CINISMO MORBOSO / LITERATURA CINICA
En un puñado de unos periódicos viejos
Todo mundo siempre lo evitamos por su aspecto. Yo no sabía ni su nombre, solo su simple apodo, sabrá quién cabrones se lo puso, pero al parecer no le importaba.
Por Emeterio Mariano Morales
En realidad teníamos años de saber de nuestras existencias mutuamente, al grado de habernos mandado a la chingada un par de veces en las conocidas peleas de gallos del barrio. Es uno de nuestros pocos pasatiempos como comunidad o ponernos hasta la madre cada fin de semana.
Con esté calor lo que sobra es cheve & al rededor de un cartón de chela todos somos amigos aquí & también pinche china, es una regla no escrita.
Todo mundo siempre lo evitamos por su aspecto. Yo no sabía ni su nombre, solo su simple apodo, Carnita, sabrá quién cabrones se lo puso pero al parecer no le importaba. Con la mirada pérdida en el gallo que aposté siendo masacrado hasta la muerte, no me dí cuenta que Carnita estaba a mí lado hasta que sentí en mis manos el frío de una cerveza. Reconozco que me fue imposible ocultar mí sorpresa, nunca lo había tenido tan cerca.
Hacía un calor con madre, se la tuve que aceptar. Pasaron los minutos, mí gallo ya estaba muerto, ya no tenía dinero para apostar, lo había perdido todo, que como siempre era un absurdo de reflexión para reconocer que era un dinero efímero ganara o perdiera, el ritual del derrotero.
Él rompió el hielo:
– Me llamó Pedro, no te vayas a creer que me llamo Carnita, esa es pura mamada de estos cabrones.
Por una extraña razón sentía vergüenza que me vieran con Carnita, aunque fuera solo en este torpe intento de conversación extraña, porque yo sabía que todos los presentes éramos escoria humana, unos más ojetes que otros, pero aquí no había cabida para el que dirán.
Seguía pensando & aumentaba la vergüenza. Era un buen momento para tomar mi chela de un jalón e irme a dormir en mi colchón sin base & con rastros de humedad.
Su voz escupió:
-¿Ya te vas? Si quieres la seguimos en mi casa, allá tengo más chelas & están bien muertas.
Chingue su madre, no lo dijo dos veces. Después de todo ya en su casa no había pedo, no era la primera vez que me andaba metiendo a chupar hasta el culo del diablo con hemorroides. La casa de Carnita estaba a un par de calles de la mía, benditos laberintos de interés social, todos son iguales.
¿A poco no me reconoces, di? A ver, ¿a qué no adivinas cual soy? pero sí estoy igualito cabrón.
Su casa no se diferencia mucho del resto de todos los perdedores. Los mismos vasos sucios, ropa amontonada por doquier, latas semiaplastadas, ceniceros sin limpiar. Carnita me tiende una cerveza en lata.
-Nunca nos había tocado chupar juntos güey, yo pensaba que te jalarías tu calzón & no ibas a querer venir a echarnos unas.
Tenía una seguridad inaudita para su apariencia, pensé, eso me provocaba una mezcla de confusión & curiosidad.
-Pos ya ves mi Pedro, tú que no te ves tan seguido, uno acá anda siempre.
-Pues es que me traen en chinga en el jale, no te creas, ya llego bien pinches tarde & a esa hora ya los encuentro a todos hasta las manitas, ya pa’qué, vea.
-No po’s sí. Y a qué te dedicas o qué, yo no sé si vives solo, no vaya ser que ahorita me corran. Créeme que ya me ha pasado antes, uuuyyy sí yo te contará cabrón.
-¡Qué va!, con esta pinche cara ni con billetes güey. Pero no quiero hablar de mujeres, eso ya no me interesa.
-…
-No te saques de pedo, yo solo me quería aventar unas chelas, pinches gallos ya me aburren, ya tiene meses que ni apuesto & créeme que no es por el miedo a perder. Ya le perdí el gusto, ya no siento la pinche adrenalina de los primeros días. Me la pasaba apostando, gritándole al gallo, oí esa mamada, como si me entendiera un pinche gallo que anda en putiza lanzando espuelazos a lo pendejo. No, esos güeyes andan en su pedo.
Carnita habla & habla, me doy cuenta que es de esos que buscan ser escuchados, qué huevaaaaa. Observo los cuadros que habitan en la sala, retablos santos llenos de polvo, un calendario de hace 5 años, se quedó en mayo, algunas fotografías enmarcadas con esmero de gente que casi en todas luce sonriente, en ninguna encuentro a Carnita. De pronto su voz me saca de mí contemplación.
-¿A poco no me reconoces, di? A ver, ¿a qué no adivinas cual soy? pero sí estoy igualito cabrón.
Carnita suelta la carcajada.
-No, al chile no sé cuál eres.
Regresa la vergüenza. ¡Chingá!, ¿por qué tengo que sentir pena por este cabrón, sí ni a él le importa?, me dije.
-Es normal, siempre me pasa. Mira, acércate soy este.
Su carnoso dedo presiona con firmeza contra el cristal.
-…
¿Qué dijo cabrón? Me tiene acorralado. Comienzo a sospechar que todo esto es una trampa para vengarse de todos los cabrones que nos burlamos de él. No mames, yo le grite: -“¡Chinga tu madre carne molida!”
-¡Ya te dije qué no hay pedo! ¿Quieres otra chela? Si quieres te cuento cómo pase de ser un guapetón a ser un trozo de carne quemada.
-Nada más la chela, güey.
Ríe sardónicamente el pinche Carnita, algo se trae el muy cabrón. Descubro en su mirada cierta carga maligna. La conozco porque yo la tengo & eso me asusta. Regresa & me extiende una cerveza al tiempo que me avienta un puñado de periódicos viejos.
-Date, güey. Sacia tu morbo.
-Nel, la neta no me interesa, a mí eso me vale madres.
-No mientas güey. Si no te importara, ni a ti ni a tus amigos me andarían diciendo Carnita, que te repito, me vale madres, solo lo hago para saciar su curiosidad.
Lo sabía, era una pinche trampa & yo caí redondito, todo por unas pinches chelas. Él no me estaba obligando a hojear esos periódicos amarillentos de forma física, él de pronto se convirtió en un monstruo psíquico, estaba en mi mente, torturándome con su trinche.
-Pues aquí dice que te chamuscaste, que andabas en chinga trabajando & que de pronto la pipa llenita se comenzó a incendiar & que tú todo un héroe te la quisiste rifar e intentaste apagar la pipa con un pinche extintor que estaba caduco, que le ganaste la demanda a la empresa porque se demostró que la pipa carecía de mantenimiento & peor el equipo de seguridad que ayudo en tu caso la presión social, ya que tu accidente se volvió viral en redes sociales con el video de tu cuerpo bañado en llamas intentando contener el incendio («qué raro, no recuerdo haberlo visto…», pensé), te ganaste el mote de “La Antorcha Humana Real”, de hecho así se encabeza la nota, qué curioso.
-Soy un héroe, tienen que respetarme.
Habla el hombre, habla la herida cicatrizada, la carne quemada, los pliegues de piel llenos de manchas, habla en cuerpo que es su propio cosmos de todos los tonos rosados que el universo puede vomitar, hablan los labios reventados que poco tienen de labios, hablan los ojos cubiertos de carne molida que suplican compasión.
-Ta’bueno Carnita, eres un héroe, rífate otra chelita & me sigues platicando de tus hazañas como “La Antorcha Humana Real”, espero ansioso todos los detalles de cómo salvaste un pollito rostizado de morir quemado.
Dicen que fue la última vez que me vieron.
C

Mariano Morales mejor conocido como EME, es un escritor de servilletas, cronista de las causas pérdidas y poeta del mítico colectivo Escuadrón de la Muerte S.A.







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