DANDYS Y CÍNICOS
El mundo está en mi cabeza
Este martes, 30 de abril, falleció el escritor estadounidense Paul Auster. Qué tenga buen viaje, su dolor ha terminado. Nos quedan por fortuna sus libros, además de estas frases que trascienden en este polvo acumulado.
Por José Antonio Monterrosas Figueiras

Este martes, 30 de abril, falleció el escritor estadounidense Paul Auster. Las noticias dicen que tenía 77 años de edad y que un cáncer de pulmón que padecía finalmente se lo llevó, que apenas hace un año su esposa, la también escritora Siri Hustvedt, anunciaba esta triste noticia sobre la enfermedad que aquejaba a su esposo.
“He estado alejada de Instagram por un tiempo. Es porque a mi esposo le diagnosticaron cáncer en diciembre después de haber estado enfermo durante varios meses antes. Ahora está siendo tratado en Sloan Kettering en Nueva York y yo he estado viviendo en un lugar que llamé Cancerlandia. Muchas personas han cruzado sus fronteras, ya sea porque están o han estado enfermos o aman a alguien, un padre, hijo, cónyuge o amigo que tiene o ha tenido cáncer. El cáncer es diferente para cada persona que lo tiene. Todos los cuerpos humanos son iguales y no hay dos iguales”, comentó en su momento la autora de Recuerdos del futuro, Todo cuanto amé, entre otros.
Las noticias dicen también que Auster murió en su casa en Brooklyn, que estuvo rodeado de su familia, su esposa, Siri Hustvedt, y su hija, la cantante Sophie Auster. Que hace unos meses había publicado su novela «Baumgartner», la cual me gustaría leer ya. El escritor, por otro lado, termina su vida casi el mismo día que su hijo, Daniel Auster, pero con dos años de diferencia y ya sabemos lo fúnebre en esa historia.
Una curiosa coincidencia, personal, es que justo hoy me asomaba por el libro que tengo de Paul Auster a la mano, «Un hombre en la oscuridad», su nombre. Al rato llegó la noticia de su deceso y abrí ese libro. Ahí subrayé la siguiente frase, que dejo por acá: «Dejemos que mis memorias a medio terminar acumulen un poco de polvo, de momento».
José Antonio Monterrosas Figueiras
Una curiosa coincidencia, personal, es que justo hoy me asomaba por el libro que tengo de Paul Auster a la mano, «Un hombre en la oscuridad», su nombre. Al rato llegó la noticia de su deceso y abrí ese libro. Ahí descubro que subrayé la siguiente frase, no se cuándo, que comparto por acá: «Dejemos que mis memorias a medio terminar acumulen un poco de polvo, de momento».
Estas palabras me hacen pensar que aunque como muchas cosas en mi vida, mis lecturas han sido muy desordenadas, Paul Auster no podría ser la excepción, démosle su tiempo. Permanece en mí ese libro llamado La invención de la soledad, el libro que Auster escribió tras la muerte de su padre, una mañana de enero de 1979 y “fue el comienzo de todo».
Ahí mismo está una idea fundamental de Heráclito que retumba en mi cabeza constantemente, que dice que: «Si buscas la verdad, prepárate para lo inesperado, pues es difícil de encontrar y sorprendente cuando la encuentras».
Pero algo que insopechadamente está en mí, que no olvido ni con cinco mezcales encima, es una frase que me parece muy profunda y que la puedo repetir casi con los ojos cerrados y aunque pareciera un simple juego de palabras, creo que tiene, insisto, su profunidad y que entre más la repita, va tomando mucho más sentido. Ésta dice así: «El mundo está en mi cabeza, mi cuerpo está en el mundo».
Este es el inicio de Notas de un cuaderno de ejercicios, de 1967. Le sigue otra: «El mundo es mi idea. Soy el mundo. El mundo es tu idea. Eres el mundo. Mi mundo y tu mundo no son el mismo».
Qué tenga buen viaje Paul Auster, su dolor ha terminado. Nos quedan por fortuna sus libros, además de estas frases que trascienden en este polvo acumulado.
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José Antonio Monterrosas Figueiras es periodista cultural y cronista de cine. Es editor cínico en Los Cínicos. Ha colaborado en diversas revistas de crítica y periodismo cultural. Conduce el programa Cinismo en vivo.







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