DANDYS Y CÍNICOS

Empecé a sentir cómo bajaba la temperatura, en tanto, veía cómo se juntaban grupos de vecinos que miraban hacia el cielo con sus lentes oscuros, como si buscaran otra dimensión allá arriba; observé cómo el tono de la luz iba matizando los colores en el cuerpo de las hojas de los árboles y cómo, al mismo tiempo, en el piso, empezaban danzar decenas de lunas de luz.

Por José Antonio Monterrosas Figueiras

Viví el eclipse de este lunes, 8 de abril, en el parque que se encuentra fuera de casa, acá en Guadalajara. Poco antes de las doce del día, me senté en una banca donde había algo de sombra gracias a un árbol. Empecé a sentir cómo bajaba la temperatura, en tanto, veía cómo se juntaban grupos de vecinos que miraban hacia el cielo con sus lentes oscuros, como si buscaran otra dimensión allá arriba; observé cómo el tono de la luz iba matizando los colores en el cuerpo de las hojas de los árboles y cómo, al mismo tiempo, en el piso, empezaban danzar decenas de lunas de luz.

Hace 33 años vivimos en México un eclipse como el de este lunes del mes de abril. Fue el 11 de julio 1991. Yo era un niño de 12 años y recuerdo que vi, desde la azotea del edificio donde vivía, cómo la ciudad -la misma en la que ahora me encuentro- se iba oscureciendo para que luego comenzara a amanecer, así como ahora pudieron apreciarlo en Mazatlán, Sinaloa, durante 4 minutos y 20 segundos, miles de personas. ¿Los músicos de allá habrán dejado los instrumentos al lado un momento, para luego regresar con el corrido del eclipse bandolero?

En los minutos de este lunes, en los que la luna se ponía entre la tierra y el sol, pensé en algunas películas; una fue la del cineasta danés Lars von Trier, llamada Melancolía, donde un planeta con ese nombre tiene un impacto irremediable con la tierra; la otra, Luz silenciosa, del mexicano Carlos Reygadas, la cual inicia con un largo amanecer, que vamos viendo, mientras los pájaros cantan.

En los minutos de este lunes, en los que la luna se ponía entre la tierra y el sol, pensé en algunas películas; una fue la del cineasta danés Lars von Trier, llamada Melancolía, donde un planeta con ese nombre tiene un impacto irremediable con la tierra; la otra Luz silenciosa, del mexicano Carlos Reygadas, la cual inicia con un largo amanecer, que vamos viendo, mientras los pájaros cantan.

José Antonio Monterrosas Figueiras

Casi al final del eclipse, un vecino se acercó a saludarme. Su pequeño hijo ya estaba aburrido. Le pedí que me prestará su casco con filtro que tenía entre las manos, para alcanzar a ver algo del eclipse. Miré un par de segundos, los mismos que tardaron en que la gente desapareciera del parque y que la vida tomara de nuevo su cotidiano acelerado.

Antes de tomar mi taza de café, la libreta de notas, un libro, el celular y los lentes de sol que se encontraban en esa banca donde aprecié ese momento que no volverá a suceder uno similar hasta dentro de 28 años, en el año de 1952, escribí estas palabras. Hemos vivido un eclipse y eso está bien.

Retomo las ideas de la fotógrafa Berenice Fregoso, luego de mirar algunas fotos en blanco y negro que hizo ella durante el eclipse y que compartió en su Facebook: «Cuando todos miran al cielo, es buen momento de atesorar como la luna y el sol brillan juntos sobre el suelo».


José Antonio Monterrosas Figueiras es periodista cultural y cronista de cine. Es editor cínico en Los Cínicos. Ha colaborado en diversas revistas de crítica y periodismo cultural. Conduce el programa Cinismo en vivo.

José Antonio Monterrosas Figueiras es periodista cultural y cronista de cine. Es editor cínico en Los Cínicos. Ha colaborado en diversas revistas de crítica y periodismo cultural. Conduce el programa Cinismo en vivo.


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