente reguetonera, que «la neta el wey canta bien culero».

Vaya… ¿En verdad lo relevante en este contexto es que Bad Bunny cante «culero»? A mí parecer lo realmente destacado del espectáculo del medio tiempo, donde vimos una isla utópica de Benito, el multimillonario reguetonero, como si fuera un cuento rural puertoriqueño, en el que hay hombres trabajadores que llevaban sombreros de palma, típico de los jíbaros del norte de esa isla del Caribe, donde las mujeres son libres y felices, donde hay diversidad al oir cantar a Ricky Martin y Lady Gaga, donde todos son plenos, beben aguardiente y se casan sólo por amor y donde vemos que ellas perrean solas, fue el mensaje contundente de que los latinos aquí seguimos, luego de decir «God bless America» y hacer mención de todos los países del continente americano, mientras un grupo de personas ondeaban sus banderas y al final hubo un balón de americano en las manos de Bad Bunny que decía: «juntos somos América».

Hay que decir que no es la primera vez que Trump denosta los shows del medio tiempo del Super Bowl, ya lo ha hecho en otras ocasiones, pero éste, por lo que representa el Conejo Malo para muchos, se combirtió en una especie antihéroe y héroe a la vez, dentro de los Estados Unidos en tiempos del segundo mandato de Trump. Todo esto tiene otro sentido en estas épocas de polarización.

No quiero sobreintelectualizar todo esto, solo quiero insitir que Bad Bunny cante «mal» -o muy culero-, es baladí. Para empezar, Benito Antonio Martínez Ocasio, no necesitaba estar en un show como éste; él es un éxito en todo el mundo, los billetes se salen de las bolsas de los pantalones cuando perrea. Su último disco: DeBÍ TiRAR MáS FOToS, es una joya, tiene su magia y una energía auténtica.

Tampoco vamos a venir a decir aquí que es el cantante del siglo, pero sin duda es uno que en estos años ha demostrado tener una conexión muy fuerte con muchos jóvenes y que mediante su música vino a desafiar a Donald Trump diciéndole que Estados Unidos no es sin los latinos. El reguetón, por otro lado, es muy incómodo para los que odian que las estructuras rígidas se muevan un poco.

Por otro lado, sería muy ingenuo pensar que las cosas, a partir de ahora, serán otras, pero quizas, al menos, sea un elemento que provoque que alguien se cuestione un poco su racismo y su odio a los inmigrantes. Si ese show suma en ello hemos ganado más que un partido entre dos equipos de futbol americano.

Si Bad Bunny, como su mismo nombre dice, que es malo, tal vez podemos perdonarle un poco que su maldad sea el cantar mal sobre temas muy mundanos; si ademas sus letras son calientes y perreables, bueno, tampoco nos vamos a poner aquí a decir que somos un grupo de eunucos. La verdadera maldad está un hombre que ahora habita la Casa Blanca y se llama Donald Trump, ese hombre, por cierto, que fue amigo de un pedófilo llamado Jeffrey Epstein y que ha sido acusado de agredir sexualmente a mujeres.

Retomo las palabras que le leí hoy a la escritora mexicana Gabriela Damián a propósito de este tema, que dijo alguna vez su colega Emma Goldman que: “Si no puedo bailar, tu revolución no me interesa”.

José Antonio Monterrosas Figueiras es periodista cultural y cronista de cine. Es editor cínico en Los Cínicos. Ha colaborado en diversas revistas de crítica y periodismo cultural. Conduce el programa Cinismo en vivo.


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