COBERTURA CÍNICA PARÍS OLÍMPICO 2024
La última cena queer que no fue, Minions y las arqueras mexicanas que sí le atinan
¡Qué viva México y Francia! Aunque como dijera el clásico: «Ningún chile les embona», ni aquí ni allá ni acullá, pues ¿por qué estuvo en la fiesta inicial de los Juegos Olímpicos en París, Céline Dion -que cantó como una Diosa a pesar del terrible sindrome de persona rígida que le aqueja- y no los del movimiento músical French House, Daft Punk, que hasta donde sé ya se desintegraron?
Por José Antonio Monterrosas Figueiras

Comenzaron los Juegos Olímpicos en París. Su inauguración ha superado cualquier otra por el simple hecho de que estos se salieron de la caja llamada estadio. Francia mostró además al mundo -en cuatro horas- sus defectos, sus virtudes y sobre todo sus contradicciones en temas políticos, artísticos y sociales. Por eso sorprende que haya indignación de cristianos por la supuesta última cena queer, que luego el mismo Comité Olímpico pusiera la mejilla y el director artístico Thomas Jolly pusiera la otra explicando que no era eso sino otra cosa, que era “La fiesta de los dioses” de Jan Hermansz van Biljert con Apolo, Hércules y otras figuras mitológicas. O sea, todo mal, que obvio que era la última y orgiástica cena, representada en el país de la Sumisión de Michel Houellebeq, previo al duro andar de los atletas por las disciplinas superiores del Olimpo deportivo. Qué querían… ¿Su lechita y a dormir?
Momentos memorables pasaron entre el arte, la política, el deporte y la vida parisina -sin burca, gracias Mahoma-. Tal vez uno de los más emocionantes fue cuando el grupo de deportistas Carl Lewis, Rafa Nadal, Nadia Comaneci y una visiblemente emocionada y apunto del vómito Serena Williams -que aguantó como heroína sin capa- viajando de pie en un barco que iba a una velocidad considerable sobre el río Sena, rompiendo la tranquilidad del agua cristalina y pura, sosteniendo la antorcha olímpica que a ratos se pasaban de manos estos cuatro fantásticos y al fondo había una torre Eiffel con luces que danzaban al ritmo de “Supernature” del músico y DJ francés, Marc Cerrone, mientras llovía en esa París de un Clímax cinematográfico, a la Gaspar Noé.
Y hablando de cine, por obvias razones, me llamó la atención el fragmento dedicado al séptimo arte, que inició con animaciones dedicadas a los hermanos Lumière, pasando luego por El viaje a la luna, de Georges Méliès, hasta finalmente llegar a los primos hermanos de la mascota olímpica Phryge, los Minions. Que muchos se preguntaron: ¿y por qué esos locos personajes amarillos estuvieron ahí? Pues porque uno de sus creadores es francés, Pierre Coffin, además de que el director de Mi Villano Favorito, Chris Renaud, vive en Francia.
Por último, decir que me gustó la idea de que todo fuera un camino a recorrer, un navegar por un río y un continuar así la inauguración que también fue construida a partir de las microhistorias grabadas por todos los celulares de los asistentes, además de la misma “transmisión televisiva tradicional”, para los que no estábamos en París. Y no es que a partir de ahora las inauguraciones tengan que ser así, pero seguro será difícil imaginar que las próximas sean en un estadio y punto. O tal vez sí.
Momentos memorables pasaron entre el arte, la política, el deporte y la vida parisina -sin burca, gracias Mahoma-. Tal vez uno de los más emocionantes fue cuando el grupo de deportistas Carl Lewis, Rafa Nadal, Nadia Comaneci y una visiblemente emocionada y apunto del vómito Serena Williams -que aguantó como heroína sin capa- viajando de pie en un barco que iba a una velocidad considerable sobre el río Sena, rompiendo la tranquilidad del agua cristalina y pura, sosteniendo la antorcha olímpica que a ratos se pasaban de manos estos cuatro fantásticos.
José Antonio Monterrosas Figueiras

El arquitecto e investigador español, Iván Vélez, en su texto «La última cena queer» publicado en La Gaceta española, apuntó algo que vale la pena reflexionar aquí: «El Sena, convertido en una pasarela, contrasta, sin embargo, con barrios en los que han desaparecido los lemas revolucionarios evocados por la cabeza de María Antonieta, también exhibida al mundo como un extraño trofeo. Lejos del río, la sharía ha arrumbado muchos de los logros de una sangrienta revolución que dio paso a la famosa grandeza francesa sustentada, en gran medida, en un colonialismo que todavía mantiene el franco CFA». Amén.
Por cierto, algunos se quejaron que cómo fue posible que los lentes de las cámaras que dieron seguimiento a todo este show tuvieran gotas de lluvia, pienso que eso dio muestra de un sentido de realidad e imperfección, en eso que las Olimpiadas intentan ser siempre todo lo contrario: juegos de pulcritud absoluta, que pueden borrar los espacios de tolerancia, amistad y diversidad. Las contradicciones de estos eventos que a veces por querer sumar acaban restando. Nomás recordar las Olimpiadas en México de 1968, que sucedieron diez días después de la masacre de estudiantes en Tlatelolco, por anidar el comunismo en en nuestro país.
Las arqueras mexicanas de bronce

Como soy mexicano, aunque me es un tanto chocante esto del «como México no hay dos» y cantar el Cielito lindo para mostrar mi mexicanidad, no pude evitar sentir cierto orgullo en el pecho por el triunfo de las mexicanas Alejandra Valencia, Ana Paula Vázquez y Ángela Ruiz, ésta última cumplió 18 años ese mismo día, 28 de julio, en que se impusieron a Países Bajos y lograron el bronce en equipos femeniles de tiro con arco. El caso de Ana Paula, quien hizo el último tiro, es inspirador, porque ella ha contado que en un inicio de su carrera deportiva, sobresalió en futbol americano, hasta que un día se lastimó físicamente. Así que su mamá la metió a la fuerza a tiro con arco. Además la emoción que transmitió la ex campeona olímpica en esta disciplina, Aída Román, medallista de plata en Londres 2012, en su narración, desde el canal de Claro Sports, al ver cómo ganaban este trío de chicas, fue único, parecía que les estaba hablando a ellas al oído.
¡Qué viva México y Francia! Aunque como dijera el clásico: «Ningún chile les embona», ni aquí ni allá ni acullá, pues ¿por qué estuvo en la fiesta inicial de los Juegos Olímpicos en París, Céline Dion -que cantó como una Diosa a pesar del terrible sindrome de persona rígida que le aqueja- y no los del movimiento músical French House, Daft Punk, que hasta donde sé ya se desintegraron?
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José Antonio Monterrosas Figueiras es periodista cultural y cronista de cine. Es editor cínico en Los Cínicos. Ha colaborado en diversas revistas de crítica y periodismo cultural. Conduce el programa Cinismo en vivo.







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