Ante el panorama actual del cine, la piratería quizá representa una segunda vida para no dejar morir ese cine independiente que tiene la titánica misión de competir en cartelera contra superproducciones a las que difícilmente podrán quitarle salas y funciones. Incluso, si lo vemos desde la perspectiva del director, donde uno de sus principales intereses es que su película sea vista por la mayor cantidad de personas posibles. Ésta es la segunda parte de una investigación sobre piratería audiovisual a la mexicana.

Por Joel Fernando Jardon Madrigal, José Roberto Martínez Zárate y Samuel Eduardo Vaca Uribe

El cineasta mexicano ha tenido que remar contra corriente a lo largo de la historia, las distribuciones abusivas en la industria, en donde el creador es quien se lleva la rebanada más pequeña del pastel, ocasiona que para muchos cineastas mexicanos sea muy complicado consolidar una carrera en la que puedan vivir al cien por ciento del cine.

Desde tarifas impuestas por las exhibidoras para proyectar las películas, los distribuidores quedándose con gran parte de las ganancias y la dificultad de competir en cantidad de salas con monstruos del cine comercial como Disney y Marvel, las películas tienen un lapso de vida muy breve con apenas un par de semanas en cartelera, es aquí donde la piratería aparece como una alternativa para poder consumir este cine, que no llega a todos lados y a donde llega, lo hace por una breve temporada.

Si pensamos en la historia de origen de Cuevana, la página de piratería más grande del mundo, la cual surgió como una plataforma para que cineastas independientes publicaran sus trabajos, sin necesidad de recurrir a los tratos injustos de las grandes productoras y exhibidoras. Pone sobre la mesa el preguntarnos si, ¿la piratería es realmente una consecuencia ante los problemas de distribución en nuestro país?

Ante el panorama actual del cine, la piratería quizá representa una segunda vida para no dejar morir ese cine independiente que tiene la titánica misión de competir en cartelera contra superproducciones a las que difícilmente podrán quitarle salas y funciones. Incluso, si lo vemos desde la perspectiva del director, donde uno de sus principales intereses es que su película sea vista por la mayor cantidad de personas posibles.

Uno de los casos recientes en nuestro país fue lo ocurrido con la película Ok, está bien (2020), dirigida por Gabriela Ivette Sandoval y escrita por Roberto Andrade Cerón, mejor conocido como Tío Rober. Esta película fue estrenada en el marco del Festival internacional de Cine de Guadalajara 2020 (FICG 35), ese momento representaba una época complicada para el cine, ya que una gran cantidad de salas permanecían cerradas, esto ayudó a que ante las normas de sanidad impuestas para prevenir el COVID 19, se diera el auge de espacios que proyectaban cine al aire libre, como lo fueron los autocinemas, situación que aprovechó el equipo detrás de esta película para distribuirla comercialmente.

Se realizó una gira alrededor de los autocinemas del país, la cual contaba con la presencia de la directora y el guionista, además de un show de stand up de contenido relacionado con el cine, escrito por el Tío Rober, conocido representante de la escena de comedia en México, situación que ayudó a convocar a sus fans para apoyar su película. Otra de las estrategias utilizadas fue vender la película mediante links de Facebook, agregando una sesión de preguntas y respuestas con Gabriela y Roberto.

Meses después la película llegó a los puestos de piratería, siendo un éxito entre los consumidores, ya que se presume que llegó a ser vendida hasta cien pesos, un costo bastante elevado para una película pirata. 

“Fui a un puesto y vi que tenían la película, después de un rato el chavo me reconoció y me regaló una copia de la película, le dije que necesitaba otra para la directora y me dijo que esa si me la cobraba, fueron cien varos”, comenta entre risas el tío Rober.

Esta estrategia de distribución atípica, nos muestra los caminos que deben tomar algunos cineastas independientes para poder llevar sus películas al público, buscando evitar las injusticias en cuanto a distribución de salas o repartición de las ganancias que desgraciadamente existen en nuestro país.

*Joel Fernando Jardon Madrigal, José Roberto Martínez Zárate y Samuel Eduardo Vaca Uribe son estudiantes de la Licenciatura en Comunicación y Artes Audiovisuales del ITESO. Este artículo forma parte de la investigación “Piratería audiovisual en Guadalajara parte 2” que se realiza en el Proyecto de Aplicación Profesional (PAP). Mirar la ciudad con otros ojos, otoño 2023.

Samuel Vaca. Nacido en Guadalajara, Jalisco. Estudiante de la licenciatura en comunicación y artes audiovisuales, con principal interés en dirección y guion cinematográfico, fue el encargado de dirigir el proyecto “Esto (no) es un documental pirata” proximo a estrenarse.

Roberto Martínez. Nacido en Guadalajara, Jalisco. Es estudiante de la licenciatura en comunicación y artes audiovisuales, con principal intereses en el sonido y guion cinematográfico, fue el encargado del sonido Directo en el documental “Esto (no) es un documental pirata”, proximo a estrenarse.

Joel Jardon. Nacido en la Ciudad de México, es estudiante de la licenciatura en comunicación y artes audiovisuales, con gran gusto por la fotografía y producción cinematográfica, fue el Director de fotografía de “Esto (no) es un documental pirata”, proximo a estrenarse.


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