DANDYS Y CÍNICOS
Algunas historias monstruolizantes con el del cumpleaños
Hace 60 años, el 9 de octubre de 1964, nació el fenomenal Guillermo del Toro. Rescato aquí siete momentos monstrulizantes con el cumpleañero que van del año 2015 cuando volvió a su tierra, Guadalajara, hasta el 2023 en el que ganó el Oscar a mejor película animada, con Pinocho.
Por José Antonio Monterrosas Figueiras

Hace 60 años, el 9 de octubre de 1964, nació el fenomenal Guillermo del Toro. Su trayectoria consta de doce largometrajes. Estos son: Cronos, Mimic, El espinazo del diablo, Blade II, Hellboy, El laberinto del Fauno, Hellboy 2, Pacific Rim, La cumbre escarlata, La forma del agua, El callejón de las almas perdidas y Pinocho. Del Toro ha ganado premios como el Goya. el Ariel o el Globo de Oro y el Oscar. Fundó el Festival Internacional de Cine de Guadalajara y fue creador de la Beca Jenkins-Del Toro para jóvenes mexicanos que busquen hacer una carrera en cine. Recientemente anunció, a través de sus redes sociales, que había terminado el rodaje de Frankenstein, su décimo tercer filme, protagonizado por Jacob Elordi, Oscar Isaac, Mia Goth y Christoph Waltzlo, el cual pronto llegará a Netflix. Este dia para festejarlo, en la Cineteca de Guadalajara, donde haý una sala de cine con el nombre del también guionista y productor, se proyectará, a las 19:30 horas, la película animada Pinocho. Rescato aquí algunos momentos con el cumpleañero que van del año 2015 cuando volvió a su tierra, Guadalajara, hasta el 2023 en el que ganó el Oscar a mejor película animada, con Pinocho.
I. La hecatombe de Guillermo del Toro (11 de marzo de 2015)
El día de Guillermo del Toro en Guadalajara fue el lunes 9 de marzo de 2015. Pareciera que sus palabras de que una hecatombe nos va llevar a todos “a la chingada” se puede cumplir, pues el clima habitualmente cálido de esta ciudad se volvió a frío y lluvioso poco después de pararse frente a sus fanáticos —incluidos muchos periodistas que clamaban por un autógrafo del cineasta; uno que pedía estrechar su mano—. Esto en la conferencia de prensa, en el marco del Festival Internacional de Cine, donde se le recordó el secuestro de su padre, lo cual impactó su vida como para no querer regresar a vivir a México.
A las cuatro de la tarde, en la Sala Isela Vega, Guillermo del Toro conversó con el crítico de cine Leonardo García Tsao, pero el desorden —otra señal de la Hecatombe, tal vez— se hizo presente pues mientras adentro había unas 150 personas, afuera un grupo más numeroso de jóvenes querían estar cerca del cineasta. Las pantallas afuera de la sala no eran una opción para aquellos que deseaban preguntarle —rara vez cuestionarlo— si le interesaba ver sus animaciones o nada más agradecerle la visita.
La molestia de muchos de los asistentes que lograron entrar y de otros muchos que se quedaron afuera terminó en que el mismo Guillermo del Toro propusiera una función más con él a las 7:30 de la noche. De las 8 a las 10 el cinesta tapatío contestó cualquier cantidad de preguntas de un público devoto.

No faltó el tema político: “Me gustó mucho cuando Alfonso publicó su famoso desplegado de Las diez preguntas [al Presidente Enrique Peña Nieto]. Y somos amateurs, no somos políticos profesionales, a lo mejor decimos muchas pendejadas, pero somos ciudadanos; los políticos tienen derecho de decir pendejadas, nosotros también”.
El animador yucateco Daniel Irabién comenta el entusiasmo por Del Toro: “En este país si no te crucifican te endiosan”. La presentación parecía más un ritual de una secta religiosa. Al final sacaron a Del Toro como pudieron del auditorio y hasta cerca de las 10:30 continuaba firmando libros y películas.
¿Dónde está el cine de terror mexicano en Guadalajara?
“Se puede hacer una película de horror sobre México profundamente potente, porque vivimos en un mundo actualmente alucinante”, dijo Guillermo del Toro. Habrá que recordarle que hay un filme que cuenta las tradiciones y leyendas “más despiadadas, brutales y bizarras de México”: México bárbaro (2014), de ocho cineastas mexicanos, entre ellos Ulises Guzmán Reyes y Michel Grau, directores de Alucardos. Retrato de un vampiro y Somos lo que hay, respectivamente; dos filmes de terror que le gustaron al director de Titanes del Pacífico. Antes de México bárbaro, en el 2013 se exhibió el cortometraje Sajkil! en el Festival Mórbido Mérida, que convocó a quince jóvenes cineastas de esa ciudad para realizar quince cineminutos de terror para armar un cortometraje.
Al compartir en el muro de Facebook del cineasta Ulises Guzmán el audio donde Guillermo del Toro aplaude su documental sobre la película de culto Alucarda, de Juan López Moctezuma, dijo que en 2011 no fue aceptado para competir en Guadalajara: “Guillermo del Toro en el FICG […] menciona a Alucardos Retrato Película como un ejemplo del tipo de cine fantástico que debe de hacerse en México… Menciona también la peli de otro director de México Bárbaro Film del cual soy fan: Somos lo que hay, de Jorge Michel Grau… De mi parte un honor que un trabajo mío sea citado por un genio de la cinematografía contemporánea, además precisamente en un festival que no la aceptó en selección… Del Toro dijo que le gustaría ver una película de terror que trate el contexto de terror que vive nuestro país: que alguien le enseñe MÉXICO BÁRBARO ya!!! Qué lástima que no la proyecten en el FICG”.
Gerardo Salcedo Romero, programador del FICG en ese tiempo, ahora ya fallecido, dijo que esa misma película —que tanto le gustó a Del Toro— “se inscribió y que no quedó en la selección final…”.
¿Podría ser Hecatombe la siguiente película de Guillermo del Toro? “De la hecatombe no nos vamos a salvar nadie (sic) y eso me encantaría que lo entendiera la clase política, que lo entendieran los que se dedican al narco de lleno […] De la hecatombe no nos vamos a salvar nadie, el pedo del apocalipsis es que no queda nadie y México está a punto de vivir un apocalipsis social. Lo creo firmemente y el que los medios no lo repliquen abiertamente no quiere decir que no ocurra, y eso es lo trágico”.
O Del Toro nos toma el pelo cuando afirma que tiene más películas de comedia en su casa que de otros géneros y viene, causalmente, apoyando una película cómica en competencia, dirigida por el tapatío Celso García, producida por su amiga Bertha Navarro y Alejandro Springall, actuada por Damián Alcazar —el ajonjolí de todos los directores— y Joaquín Cosío —el exCochiloco— o qué pasa. Esto, más que a terror o comedia, huele a tragicomedia mexicana.
II. La forma del desagüe (31 de octubre de 2017)
Guillermo del Toro contaminó mi corazón de perro rabioso. Es como un sacerdote de un amor gordo que se despega el chicharrón de la playera cada vez que dice una frase guadarranchera. Guillermo del Toro estuvo en la ciudad de Morelia, donde ya estuvo un personaje que dijo que México estaba maldito por ser guadalupano —ya ni lo es tanto, ahí tienen a la Santa Muerte— y que podría pronto tener el peluche redondo y bendito —como ese del Papa Francisco en los puestos de periódicos, de Morelia, a 150 pesos— con galleta de la suerte incluida que tuviera hermosas frases, tales como: “Cuando te enamoras, reconoces algo de ti en esa persona”, “El amor enmudece, el amor rebasa la palabra”, “Lo que te hace defectuoso es lo que te hace interesante” o “El amor no tiene forma, como el agua”.
Por cierto, la última vez que vi a Guillermo del Toro, antes de Morelia, fue en el festival de cine de su tierra, hace dos años, cuando hablaba de la hecatombe y esas tragedias que estaban por venir —¿habrá sido el terremoto del 19 de septiembre en la Ciudad de México al que se refería?—.
La locura por el “gordo maleducado”, como se llegó a definir él mismo, no paró y la generosidad del realizador fue absoluta y desbordante. El viernes 27 de octubre, siendo las cinco de la mañana, jóvenes Millennials ya hacían fila afuera del Teatro Melchor Ocampo, y dos días antes hasta el cineasta húngaro Béla Tarr corrió para sentarse en una butaca y ver el décimo filme de Memo.
La forma del agua es la historia de un amor cínico sumergido en aguas negras, que podría llamarse La forma del desagüe porque en esta historia la bella no es tan bella y la bestia no es tan bestia, es decir, que la bella tiene algo de bestia y la bestia tiene algo de bella, porque para del Toro el enamoramiento se reconoce primero en las similitudes y luego en las diferencias. Y aunque su historia es de una mujer muda e invisible para la alta sociedad, que limpia la mierda y los orines de los baños y los laboratorios de científicos que realizan experimentos en los tiempos de la Guerra Fría, en Estados Unidos, en el filme se ponen ciertos elementos que nos traen a la época actual, como es el interpelar a la masculinidad de estos días sobre: ¿qué significa ser hombre?
Queda claro que a la mujer de hoy le dan tedio las formas en que se veía “al marido mítico”: ese esposo/sponsor y macho mexicano/universal de los sesentas, frente a un dios del amazonas que lo traen para que ese “marido mítico”/científico cabrón —con sueño americano incluido— que no se lava las manos al mear, amaestra a esa bella bestia acuosa, de la que se enamora la chica muda bestialmente bella y común.
El amor entre la bella no tan bella y la bestia no tan bestia es de otra manera al de una mujer bienvestida en la cama matrimonial con un hombre/macho que sólo quiere escuchar los chillidos de «su mujer». La comunicación entre la bella no tan bella y la bestia no tan bestia es a partir del lenguaje de señas y de la mirada. Ahí están los amantes tocándose los dedos discretamente mientras ven la película, porque con las manos se puede reconocer al “mostro” del otro, el cíclope, el mundo y la tibieza del amor. Eso que el escritor argentino Julio Cortázar escribió en su «Rayuela» (Capítulo 7).

«Soy mexicano», entre las risas y aplausos del público presente, continuó: «¿Sabes? En cierto sentido nadie ama la vida más que nosotros, porque somos muy conscientes de la muerte. La belleza de la vida convive de cerca junto al único lugar al que todos vamos a ir: todos en este planeta estamos en un tren cuyo destino final es la muerte. Así que durante el camino vamos a vivir: tendremos belleza y amor y libertad. Creo que cuando se suprime uno de los dos lados de la ecuación [la oscuridad o la luz], se convierte en un panfleto. Cuando tomas en cuenta la oscuridad para contar la luz, es la realidad».
Guillermo del Toro
Además, del Toro dice que la solución para ser felices es pensar en el otro, porque cuando piensas en el otro estás satisfecho; afirma que el remedio para la soledad es mirarse en los ojos del otro y en el cine. Y es que si algo tienen en común el amor y el cine es la mirada. Me parece que el cineasta nos presenta un filme donde hay una historia de la mirada, de su propia mirada después de diez versiones de sus “mostros” amorosos. En La forma del agua, la bella terrenal se queda con la bestia acuosa, aunque pareciera que es al revés (¡Spoiler spolier spoiler!). «Es que el cine es más grande que tú y que yo». Ahí el amor de la mirada efímera y trascendente.
A del Toro le encantaría seguir conversando con sus «mostros» mexicanos, autografiarles hasta la garra del pie izquierdo y comer tacos sudados toda la noche con aquellos que lo persiguen por la ciudad, porque todo en su persona es voraz, porque él se acerca a la película como si fuera la última, porque sus días también son así, como el de cualquiera de nosotros: finitos. Él recuerda las palabras que le expresó Felipe Cazals de que llevaba inhalando en nueve películas y en esta décima exhaló, soltó el cuerpo o algo así. Porque no todas sus películas le han gustado, pero de todas ha aprendido algo.
A del Toro le interesa el amor eclipsado, porque el amor es como un perro infernal iluminado sobre una alcantarilla. Ya alguien había dicho que una alcantarilla es un cínico y el amor en del Toro es un “mostro” mexicano cínico porque “el amor por el mostro es el cine mexicano” cínico. Lo sublime y lo terrible es lo mexicano. El filme de Guillermo es de aquel “mostro» ilustrado que come birria y al otro día una concha con leche, porque todas sus películas de él son muy personales, y en ellas conviven el Frankenstein de Mary Shelley y el Pinocho de Carlo Collodi, ambas caras de la monstruosidad humana salpicadas con un poco de guacamole mexicano, con un toque de comicidad y de desgracia universal.
“El cineasta debe tener la fragilidad de un poeta y la resistencia de un boxeador”, expresó del Toro en el teatro Melchor Ocampo ese viernes y lo mejor, fue cuando una chica le preguntó al realizador de El espinazo del diablo, Mimic y otras «mostrosidades» lo siguiente: “Guillermo, ¿cómo va a ser el fin del mundo?” Sorprendido pero sonriente retomó las ideas de su abuela: “El fin del mundo, Memito, será ronco… lento… y enfadoso”. Son las formas del desagüe de un gordo crepuscular que es el primer cineasta mexicano en ganar en Venecia el León de Oro, y seguro será el primero que viajará a Marte.
III. EI director de La forma del agua, no toma agua (10 de marzo de 2018)
Los primeros días en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara número 33, que comenzó el viernes 9 de marzo, fueron los del regreso de Guillermo del Toro —con sus gemelos incluidos— a su tierra.
El sábado, el ganador del Oscar 90 a mejor película y dirección —de ahí lo de los gemelos—, fue el del héroe que vuelve a su tierra, Guadalajara, para dar una charla—y varias más en los días subsecuentes—, frente a sus fanáticos muy jóvenes, involucrados muchos de ellos en el tema de la animación y el cine. Reunió ese primer día cerca de cuatrocientas personas —entre ellos amigos incómodos de la infancia como un tal López Ochoa, que con muletas en mano afirma que él fue el vecino donde se filmó su primera película Doña Lupe.
El sábado, cuando llegó un servidor cínico a este llamado por sus locales Guadarrancho, se inauguró la sala con su nombre en el nuevo y grandote Conjunto de Artes Audiovisuales (CAE), que se encuentra cerca del centro de Zapopan —el Festival Internacional de Cine de Guadalajara cada vez está más lejos de su origen, el centro de Guadalajara.
A las 4:30 de la tarde del sábado, dentro de la sala Guillermo del Toro, se escuchó el audio de la conferencia magistral de Del Toro a medias, pues esta comenzó a las 4 de la tarde. Mientras tanto, yo me pregunté: ¿Por qué no se les ocurrió meternos a esta sala con la tecnología de la más alta calidad para poder ver, cómodamente, lo que decía el cineasta tapatío multipremiado?

No, parece ser que las primeras imágenes que se vieron en la sala Guillermo del Toro fueron las de un Guillermo del Toro fragmentado, congelado a ratos, y con un audio que no se escuchaba bien —el argumento de los técnicos es que venía de la otra sala y no podían controlarlo.
Por si fuera poco, los del tequila Patrón, ese que tiene una botella realizada por el mismo cineasta que cuesta 11 mil pesos, estaban viendo cuál era el mejor lugar para tener esas preciosas botellas minutos antes de que Del Toro y monstruos mexicanos de la burocracia cultural, hablaran frente a una prensa expectante. Así fue como los periodistas esperamos a que el realizador nos diera algunos anuncios.
En esa transmisión intermitente de la conferencia magistral del “gordo”, entrevistado por el “Osorio Chong” de la crítica de cine, un tal Leonardo García Tsao, se escuchaban algunos comentarios como aquel de que en el Canal 6 de Guadalajara, en los tiempos en que él era un niño, descubrió al monstruo de la laguna negra, que fue inspiración —que no plagio— de su película La forma del agua. Eso fue un domingo “de misa y película”, expresa el amante de las tortas ahogadas y los lonches de pierna, pues es lo único tal vez que se podía hacer en esta ciudad guadarranchera —en la cual dicho sea de paso, éste que escribe vivió por muchos años en su infancia y entiende totalmente a Guillermo del Toro.
“Si para hacer una película fantástica revisas películas fantásticas, estás sólo haciendo eco”, explica el buen Memo a sus seguidores, a la pregunta de cómo hacer cine y ser tan exitoso como él. Así que mejor hay que realizar un melodrama doméstico de especias frente a un hombre pez que se lo quiere echar al plato una mujer muda, afirma este creador de monstruos internacionales oscareables, quien expresa en algún momento que una de las razones por las que está en Guadalajara es por los jóvenes.
Ahí mismo afirma que si puedes hacer cine en México puedes hacer cine donde sea, porque el cine mexicano es evolutivo pero también volutivo, pues “yo también estuve en la UdG y ya sé lo que es”.
El ganador del Oscar con La forma del agua, dice que no toma agua en plena charla «porque el que bebe agua, orina, y el que orina se tiene que ir”.
Y aquí sigue, pues.
IV. A Memo también se le ven los alambritos

Se ve una mujer sentada en un sillón, quien trae un papel en la mano y la boca atascada de comida que apenas se le entiende. Un murciélago vuela y vemos que lo sostiene un alambre, pareciera entonces un error de la película de muy bajo presupuesto pero no, pues la cámara nos revelará que ese cable lo sostiene un niño quien al mismo tiempo habla con su mamá sobre la tercera vez que reprueba geometría. Ella se lo achaca de nuevo: “Otra vez reprobaste Geometría”. Él recuerda a su padre muerto hace tres meses, y dice que se repondrá en los resultados. Ella enciende la televisión, distrae su atención, en tanto el hijo se levanta del sillón y cuando le va a expresar algo a su madre, esta lo calla. Entonces se mira a ese adolescente decir que será la última vez que repruebe geometría y se va a su cuarto donde realiza un rito satánico dibujando con la sangre de uno de sus dedos abiertos por una navaja un pentágono.
Así comienza prácticamente el corto Geometría, de 1987, de Guillermo del Toro. Regalo que le hacen los del FICG al creador de películas como La forma del agua y El laberinto del fauno, para inaugurar la segunda sala con su nombre en el sitio donde nació hace 53 años, la primera fue en el Hospicio Cabañas, la cual es además la primera sala que albergó a la Muestra de Cine Mexicano hoy el Festival Internacional de Cine en Guadalajara. La exhibición de su corto frente a los más de 358 personas sentadas en cómodas butacas, que como dijo el licenciado Padilla López, están “equipadas con la más alta tecnología para disfrutar el séptimo arte”, provoca que en algún momento Guillermo del Toro se disculpe.
“Perdón por Geometría”, volvió a insistir, “era joven e imberbe”, con risas nerviosas incluidas. Luego explicó que el deseo siempre ha sido crear cine y promoverlo: “Nosotros venimos de una generación que quizá sea fácil olvidar que nació entre dos generaciones, en un momento profundamente adverso al cine mexicano […] había un propósito, de que el cine mexicano no existiera. Al nacer ahí las dos opciones era rendirse o lanzarse y nos decidimos lanzar”.
Ahí la geometría de esta historia de alambritos fílmicos internacionales. Lástima, insisto, que Guillermo del Toro no asistió al llamado de Santo, el Enmascarado de Plata.
Al «gordo» también se le ven los bodoques de silicón
En su segunda charla de Guillermo del Toro, celebrada en el Conjunto de Artes Escénicas, esa tarde, como ya expresé, en que estaba al mismo tiempo la primera película de El Santo en el Cineforo y la presentación del Anuario Estadístico del Cine Mexicano, «el gordo» —como le llaman sus amigos y fanáticos— contó que en alguna parte de su filme con el que ganó dos Oscar, como mejor director y mejor película este año, por La forma del agua usó bodoques de silicón.
V. Santo llamando a Guillermo del Toro (11 de marzo de 2018)
No entendí por qué la primera película de El Santo se proyectó en el Cineforo, a la par de la segunda charla de Guillermo del Toro y una hora antes de la presentación del Anuario Estadístico de Cine Mexicano. Bien se podría haber programado en un horario mucho más accesible y en la sala Guillermo del Toro, donde vimos, esa misma tarde otra película restaurada pero esta del director Fernando Méndez, El Vampiro, de 1957, misma que también vio el canadiense Daudelin.
Es curioso además porque si alguien es fanático del Enmascarado de Plata es Guillermo del Toro. ¿Por qué no se proyectó en su sala recién inaugurada con la presencia del mismo director tapatío? ¿Por qué no se exhibió en la sala que lleva su nombre donde vimos, repito, la película El Vampiro, fundamental para el director de La forma del agua?
Un día antes, el sábado 10 de marzo, durante precisamente la apertura de la sala con el nombre del cineasta jalisciense, dentro del Conjunto de Artes Escénicas, quien estuvo ahí, después de que éste diera algunos anuncios a la prensa que estábamos ahí reunida, crucé un tumulto de gente para preguntarle si asistiría a la función de la primera película del Santo (segunda película restaurada, la primera fue Santo contra los hombres infernales, filmada prácticamente al mismo tiempo en 1958). Me respondió sorprendido: «¡¿cuándo?!» Al parecer estaba muy interesado Guillermo del Toro, así que le respondí que mañana.

Ahí además de estar muchos fanáticos a su alrededor queriendo saludarlo, se encontraba el director del Festival Internacional de Cine en Guadalajara, Iván Trujillo Bolio, quien agregó que efectivamente mañana estaría la primera película de El Santo. ¿Y por qué no va Del Toro? Trujillo responde: «porque está muy ocupado».
Me genera cierta duda porque Guillermo Del Toro incluso me explicó: «yo tengo el contrato de esa película, cómo no me va a interesar». Es que en su Casa con monstruos, la exposición que llegará para el 2019 a Guadalajara, además de que traerá un Goya, un Doré, un Julio Ruelas, una portada de «Traiciones y leyendas de la colonia», entre muchas cosas más, llevará también el contrato de El Santo de la ANDA (Asociación Nacional de Actores).
«En los museos no nada más existe el arte muerto, el arte consagrado, el arte ungido, sino un arte que puede estar vivo y llevarlos un poco de la mano; las influencias animación, la influencias literarias, los miles de elementos disímbolos que pueden conformar un discurso cinematográfico», así lo expresó frente a un público bastante sui géneris. Solo decir que cuando Del Toro mencionó que estaría El Santo en su exposición, por aquello del contrato de su primera película, se escuchó una risa discreta entre los asistentes.
Curioso todo esto, darme cuenta que el tapatío no tenía ni idea de cuándo sería la proyección y de nuevo me acerqué haciendo a un lado a la marea de gente que lo rodeaba, pero ahora con el catálogo del festival en mano y abierto en la página 336, donde se encuentra la información de la película de Santo contra el cerebro del mal, «mañana es la película a las doce y cuarto en el Cineforo, sería importante que fueras…», pero Del Toro me respondió: «es más importante ver a mi padre, no te puedo explicar más… Al Santo lo adoro pero mi padre me va a adorar más». Dicho argumento sobre la salud delicada de su padre me pareció contundente, no así cuando el domingo 11 de marzo, Guillermo del Toro estaba dando su segunda charla en el Conjunto de Artes Escénicas al mediodía. Ahí habló, por cierto, de luchadores y agregó que se quedaría ahí con sus fanáticos hasta que los corrieran. Lo presentó, por cierto, Iván Trujillo.
VI. Monstruolizar y la película de «Memito» que es ronca, lenta y enfadosa (30 de enero de 2022)
Entonces esa frase que le dijo a Guillermo del Toro su abuela sobre que el fin del mundo será ronco… lento… y enfadoso, representa bien la película del cineasta tapatío, en la que el gordo simpaticón y dicharachero ya se puso serio. Se lla. A El callejón de las almas perdidas, el título más convencional en español para la película del siempre ingenioso Del Toro, que en inglés es Nightmare Alley (El callejón de pesadilla) me gustó más en blanco y negro que a color, ahí se plasma mucho más lo pesadillesco de la historia de un hombre que tima a los demás, con sus supuestas adivinaciones, que son mentiras y más mentiras. Si hubiera un «verbo» a discernir aquí, ese sería «monstruolizar», pues todos podemos, en algún momento, «monstruolizar» a alguien o peor todavía «monstruolizarnos» , y que no haya vuelta atrás al respecto. La película de «Memito» es ronca, lenta y enfadosa, pues.
VII. Oscar con Pinocho y sin Macario (15 de marzo de 2023)
Murió Ignacio López Tarso. Fue un día antes de que se llevara a cabo la ceremonia del Oscar 95. La coincidencia es interesante porque Macario, la película dirigida por Roberto Gavaldón que marcó la trayectoria del actor, fue el primer filme mexicano en ser nominado a Mejor Película en Lengua Extranjera en ese premio que da la Academia de Hollywood. López Tarso falleció a los 98 años, la tarde del sábado 11 de marzo de 2023, aunque él decía que quería llegar a los 110 años, pero la huesuda es caprichuda y se lo llevó antes.
En el Cinismo en vivo de la esa misma semana, el crítico de cine Sayo Hurtado y yo, hicimos una antesala del Oscar, comentamos sobre qué películas creíamos que deberían ganar y cuáles se llevarían una estatuilla con forma del “Indio Fernández”. Coincidimos en que la película de Everything Everywhere All at Once, dirigida por Daniel Kwan y Daniel Scheinert, sería la triunfadora de la noche, sobre películas como The Fabelmans. Coinicidimos pero no estabamos de acuerdo.
Si bien la primera película tiene sus virtudes y nos habla del presente-futuro, resultado entre otras cosas por el momento pospandémico, la segunda es un gran relato muy personal y autocrítico del octagenario Steven Spielberg, quien es quien la dirige, es además un homenaje al cine y a una forma de hacer cine. Spielberg nos cuenta cuáles fueron los resortes de sus películas. No es cosa menor, sobre todo cuando venimos de una pandemia. Fabelmans es una lección de vida y una lección de cine.
En el programa invariablemente apareció Ignacio López Tarso, pues tenía días en el hospital, y nos preguntábamos si el actor llegaría vivo al fin de semana y de no ser así, con ese humor negro que caracteriza a los mexicanos, lancé la pregunta a Sayo de si estaría en el In Memorian el domingo, bueno, al siguiente sábado, la noticia de la muerte de “Macario”, se hizo presente. También, ya entrados en ese sarcasmo nacional, le dije a Sayo ese miércoles que estaría ahí López Tarso, en el antepenúltimo lugar, porque el último sería para Steven Spielberg, pues “lo matarían en el Oscar”, al no ganar ni Mejor director, ni Mejor película. La realidad es que no sólo fue eso. ¡No ganó absolutamente nada! Bueno sí ganó algo, la ingratitud de Hollywood.
Pues bien, que ni Macario López Tarso, ni el E.T. Spielberg, fueron reconocidos, ni recordados. Ni el mismísimo Guillermo del Toro mencionó a López Tarso al momento de pasar por su Oscar a Mejor película animada por Pinocchio, que estaba cantadísmo para él. Soprende más sabiendo que Macario, según el cineasta tapatío, es una de sus diez películas preferidas del cine mexicano, las otras nueve son Una familia de tantas, El Suavecito, Calabacitas Tiernas, La oveja negra, No desearás la mujer de tu hijo, El hombre de papel, Flor Silvestre, María Candelaria, Vámonos con Pancho Villa y El Esqueleto de la señora Morales.
No mencionó al “Gepetto mexicano” en su discurso, pero sí puso un tweet horas antes que dice: “Don Ignacio, grande entre los grandes. Que descanse en paz nuestro Macario”, lo acompaña un fragmento de la película, cuando Macario encuentra a la muerte en medio de incontables velas que representan la vida apunto de apagarse y trata de evitar que la suya se esfume.

La mañana del sábado, 11 de marzo, mientras el hijo de López Tarso decía que su padre ya no hablaba y ya no comía, que escuchaba a Vivaldi en el hospital, pero que era un roble, me puse a ver Macario en youtube, pensado ya el desenlace. Las resonancias que tiene esa película en el Pinocho de Guillermo del Toro son impresionantes, el tema de la muerte en los mexicanos está tan presente en nuestro cotidiano que solemos no darnos cuenta.
Mientras que en Pinocho de Guillermo del Toro, el niño de madera se enfrenta a la Muerte que tiene relojes de arena para referirse a la vida de los humanos, el Macario de Roberto Gavaldón, es un campesino pobre encarnado por López Tarso, tiene un cúmulo de velas. Macario se vuelve curandero al tener un agua dada por la Muerte, esto como regalo por compartir con ella un guajolote que él hubiera preferido comerselo solito. Macario comienza con el Día de Muertos, Macario está basado en la obra de B. Traven y es tan rulfiana, que luego de esta película, López Tarso formará parte del reparto de El gallo de Oro, historia filmada cuatro años después de Macario, dirigida por el mismo cineasta Roberto Gavaldón y que está basada en la novela corta de Juan Rulfo El gallo de oro. Si bien el Pinocho de Guillermo del Toro no es un cuento de Rulfo, esa marioneta insolente y profana, podría ser una personificación de la Muerte alegre, muy a la mexicana.
La vela de la vida se le apagó a Ignacio López Tarso, el mismo fin de semana en que el reloj de arena de reconocimientos se le acabó al Pinocho de Guillermo del Toro. Mientras el primero era velado en Bellas Artes, en la Ciudad de México, el otro era premiado en el Dolby Theatre de Los Ángeles, en Estados Unidos
Una vez el cineasta tapatío le respondió una pregunta no tan fumada como la que le hicieron en esta ocasión al director de cine sobre si la estatuilla del Oscar hablara. Esto fue al ganar en los Golden Globes con La forma del agua, en el 2018. La pregunta la formuló una reportera de la agencia china de noticias Xinhua que dice: «Usted tiene una habilidad extraordinaria para ver el lado oscuro de la naturaleza humana, la fantasía y el terror, pero a la vez es una persona realmente alegre y amorosa. ¿Cómo logra ese balance?»
Del Toro contestó de inmediato: «Soy mexicano», entre las risas y aplausos del público presente, continuó: «¿Sabes? En cierto sentido nadie ama la vida más que nosotros, porque somos muy conscientes de la muerte. La belleza de la vida convive de cerca junto al único lugar al que todos vamos a ir: todos en este planeta estamos en un tren cuyo destino final es la muerte. Así que durante el camino vamos a vivir: tendremos belleza y amor y libertad. Creo que cuando se suprime uno de los dos lados de la ecuación [la oscuridad o la luz], se convierte en un panfleto. Cuando tomas en cuenta la oscuridad para contar la luz, es la realidad».
A estas alturas del texto, no me parece descabellado aquello que escribió el periodista y amigo Sergio Hidalgo sobre Macario, que «es probablemente la película de fantasía mexicana más importante de todos los tiempos”. Guillermo del Toro seguro podría decirnos más al respecto. Yo no olvido aquello que dijo Jorge Ayala Blanco de Ignacio López Tarso hace más de un lustro, que es: «Un personaje petrificado del cine mexicano».
Vida eterna para Macario, el pasado de México, y a Pinocho, de Guillermo del Toro, que podría ser el futuro de la humanidad. Vida eterna para ellos en el cine, por los siglos de los siglos.
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José Antonio Monterrosas Figueiras es periodista cultural y cronista de cine. Es editor cínico en Los Cínicos. Ha colaborado en diversas revistas de crítica y periodismo cultural. Conduce el programa Cinismo en vivo.







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