COBERTURA CÍNICA DE LA FIL GUADALAJARA

Por Roberto Estrada

Cuando nos preguntamos qué pasaría si en México se acabara la corrupción, sin duda nuestras mentes evocan una imagen paradisíaca y cursi como de portada de revista de los testigos de Jehová. Es decir, una ridícula utopía que nunca sucederá, y eso es en lo que se cae en cuenta cuando Mauricio Merino señala que si se erradica ese lastre de la vida institucional pero también social en el país, se quitaría “el poder de ejercer dominio” sobre los otros a través de la coerción y de una red de obtención de favores.

He ahí el meollo y la suprema complicación del asunto, porque como advierte Merino, quien es Doctor en Ciencia Política y director del Instituto de Investigación en Rendición de Cuentas y Combate a la Corrupción de la UdeG, “sancionar la corrupción en México es infinitamente más difícil que cometerla”, ya que existe una tremenda discrecionalidad en los procesos de fiscalización, y en un sistema de contraloría donde los auditores parecieran patrulleros que persiguen lo que encuentran en sus rondines, pero sin que haya una verdadera intención de corregir de origen el mal.

Merino estuvo en la FIL para dar a conocer su libro El Estado capturado. Cómo erradicar la corrupción sistémica en México, de la editorial Terracota, en el que se aborda cómo la deshonestidad e inmoralidad se han infiltrado en las instituciones del país, convirtiéndose en parte de su esencia.

Mauricio Merino en la FIL de Guadalajara. Foto José Antonio Monterrosas Figueiras.

Ante todo, el libro más que un manual es un diagnóstico, y un paso inicial para salir de esta “captura”, de acuerdo al investigador, sería “cambiar la profunda ingenuidad política respecto a la forma en que opera el régimen político que vivimos”, ya que se permite con toda naturalidad que personas de poca o nula probidad se instalen en los puestos de gobierno, ya sea por amiguismo o por indolencia, lo cual no pocas veces se justifica en aras de un maquiavélico fin que justifica los medios para llegar al poder y mantenerlo.

Ahora bien, el hecho de que la corrupción esté arraigada ya no digamos en la cotidianidad de la vida en las calles, en donde puede esperarse aunque no por ello aceptarse una relajación normativa, sino a gran escala y en la propia médula del Estado, se debe en gran medida a que “en países como el nuestro el poder es más importante que el dinero”, porque quien acumula poder tiene más posibilidades de recibir bienes, importancia, influencia y control que el que sólo posee dinero.

Unejemplo simplista pero eficaz de Merino, es que Carlos Slim contra López Obrador aunque sea uno de los hombres más ricos del mundo, tiene mucho menor poder del que obtuvo el llamado Mesías Tropical por Enrique Krauze, gracias a su dominio político.

Por otro lado, uno de los puntos claves para que se combata el problema y que no haya ausencia de participación ciudadana es lo que Merino llama la “llave mágica”, que es la posibilidad de acceder a la información institucional y que por este carácter obligadamente debería ser pública, pero que tristemente hay precariedad e ineficiencia en la recabación, manejo y conservación, ya que en pleno 2024 “no existen archivos consolidados en México”, lo cual ya de por sí es una afrenta a la ciudadanía, pero peor aún por la estocada mortal que el gobierno morenista ha dado a la democracia mexicana al desaparecer el INAI.

Asimismo, el oficialismo se ha encargado de denostar y desacreditar a este tipo de organismos autónomos como pretexto para su eliminación, y con ello quitar cualquier contrapeso al régimen que se presenta como bueno y generoso ante lo que de manera confusa y abstracta llaman pueblo.

Toda esta maraña opaca y retorcida de la vida pública, bien puede definirse en lo que Merino llama en su libro el decálogo maldito, entre el cual se encuentran la asignación de puestos públicos por razones políticas, y el uso faccioso de los procedimientos de sanción.

Al final de cuentas, Mauricio Merino me ha dicho aparte entre otras cosas, que ya estamos viviendo una autocracia populista, y que con todo el daño que esto ha implicado para el país ya está por demás pensar en la dictadura. Pese a este panorama por demás desolador, Merino cree que puede revertirse y vivir en armonía en México, pero como el mismo lo admite, el desmontar esta lacra tiene un camino por demás incierto.


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