DANDYS Y CÍNICOS

«Llevo muchos más años fuera de Lagos que en Lagos», dijo durante la charla el hombre que en ese momento era ya un ser iluminado. «Por eso es una novela de volver», concretó casi levitando frente a su lectores. «Digamos que la cronología es tal cual, el personaje vuelve treinta y tantos años de haberse ido de ahí y es lo que me ha pasado a mí».

Por José Antonio Monterrosas Figueiras

La Central Camionera de Lagos de Moreno. Foto: Juan Pablo Villalobos.

Hace 21 años Juan Pablo Villalobos se fue de México. El viaje a Barcelona para estudiar se volvió al tiempo su hogar. La distancia de su país le ha permitido desde su literatura reconstruirlo y en particular desde una trilogía que este año culminó. Las tres novelas que la conforman son: No voy a pedirle que me crea (Anagrama, 2016), Peluquería y letras (Anagrama, 2022) y finalmente El pasado anda atrás de nosotros (Anagrama, 2024). Es esta última la que lo tiene de vuelta a Guadalajara y al lugar donde todo comenzó.

Fue la tarde del martes, 20 de agosto, en la que el novelista que gusta de escribir historias de humor negro, acompañado de la escritora Abril Posas, que se reunió de nuevo con un grupo de lectores en Guadalajara, no todos los que pudo haber convocado al menos aquella ocasión, pero así es Guadalajara de rara. No faltaron, por ejemplo, los que al compartir las fotos del evento en el Instagram, me preguntaron sorprendidos de… “¿Está Juan Pablo Villalobos por acá?” “¿Acaba de empezar la presentación o ya va a terminar?” Y es que Villalobos además de tener siete novelas y un libro de crónicas, tiene dos adaptaciones al cine de: No voy a pedirle a nadie que me crea, dirigida por Fernando Frías de la Parra, y Fiesta en la madriguera, con guion de Nicolás Giacobone y dirigida por Manolo Caro, que ambas se pueden ver en Netflix.

En el patio de la librería Gandhi que se encuentra en la famosa colonia Americana, el escritor conversó sobre temas relacionados con su literatura humorística, también sobre su tía que siempre está en las presentaciones de sus libros -y esta no podía ser la excepción- para decir lo mismo de siempre, esto es, advierte Juan Pablo con cierta gracia por esa escena familiar: “que lo admira mucho”. Sin embargo falló en esta ocasión el hábil creador de historias, porque ella le tenía otra cosa muy diferente que decir y esto fue que el ahora escritor cincuentón, sigue teniendo el buen humor que tenía cuando era chiquito.

No podía faltar que se hablara de Lagos de Moreno, el poblado donde nació en 1973 el autor de libros como Si viviéramos en un lugar normal (Anagrama, 2012), No estilo de Jalisco (Realejo/Bateia, 2014, escrita en portugués y publicada únicamente en Brasil con motivo del Mundial de futbol) y Te vendo un perro (Anagrama, 2015). Esto vino a cuento, no sólo porque el Odiseo tapatío esté de vuelta a su Ítaca Guadarranchera, sino porque en la última parte de esa trilogía en una de sus primeras páginas hay una foto en blanco y negro de esa ciudad ubicada en la región Altos Norte de Jalisco.

Éste es un sitio que suele ser conocido más allá del bajío mexicano por la violencia producto del narco y, claro, por las novelas de Juan Pablo Villalobos que no son narconovelas, aunque hay condimentos sobre este tema. Recordó, por ejemplo, que su primer libro Fiesta en la madriguera, el narco está presente porque el papá del niño de la historia, que quiere un hipopótamo para su zoológico privado, es un narcotraficante poderoso, pero esto no -enfatiza el escritor-, hace que esa novela sea una narconovela, lo que pasa es que el narco es parte de la vida en México, y siempre aparece de manera directa o indirecta en cualquier historia relacionada con este narcopaís. 

Es así que en las primeras páginas de la nueva novela, como ya dije, se ve una foto  que es la entrada de un lugar: «Bienvenido a Lagos de Moreno, Jal. Tierra bendita de dios», se lee en un letrero arriba de una puerta de cristal. Así lo hace ver una de las asistentes a los demás que estamos ahí reunidos al mostrar el libro, que somos tal vez tres mariachis completos y pare de contar. La mujer se siente un tanto indignada e incluso se tilda de “provinciana», por no saber de Juan Pablo Villalobos antes y descubrir que ese ahora afamado escritor creció en el mismo lugar y con la misma gente que ella, como lo confirma al mirar ese registro fotográfico de la Central Camionera. Para Villalobos, sin embargo, Lagos de Moreno es una metrópoli comparada con muchas ciudades en España.

Recordó que «casi siempre llega en camión a Lagos en camión, ya sea de México o Guadalajara». Confesó además que esa foto la tiene repetida varias veces en su celular, pues cada vez que ha viajado a Lagos de Moreno hace un registro de ese mismo espacio y lo tuitea. Cuando terminó el libro, se acordó de esa imagen y le pareció «quedaba bonita ponerla ahí».

Recordó que casi siempre llega en camión a Lagos, ya sea de México o Guadalajara. Confesó además que esa foto la tiene repetida varias veces en su celular, pues cada vez que ha viajado a Lagos de Moreno hace un registro de ese mismo espacio y lo tuitea. Cuando terminó el libro, se acordó de esa imagen y le pareció «quedaba bonita ponerla ahí».

Por cierto, ahora que Villalobos volvió a esa Central Camionera, esto le provocó «esa sensación, de cómo entra la luz, porque no sólo es letrero ahí» subrayó, «hay una cosa muy rara» pues con tono irónico explicó que «llegar a una Tierra bendita de dios como dice el letrero, se ve como que ahí pusieron una claraboya para que baje la luz, como si realmente te va a caer la bendición de dios cuando atravieses la puerta de la central camionera».

«Llevo muchos más años fuera de Lagos que en Lagos», dijo durante la charla el hombre que en ese momento era ya un ser iluminado. «Por eso es una novela de volver», concretó casi levitando frente a su lectores. «Digamos que la cronología es tal cual, el personaje vuelve treinta y tantos años de haberse ido de ahí y es lo que me ha pasado a mí». Esto último hay que creer la mitad a Juan Pablo Villalobos, pues ya ha dicho que en sus novelas todo es ficción, salvo lo que sí es verdad.

Juan Pablo Villalobos y Abril Posas cerca de esa bendita tierra de Dios. Foto:José Antonio Monterrosas Figueiras.

La extrañeza también se intentó retratar en esta última parte de su trilogía, igual que como ahora que volvió a su terruño y lo llevaron a lugares que él no sabía que existían, ya saben, centros comerciales, Oxxos que están por todos lados y Farmacias Guadalajara.

Con todo esto, pienso yo que además de que llegó de vuelta el hijo pródigo de Lagos de Moreno, como casi le dijera Abril Posas a Juan Pablo Villalobos al inicio de la presentación, pero expresó que era muy dramático, algo ahí sucedió que  vino directo de esa tierra bendita, porque la respuesta de Juan Pablo Villalobos –sin micrófono además, a pesar de tener uno y una bocina ahí al lado pero apagados- fue opacada por un estruendoso repiqueteo de las campanas de una iglesia cercana que sonaron en ese momento, lo que le dio a todo esto un toque francamente celestial.

José Antonio Monterrosas Figueiras es periodista cultural y cronista de cine. Es editor cínico en Los Cínicos. Ha colaborado en diversas revistas de crítica y periodismo cultural. Conduce el programa Cinismo en vivo.


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