REPORTE CÍNICO / ENTREVISTA
Entre el exilio y la identidad
Por Claudia Smolansky

La migración trae consigo varios procesos: pérdida de identidad, de pertenencia, resentimientos, frustraciones, alegrías, tristezas, nuevas relaciones, conocimiento, distanciamiento. Todas estas emociones son puestas en el escenario en la obra “Malandrito”, un monólogo interpretado por el actor venezolano Luis Vegas, quien lleva a los espectadores a un viaje confuso, ambiguo, pero con humor, sin inicio ni final, como la vida misma y como es la migración.
Esta obra de teatro, escrita por Luis Vegas y Juan Carlos Franco, cuenta la historia de un joven migrante en Ciudad de México, que trabaja en un autolavado, se ejercita en los gimnasios públicos y recorre la ciudad a pie. Se encuentra con gente distinta, habla de sus sueños, recuerda su país, recuerda las protestas, recuerda el hambre, recuerda a su familia: su hermano enfermo que lo espera y su madre que ya no.
México es para él un lugar de posibilidades, y casi ninguna de ellas es la que imaginó. Su salida del país fue por un exilio obligado, como la de la mayoría de los migrantes en el mundo actual. Vegas y Franco lo describen como una interpelación directa.
“Malandrito le habla a los mexicanos. No para acusar ni para agradecer, sino para decir: estoy aquí, esto me costó, y ustedes también son parte de lo que soy ahora. Queremos que el público salga sintiéndose visto desde un ángulo que no esperaba”, comentan.
En escena, el público nunca sabe bien dónde termina Luis y dónde empieza Malandrito, y esa ambigüedad no es un accidente, sino la apuesta más honesta del montaje. No es un actor encarnando un personaje migrante: es un migrante que se ha construido un personaje para poder decir, en voz alta y frente a una ciudad entera, lo que de otra manera no tendría lugar ni forma. Y lo hace con herramientas actorales muy variadas, así como con el performance, el rap, el spoken word y el trabajo del cuerpo.
“Malandrito es una obra para todo aquel que ha sido expulsado de su origen, para quien goza con curiosidad y melancolía las nuevas posibilidades que le brinda su nuevo territorio. Es para quien añora y extraña, pero también para esos que habitan la libertad que da la pérdida. Malandrito es una carta de amor —y odio también— a mi país, a México. Es un diario de preguntas (sobre todo) de lo que ha sido mi propio viaje en el exilio”, explica Vegas.
Este sábado 3 de abril, Malandrito tendrá una función especial en Ciudad de México, en Casa Platónica, con el objetivo de recaudar fondos para migrantes venezolanos, los cuales serán destinados a la ONG Apoyo a Migrantes Venezolanos, que desde 2017 ha registrado y denunciado las violaciones de derechos humanos a los migrantes de su país en México.
Vegas y Franco querían resolver un problema dramatúrgico concreto: ¿Cómo hacer que una misma obra le hable simultáneamente al migrante y al mexicano? La respuesta no fue escribir para uno ni para otro, sino construir una experiencia donde ambos se reconocen desde lugares distintos y a veces incómodos. El idioma es el primer campo de batalla: el mix de venezolano y mexicano en la misma boca no es un recurso de color local, es una negociación entre dos mundos que se necesitan y se rozan.
Malandrito está en su formato work in progress. Se estrenó por primera vez el 13 de septiembre de 2025, también en Casa Platónica. Luego, ha tenido otras temporadas en Ciudad de México, en espacios como Estudio Altata y Teatro El Milagro.
Para Luis Vegas, esta función especial se alinea con lo que fue la concepción de este proyecto, y también es un espacio necesario tanto para él como para venezolanos y otros migrantes, que siguen buscando estos encuentros para recuperar identidad y cultura.
“Estoy convencido de que los espacios de pausa y reflexión son fundamentales para una sociedad sana y sí creo que el teatro es —quizás— uno de los ejemplos más claros de esto. Nos convoca, reúne y nos obliga a estar allí, expectantes y receptivos. Si, además de todo ello, el planteamiento cultural es sensible de cuestionar cómo opera el mundo ahora mismo (con sus claroscuros) y además nos invita a reflexionar y a colaborar para el bienestar de alguien menos afortunado, creo que la relevancia es importantísima”, describe.
En sus palabras, esta obra ha sido su propia reconexión con Venezuela, después de más de ocho años fuera del país; es su propia búsqueda personal de su relación con la migración, de la fisura que le provocó en su identidad y pertenencia. “Nace de querer borrar el resentimiento que le tenía a mi propio país. Mi reconexión con Venezuela, mi encuentro con mis paisanos y quitarme el juicio de que está mal identificarse con Venezuela y México, que soy y quiero ser de ambos”, expresa.
Finalmente, Malandrito parte de una pregunta: ¿Qué puede hacer un solo cuerpo en escena que ningún otro dispositivo teatral puede hacer? La respuesta que encontraron los autores fue: ser prueba de existencia.
“Un cuerpo migrante, vivo, presente, que ocupa un espacio que no le fue asignado, que habla con una lengua que no es del todo de aquí ni del todo de allá, que baila aunque esté solo, que llora sin que su cara lo diga. Ese cuerpo es el argumento central del montaje. Todo lo demás —el diseño sonoro, los videos, los objetos, el espacio vacío— existe para acompañarlo, presionarlo, expandirlo o dejarlo solo cuando la soledad es lo único verdadero de su experiencia”.
Vegas y Franco querían resolver un problema dramatúrgico concreto: ¿Cómo hacer que una misma obra le hable simultáneamente al migrante y al mexicano? La respuesta no fue escribir para uno ni para otro, sino construir una experiencia donde ambos se reconocen desde lugares distintos y a veces incómodos. El idioma es el primer campo de batalla: el mix de venezolano y mexicano en la misma boca no es un recurso de color local, es una negociación entre dos mundos que se necesitan y se rozan.
El humor funciona igual: es el caballo de Troya, el mecanismo de supervivencia de Malandrito y la forma en que la obra se gana al público antes de exigirle algo. La risa abre; lo que entra después ya no tiene salida fácil.
Las entradas para este sábado, 3 de abril, se pueden comparar a través de las redes sociales de @malandrito.play y @casaplatonica.
Sobre los autores
Luis Vegas es actor y dramaturgo, con una trayectoria que abarca cerca de treinta montajes de teatro profesional y universitario entre Venezuela y México. A lo largo de su carrera ha sido reconocido con importantes premios, como el ACPT a Mejor Actor de Reparto por El hijo de puta del sombrero, dirigida por Daniel Giménez Cacho, y el de Revelación Masculina por Shopping & Fucking, bajo la dirección de Sixto Castro Santillán. También recibió una mención especial en el Festival Internacional de Teatro Universitario por su actuación en El mar de papel.
En cine, ha participado en películas como La arriera, Los demonios del amanecer, Pirita y The Gold Lament, consolidando una presencia creciente en la pantalla grande. Asimismo, ha formado parte de series como El juego de las llaves, El poder de los girasoles, Bandidos y Rosario Tijeras.
Como dramaturgo, publicó Éxodo (2023), obra ganadora del certamen “Obra Inédita” en la categoría de dramaturgia. Actualmente, es miembro de Teatro Después, mientras continúa desarrollando su trabajo entre la actuación y la escritura.
Juan Carlos Franco es un escritor, director escénico, traductor y periodista mexicano. Ha publicado varios libros y sus obras teatrales se han presentado en distintas ciudades del país, destacando algunas premiadas y reconocidas en festivales como el de la UNAM. Ha sido becario de importantes programas de apoyo a la creación en México. Recientemente estrenó obras como Juan y Julia nunca supieron cómo y Malandrito. También ha trabajado como traductor teatral y actualmente se desempeña como Director de Desarrollo y Contenido en La Granja, además de ser Director Artístico de Catamita.
C

Claudia Smolansky es una periodista independiente venezolana que se especializa en cubrir violaciones de derechos humanos, crímenes de lesa humanidad, violencia y migración.





Deja un comentario