CINISMO / OPINIÓN

Por Julieta Lomelí Balver

La creación de las aves, de Remedios Varo

Todos creerían que es más fácil ser mujer en este siglo que atravesamos. A menos que vivas en un país islámico, en la vida pública las mujeres vamos encontrando nuestro sitio, construyendo espacios laborales que podrían asegurarnos cierto éxito. A la par de arrancarnos yugos que por siglos —sin ponernos radicales, pero aceptando nuestra historia— fueron impuestos por una sociedad patriarcal, que nos ordenaba, no solamente cómo habríamos de actuar sino también que destino, hogareño o asceta, debían tomar nuestras vidas.

En la actualidad, al menos, en apariencia, estamos ganando esa lucha por trazar nuestras propias metas, por dejar de ser meros úteros, meros objetos de placer dispuestos en cualquier momento a quien a cambio nos condiciona dinero. En este nuevo milenio parece que las cosas han cambiado, y que volamos como colibrís, imposibles de ser enjaulados, al advenimiento de una nueva forma de relacionarnos con nuestro entorno.

Pero la enseñanza es que el nuevo milenio no es tan liberal, ni tan equitativo como creíamos. Aunque a veces aparentemos ser plenas en los asuntos públicos, aunque seamos exitosas, a veces seguimos mutiladas afectivamente, reprimiendo nuestra sexualidad en aras de encontrar un “hombre que nos tome en serio”, muchas veces hombres que no sirven más que para degradarnos como mujeres plenas.

A pesar de ser mujeres del nuevo siglo, a veces seguimos casadas con el mito del amor sin sexo, o a la inversa, creemos que el sexo sin amor es una forma de no atarnos a los abusos que en la intimidad, han sometido a tantas. Pero finalmente, sobre nuestros cuerpos y vida provocada, seguimos sintiéndonos indignas de tenerlo todo.

Hay que enfrentarnos no sólo al contexto sociocultural que nos tocó vivir, si no también a nosotras mismas, librar en la privacidad de nuestros cuartos una guerra interior, para entonces ser capaces de nunca más delegar la responsabilidad de nuestra felicidad en manos de la sociedad que nos juzga, que destruye, que mata, con su moralina irracional y su falta de empatía a nuestras mujeres.

A pesar de ser mujeres del nuevo siglo, a veces seguimos casadas con el mito del amor sin sexo, o a la inversa, creemos que el sexo sin amor es una forma de no atarnos a los abusos que en la intimidad, han sometido a tantas. Pero finalmente, sobre nuestros cuerpos y vida provocada, seguimos sintiéndonos indignas de tenerlo todo.

Zócalo de la Ciudad de México, el 8 de marzo de 2021. Foto: Andrea Murcia

Por ello debemos entender que ser feminista no sólo implica pagar la cuenta en una cita y abandonar la dependencia económica, sino también construir una morada interior amorosa y habitable para una misma, en la cual la frustración quede emplazada por el placer. Las mujeres también deberíamos aprender a gozar sexualmente, a considerar este aspecto como uno de los más importantes de nuestras vidas, lo cual implica no conformarse tan sólo con las posibilidades aceptadas por la mayoría, la de no creer que estar con un hombre y ser reconocida por ellos, es la única vía para sentirse realizada.

Hay que entender que somos la generación de la ruptura y de nosotras y nosotros depende abrirle la puerta a las mujeres que vienen. De todos y todas depende heredarles un escenario menos violento y relaciones interpersonales sin hostilidad. De los que ahora estamos sufriendo aún resabios de inequidad y machismo, depende que nuestras mujeres futuras puedan ser libres, no sólo en el mundo público, sino en lo privado, que puedan y tengan la capacidad de elegir libremente ser felices. #8M2026 #nosqueremoslibresysinmiedo.

*Foto portada: Calle de Gabino Barreda. Autor: Gunther Gerzo

Julieta Lomelí Balver, doctora en filosofía IIFs- UNAMHa colaborado en Laberinto-Milenio y en Filosofía&Co (Herder España)  Mujer de trasmundo. No es apta para “esta orilla”, pero sí para construir en granito una isla interior donde habitan monstruos marinos, amenazas metafísicas y todo un océano de excedente de sentido. Escribe ensayo y arrenda un piso en el costoso edificio de la filosofía.


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