CINISMO / TÓNICA REPLICANTE

Por: Alberto Zúñiga Rodríguez

«Me verás volver» en ECOS

Buenos Aires ha sido testigo de un hito que desafía las fronteras de la vida, la muerte y el rock latinoamericano. Con el estreno del espectáculo «ECOS» en el Movistar Arena (21 y 22 de marzo), presenciamos lo que parecía imposible y absurdo: el reencuentro en el escenario de Charly Alberti, Zeta Bosio y el irremplazable Gustavo Cerati, fallecido en 2014. La reunión de Soda Stereo. Este evento nos obliga a replantearnos qué significa la música en vivo en la era de la síntesis digital y hasta qué punto la tecnología puede desafiar a la mortalidad y por qué no preguntarlo abiertamente, ¿el lucro de una memoria nostálgica?

Los antecedentes técnicos: De Londres a la ciudad de la furia

Para entender la magnitud de «ECOS», es imperativo mirar los antecedentes recientes de la industria musical. La semilla de esta revolución escénica germinó a nivel mundial con el aclamado espectáculo ABBA Voyage en Londres, el cual demostró que era posible sostener una residencia de conciertos masivos utilizando avatares hiperrealistas y captura de movimiento de última generación. Los maestros suecos del pop, el 27 de mayo de 2022, inauguraron su show de última generación en un recinto construido expresamente para ello, el ABBA Arena, ubicado en Pudding Mill Lane en la capital inglesa. Sus avatares actúan junto a 10 músicos en vivo, logrando un efecto visual tan realista que desafía la realidad. No es un musical, sino un concierto que dura aproximadamente 1 hora y 40 minutos sin intermedio. Por supuesto, «Dancing Queen», «Mamma Mia» y «Waterloo», entre muchos otros se incluyen en un repertorio que se desdobla en una función que cuenta con asientos y una zona de baile («Dance Floor») para el público. Aunque no aparecen físicamente, los cuatro miembros originales (Agnetha, Björn, Benny y Anni-Frid) participaron en la captura de movimiento y la creación del espectáculo.

Siguiendo esa misma escuela técnica, la producción argentina ha dado un salto cualitativo monumental para el mercado latino. Lejos del anticuado truco del holograma bidimensional, «ECOS» implementa un mapeo tridimensional impulsado por algoritmos avanzados. El equipo de ingenieros de la mítica banda Soda Stereo logró aislar, limpiar y remasterizar con precisión quirúrgica las pistas originales de voz y guitarra de Cerati. Este audio prístino se sincroniza en tiempo real con un avatar texturizado en altísima resolución, proyectado sobre un sistema de pantallas invisibles y láseres volumétricos que engañan al ojo humano, dotando a la figura digital de una solidez asombrosa junto a la batería de Charly y el bajo de Zeta.

La hiperconexión a oscuras: Tecnología sin celulares

Con este despliegue técnico sobre el escenario, el detalle que terminó de definir la experiencia inmersiva fue una regla estricta impuesta por la banda: la prohibición total del uso de celulares. A nivel de ingeniería, esto fue vital para evitar que los flashes y las pantallas del público rompieran la delicada ilusión óptica de la proyección volumétrica. Pero a nivel conceptual, fue una decisión brillante. Obligó a una audiencia hiperconectada a vivir el «aquí y ahora». Algo impensable para nuestra época. Sin las lentes de los smartphones mediando entre el escenario y la retina, la inmersión visual y el impacto emocional cobraron una dimensión casi religiosa (basta y sobra con ver los testimonios a posteriori de una cantidad importante de asistentes al Movistar Arena).

Las reacciones encontradas, los dilemas éticos y estéticos hasta la tiranía del software

Las 10 funciones agotadas para Argentina de “ECOS” con más de medio millón de ventas en localidades (con precios que van desde los 800 a los 2 mil pesos mexicanos) ha supuesto una férrea lucha entre los fans de la propia banda. Los testimonios y opiniones oscilan desde los que los llaman (claro, a Zeta y Alberti) “mercenarios del dinero”, “ladrones”, “fraude”, “déjenlo morir en paz” y un “show sin alma” hasta los que claman que fue la mejor forma de ver “en vivo” a la banda porque “eran demasiado jóvenes cuando Soda Stereo dejó de tocar”, “un espectáculo impresionante”, “la revolución del futuro de los conciertos” y un gran etcétera que se desvive en alabanzas. Sea como sea esto, revivir a un artista mediante algoritmos abre una caja de Pandora moral y estética y tres frentes surgen y urgen una reflexión seria:

Primero. El consentimiento vs. El perfeccionismo: Cerati era un obsesivo del control acústico. El gran dilema es si él habría aprobado esta mezcla específica o los movimientos pre-renderizados de su avatar.

Segundo. La pérdida de la improvisación: Con un holograma, el error humano y el peligro del rock mueren. Charly y Zeta deben tocar atados a un metrónomo riguroso (click track) para no desfasarse de su compañero. La banda ya no lidera la canción; persiguen a un software. Ceros y unos son los que los guían sí o sí.

Tercero. El «Valle Inquietante»: Ver a Cerati moverse con semejante nivel de realismo roza el uncanny valley (el valle inquietante), careciendo del «aura» y la conexión espiritual recíproca de la que hablaba el filósofo Walter Benjamin.

Nos guste o no, «ECOS» marca un antes y un después insoslayable en la industria musical de América Latina. Resuelve el desafío técnico con una dignidad apabullante, pero nos enfrenta a cuestionamientos profundos sobre la ontología y el futuro de la música en vivo. Gustavo nos prometió en 2007 que lo veríamos volver, y aunque este avatar no posea su alma, funciona como un espejo digital perfecto donde miles de fans pueden seguir proyectando su amor incondicional por el genio que nos dejó en 2014. El rock no ha muerto; se ha renderizado.

No es este el primer intento de los supervivientes de la banda por recrear su legado y mantenerlo “vivo” -¿o seguir lucrando con él?- En 2017, justo una década después de su mítica gira “Me verás volver”, el célebre Cirque Du Soleil canadiense armó un show llamado “Sép7imo Día – No Descansaré”, con más de un millón y medio de boletos vendidos. En 2020 e interrumpida por la pandemia, la gira “Gracias Totales” con artistas invitados (en intervenciones en video -muy criticadas, por cierto- o en persona de artistas como Julieta Venegas, Rubén Albarrán, Mon Laferte, Chris Martin, Benito Cerati, entre otros) con grandes sold outs en diferentes partes del continente americano se coronó como la primera gira carbono neutral de Latinoamérica. La producción midió y compensó toda la huella de carbono generada (vuelos, energía de los estadios, residuos) mediante la plantación de árboles y el apoyo a proyectos de conservación de bosques nativos. Perfecto. Ajá… ¿Y? Mucho dinero ganado, también. El fandom está dividido y la pregunta sigue siendo la misma, ¿usted iría a ver “ECOS” y vibrar junto a un estadio-recinto lleno coreando las canciones de Soda Stereo?

Análisis del Setlist: Un rompecabezas de 20 piezas

Este holograma, programado en ceros y unos, es el juego de artificio más deslumbrante —y rentable— que nos queda. Foto: ECOS

Revisar la lista exacta de 20 temas elegidos para estas 2 noches bonaerenses confirma que el repertorio no fue un simple capricho de grandes éxitos, sino una selección quirúrgica condicionada por la arquitectura tecnológica del show. Acá comparto mi teoría al respecto.

La apertura atmosférica: Arrancar con Ecos y Juegos de seducción establece el tono inmersivo. La ilusión óptica necesita introducciones largas y texturas espaciales para que el cerebro asimile el impacto visual del avatar.

El desafío del Pop y el Post-Punk: El rescate de clásicos de los 80 como Nada personal, Cuando pase el temblor, Sobredosis de TV, Persiana americana, Un misil en mi placard y Prófugos sufren un poco más la rigidez del metrónomo. Aquí seguramente se extrañó la aceleración espontánea del en vivo, aunque la acústica del Arena seguramente logró compensarlo.

El Rock de estadio y el Groove: Temas inmensos como Hombre al agua, (En) el séptimo día y En la ciudad de la furia aportan la densidad y el peso rockero necesario para que el bajo de Zeta y la batería de Charly brillen sin opacar la pista vocal del holograma.

El dominio de la etapa de vanguardia: El núcleo duro del concierto se apoya sorprendentemente en la era de Dynamo y Sueño Stereo. Canciones como Ella usó mi cabeza como un revólver, Luna roja, Toma la ruta, Zoom, Planeador, Final caja negra y Primavera 0 nacieron atadas a secuenciadores y patrones rítmicos digitales. Tocarlas ahora persiguiendo a un software no creo que se sienta como una traición, sino como el hábitat natural de un sonido futurista. Para mí, Dynamo sigue sonando a futuro, duro y puro.

Un cierre catártico y profético: que hayan cerrado el bloque principal con De música ligera era el clímax obligatorio, pero culminar la noche con Zona de promesas es una genialidad narrativa. Escuchar al avatar cantar «tarda en llegar y al final, al final hay recompensa» se convierte en un mensaje profundamente conmovedor desde el más allá.

Veredicto

Nos guste o no, «ECOS» marca un antes y un después insoslayable en la industria musical de América Latina. Resuelve el desafío técnico con una dignidad apabullante, pero nos enfrenta a cuestionamientos profundos sobre la ontología y el futuro de la música en vivo. Gustavo nos prometió en 2007 que lo veríamos volver, y aunque este avatar no posea su alma, funciona como un espejo digital perfecto donde miles de fans pueden seguir proyectando su amor incondicional por el genio que nos dejó en 2014. El rock no ha muerto; se ha renderizado. Para algunas personas, quedará el recuerdo de Soda como esa Persiana americana que arrancaba diciendo:

Yo te prefiero
Fuera de foco
Inalcanzable

Para algunas otras, al final, todo este debate parece haber sido profetizado por el propio Cerati. Como si hoy estuviera observando su propio avatar volumétrico, la respuesta a la tiranía del software y al fanatismo que agota las entradas la encontramos en un Zoom: «Pruébame y verás que todos somos adictos a estos juegos de artificio». Y este holograma, programado en ceros y unos, es el juego de artificio más deslumbrante —y rentable— que nos queda. Respondiendo a lo que antes preguntaba, yo, claro que iría a ver ECOS.

Alberto Zúñiga Rodríguez es cineasta y un obrero fílmico nacido en el rancho de las balas perdidas -fílmicas- Morelia, Michoacán. Ha dirigido los largometrajes Rupestre (2014), En la periferia (2016) y Emiliana Gat-alana (2023). Vive en Barcelona desde el 2022 donde conduce y produce el cinepódcast Tónica Replicante.


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