CINISMO / FILMOTECA A SMILE ON THE DOG

Por Fernando Ramírez Ruiz

Octagón (EUA-México, 1980) fue una de las primeras películas americanas con ninjas. Estos míticos asesinos del antiguo Japón eran apenas conocidos en 1980 y la película explota su misterio hablando de ellos como de una antigua amenaza que resurge y para darle un toque más oscuro a la trama, el personaje de Chuck Norris, Scott James, tiene una voz interna cavernosa y saturada de eco. Esa voz sabe quien es el único que puede estar entrenando ninjas nuevamente: Su hermano malvado, al que no ve hace muchos años.

Sólo que a Scott James le sucede lo que a todos los pistoleros y asesinos retirados del cine hollywoodense: Él no quiere volver a pelear, tiene remordimientos de su pasado. Es el viejo mito que Clint Eastwood recreó en Los Imperdonables, pero Scott regresará para salvar a un amigo que es como su hermano menor. Ninguno de estos hermanos en realidad es un «hermano de sangre», porque para empezar Scott fue un hijo adoptado y el mismo padre que le dijo que él era su hijo y Sakura su hermano, un día le dijo que Sakura ya no era su hermano sino su enemigo, pues Sakura rompió las reglas de las artes marciales.

El nuevo hermano de Scott pelea y entrena con él, la chica que se queda con Scott ya pasó por el entrenamiento ninja y como el objetivo de la vida es tener una causa por la cual luchar (se entiende que de preferencia a karatazos), que es lo que dicen varios personajes a lo largo de la película, entonces el gym, perdón, el dojo, es el nuevo templo de los ochentas. Es el lugar donde se halla el sentido de la vida y la familia espiritual. Quien mejor que el dueño de unas escuelas de karate como Norris para presentar la opción de las artes marciales. Todo esto sucede mientras Sylvester Stallone, el engullidos de huevos crudos, nos enseña que golpear la pera de box y comer cosas sanas pero asquerosas, es la forma de dejar de ser unos don nadies y claro, Arnold Schwarzenegger nos invita a pasar al bar de malteadas de proteína y esteroides anabólicos.

Tanto Luke Skywalker como Scott James son huérfanos, cuyas figuras paternas son sus maestros en el arte de pelear y ambas artes incluyen luchas con espadas. Jedis y ninjas tienen tanto en común. Son mitologías que surgen, o resurgen, en la misma época. En el caso de los jedis, el maestro Yoda está inspirado, según ha dicho George Lucas, en el personaje de Carlos Castaneda, Don Juan, un indio mexicano.

Mucho antes de que él trascendiera a nivel meme, las escuelas del entrenador Chuck Norris pasaron por problemas económicos y entonces le dijeron que podía ser como Stallone o Schwarzenegger, para competir por el Oscar a la actuación, pero con menos diálogos. Estos tres y claro, Clint Eastwood. Chuck, que en realidad se llamaba Carlos Ray Norris, le dio a las artes marciales una mitología que fusionaba elementos típicos americanos, como lo del pistolero del viejo oeste retirado, con cosas como lo de los ninjas con carga mística. Una combinación más poderosa que cualquier licuado de proteínas con antioxidantes para llevar gente al gimnasio. Así que ya saben pequeños saltamontes todos a pagar las cuotas a tiempo o Chuck bajará desde el gym celestial a darles unos guamazos, porque él no murió, trascendió como Obi Wan, sólo que él sí derrotó al representante del lado oscuro.

El final de Octagón recuerda ese duelo entre Obi Wan Kenobi y el de la máscara estilo japonés, Darth Vader. Duelos que a lo lejos, el discípulo, se observa uno a uno. Una historia con minions todos de negro y otra con todos de blanco y el número dos de Sakura parece un Darth, como entre Vader y Darth Maul. Tanto Luke Skywalker como Scott James son huérfanos, cuyas figuras paternas son sus maestros en el arte de pelear y ambas artes incluyen luchas con espadas. Jedis y ninjas tienen tanto en común. Son mitologías que surgen, o resurgen, en la misma época. En el caso de los jedis, el maestro Yoda está inspirado, según ha dicho George Lucas, en el personaje de Carlos Castaneda, Don Juan, un indio mexicano.

¿Y a dónde creen que va Scott James a buscar a los ninjas?  Pues primero a la Ciudad de México. Hay escenas de Octagón en el Zócalo, en Reforma y Chapultepec, aunque después parte a algún lugar de Centro América al campamento ninja, que hace pensar en un campamento de entrenamiento de narcos, pues tienen ahí a la gente contra su voluntad, entrenándolos para asesinar. Como los dos lados de una moneda; uno te lleva al gimnasio, el otro a la tienda de juguetes. ¿Ustedes qué camino elegirían?

Fernando Ramírez Ruiz estudió en la prepa de La Salle, de la Ciudad de México, al lado del hijo del presidente Miguel de la Madrid y en la secu Nuevo Continente se enamoró de Lucerito, tiempo después cruzó miradas y le dijo quiúbole a Yordi Rosado en la Universidad Intercontinental, de la que desertó de la carrera en Ciencias de la Comunicación. Ha conocido a Diego Luna, fue Stand in de Sasha Sokol y el Chivo Lubezki en una película. Está escribiendo el libro de memorias: «Quiúbole con mis encuentros con los famosos» y es director de la Filmoteca A smile on the dog.


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