DANDY Y CÍNICOS

«A propósito de mi corazón de reportero Chambón», escribe el editor de esta revista, José Antonio Monterrosas Figueiras, «tengo algunas aventuras literarias con ese comediante que nació el 21 de febrero de 1929, Roberto Gómez Bolaños». Recuerda además que «el creador del Chapulín Colorado, de seguir vivo, sería un vejestorio de 95 años».

Por José Antonio Monterrosas Figueiras

De estar vivo hoy, Roberto Gómez Bolaños, sería un vejestorio de 95 años, pero murió hace una década por problemas respiratorios. El 28 de noviembre de 2014, ese mismo año en que también fallecieron el músico Gustavo Cerati y el Premio Nobel, Gabriel García Márquez, se fue también el creador de personajes como El Chavo del 8 y El Chapulín Colorado. A propósito de mi corazón de reportero Chambón, tengo algunas aventuras literarias con ese comediante que nació el 21 de febrero de 1929.

I.

Estaba a punto de subir a un camión en la Ciudad de México, para viajar a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara y ¡pum! llegó la noticia del deceso del actor, comediante, director de cine, productor de televisión, escritor y guionista. ¡Ah!, y también poeta, Roberto Gómez Bolaños.

Aquella noche de viernes, dormí en el camión pensando que en la inauguración de la FIL, a la mañana siguiente, habría un homenaje muy sentido a este relevante personaje de la cultura popular mexicana. Esperaba tal vez que Raúl Padilla López (QEPD) apareciera con antenitas o gorra y que leyera los poemas de Chespirito, pero no fue así.

Eso era un exceso, claro, pero no hubo ni una sentida mención por la muerte del Shakespeare chiquito, Chespirito (pi pi pi pí). Extraño, pues, con tantos argentinos ahí reunidos –porque Argentina fue el país invitado en esa ocasión- y ellos sienten a Roberto Gómez Bolaños tan suyo como los mexicanos a Gustavo Cerati.

II.

Gerardo Lammers, ahora flamante director del Museo del Periodismo de Guadalajara, en su estupendo libro Historias del más allá en el México de hoy (Producciones el Salario del Miedo, 2012), tiene una crónica de cuando lo conoció, se llama “El último capítulo del Chavo del Ocho”. Ahí narra los pormenores de su entrevista con Gómez Bolaños en 2003, por la publicación de su libro Y también poemas (Punto de Lectura, 2003).

Lammers escribe que él sabía que la televisión engorda pero que se dio cuenta, al conocer a Chespirito, de que también agranda. “Chespirito es más bajito de lo que pensaba”, decía Gerardo, que es muy alto, tal vez igual que el Señor Girafales, yo me sentí el Chaparrón Bonaparte a su lado, la vez que lo entrevisté por ese libro de crónicas insólitas.

III.

Escribe Lammers que el cineasta Agustín P. Delgado lo apodó “el Shakespeare chiquito”, el cual degeneró en Chespirito. Un crítico —que no sabemos quién es— le dijo al periodista que “El Chavo del Ocho es el primer personaje entrañable de la miseria” y que mientras no cambie la realidad latinoamericana, “un proyecto así podía seguir funcionando siempre”, (nomás pregúntenle a ya saben quién).

“Los personajes de Chespirito”, continúa, “han ejercido una insólita fascinación sobre los latinoamericanos desde finales de la década del setenta. Con excepción de Cuba, las series de este humorista se repiten por lo menos una vez al año en todos los países de América Latina”.

Lammers no dice que Maradona (QEPD) un día llamó por teléfono a Chespirito para darle las gracias por todas las alegrías que le habían transmitido sus personajes: “Vos tenés que saber que sos mi ídolo. Que no me pierdo ni uno solo de tus programas, que a Cuba llevé un buen número de esos programas (Maradona adelantaba en la isla un tratamiento contra la adicción a las drogas), grabados en video, y que verlos era (y sigue siendo) la mejor medicina que he tenido para combatir mis estados de depresión”.

VI.

Todas estas cosas las conté precisamente ese 2014, en la cobertura de la FIL Guadalajara, en un texto llamado “Cortázar, Cerati y Chespirito” publicado en la revista Replicante. Ahí un lector de nombre Cuicatl Esteban me contestó que no sabía por qué la FIL tendría que “someterse a la campaña de televisa para presentar a su comediante menos mediocre dentro de la Expo”.

También decía que “Maradona no es una autoridad en literatura”, y aunque Maradona amara a Chespirito, “eso no validaba literariamente al comediante”. Además que esa foto con García Márquez, que ilustraba la nota, era «un simple saludo», que no había que exagerar con eso de que lo felicitaba por su libro de poemas.

Aunque en la foto en realidad quien felicita a Roberto Gómez Bolaño es Carlos Monsivais, jajaja, vale decir aquí, que el cronista definió al Chavo del Ocho como: «un revolucionario espíritu de la época”.

Por cierto, cuando le preguntaron a Chespirito sobre qué recuerdos guardaba de su encuentro con Gabriel García Márquez en el Congreso de la Lengua Española, en Zacatecas, en el año de 1997, respondió que tuvieron un tiempo muy breve para intercambiar ideas y que le agradeció la sonrisa con que lo saludó. “Con ella me dijo al mismo tiempo, sé quién eres y me gusta lo que has hecho. Me habría gustado algo más extenso pues admiro mucho a Gabo. Pero tanto a él como a mí la prensa nos arrebató».

Entonces le cuestionaron si se molestó con el periodista mexicano que le preguntó sobre ¿qué podría salir de un Congreso de Lengua Española, en donde el cómico salía como invitado? A lo que contestó que ya estaba acostumbrado a ser discriminado por los intelectuales, pero que esa vez envió una carta al periódico donde expresó que él sí tenía derecho de estar en ese congreso.

«Sé que no soy un intelectual”, dijo Chespirito, “no conozco mucho de la literatura de muchos de los grandes escritores” agregó, “pero manejo mi idioma, el hermoso español», finalizó.

Al termino de todo, el reportero dio una respuesta que parece que le agradó a Gómez Bolaños por lo simpática, ya que en resumen dijo: «perdón, Chespirito, fue sin querer queriendo».

V.

Otro momento con el realizador de películas como El Chanfle (México, 1979), fue en la edición del 2017 de la Feria Internacional del Libro del Estado de México, donde yo no encontré algo realmente interesante, salvo la charla de la investigadora y educadora Ivonne Lujano sobre el directorio de Revistas Científicas, DOAJ le llaman, pero una tremenda lluvia que cayó esa tarde de jueves 31 de agosto y el sitio donde ubicaron a Ivonne, en un rincón maltrecho en la enorme carpa que cubría la Plaza de los Mártires, en el centro de Toluca, hizo que su exposición se viera estropeada.

Luego de ello, me di una vuelta por la FILEM y me percaté que había un homenaje a Roberto Gómez Bolaños, ¿un homenaje latinoamericano al creador de Chespirito?

«Sé que no soy un intelectual”, dijo Chespirito, “no conozco mucho de la literatura de muchos de los grandes escritores” agregó, “pero manejo mi idioma, el hermoso español», finalizó.

Sí, ahí había tanto fotografías intervenidas y dibujos con temáticas de los personajes de El Chavo del 8, El Chapulín Colorado, etcétera. Me llamó la atención ver reunidos trabajos de países como Uruguay, El Salvador, Argentina, Cuba, Brasil, Colombia y también, por supuesto, México. Incluso Estados Unidos y Canadá.

No me queda claro a razón de qué fue este homenaje, pero había unas imágenes muy simpáticas como aquella de un Che Guevara con cara de Roberto Gómez Bolaños que tenía una leyenda que decía: “¡Chespirito, hasta la sonrisa siempre!”.

El cartel oficial del homenaje que tenía el rostro de un casi “cubista” Chavo del Ocho, lo acompañaba la siguiente leyenda: “…Sígame los buenos. Homenaje de artistas latinoamericanos a Chespirito”. Hubiera sido bueno escuchar a Alberto Chimal, escritor oriundo de Toluca, sobre cuál fue su relación con, tal vez, el Chapulín Colorado.

VI.

Hace algunos años, en la Feria del Libro del Palacio de Minería de la Ciudad de México, que comienza este 22 de febrero su edición 45, vi un título en el stand de la Universidad Nacional de Nuevo León, precisamente, sobre el Chapulín Colorado.

Me pareció interesante que el profesor titular de Estudios Culturales Latinoamericanos y director del Departamento de Estudios Interdisciplinarios de City College of the City University of New York, le dedicara tiempo a un personaje que a muchos les parece una bobería televisiva.

En el libro ¡No contaban con mi astucia! México: Parodia, Nación y sujeto en la serie de El Chapulín Colorado (UANL, 2014), en el que su autor, Carlos Aguasaco, hace un estudio detallado de los 256 episodios que constituyeron la serie televisiva de El Chapulín Colorado, recuerda, por ejemplo, que el tío de Chespirito, del creador de ese superhéroe mexicano, fue Gustavo Díaz Ordaz, o mejor dicho: José Gustavo del Santísimo Sacramento Díaz Ordaz Bolaños Cacho.

Dice Guasaco que Gómez Bolaños en su autobiografía Sin querer queriendo (Aguilar, 2006) apuntó lo siguiente: “¿Sabes qué? –le dije a mamá-. No voy a ver al tío Gustavo de aquí a 1970, cuando termine el sexenio en que gobernará él”. Parece que en esa decisión no se le chispoteó al comediante, pues al parecer “fue tomada únicamente en función de las posibles influencias que se pueden atribuir a los parientes del presidente del país, influencias que yo –explicó- no necesitaba y que, por demás está decirlo, jamás solicitaría”.

Advierte el también coordinador del Americas Film Festival of New York y dirigente del The Americas Poetry Festival of New York que era obvio que a pesar de que Chespirito no quisiera reconocer en público, las relaciones sociales marcaron la carrera del comediante “que para la época en que su tío fue elegido presidente ya conocía a Emilio Azcarraga Milmo quien tendría más influencia en su vida que su tío, pues para Gómez Bolaños los Azcárraga y su empresa representaban “un modelo de organización superior al estatal”.

No deja de ser interesante que bajo ese contexto, Roberto Gómez Bolaños creó a El Chapulín Colorado, que como reflexiona Guasaco, “mientras en el modelo cervantino la precariedad, de las armas del héroe está determinada por la voluntad creadora del autor, en el caso del Chapulín el contraste se da por su necesidad de ‘competir’ en el mercado con los productos audiovisuales estadounidense, las series y las películas de Superman y Batman”.  

Por cierto, El Chapulín Colorado originalmente se llamaría El Chapulín Justiciero, pero el primero, señaló Chespirito: “representaba una doble ventaja: una singular eufonía y una asociación con el célebre remate de los cuentos ´colorín colorado, este cuento se ha acabado’”.

José Antonio Monterrosas Figueiras es periodista cultural y cronista de cine. Es editor cínico en Los Cínicos. Ha colaborado en diversas revistas de crítica y periodismo cultural. Conduce el programa Cinismo en vivo.


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