TÓNICA REPLICANTE
De la historieta a la hegemonía del streaming
Por Alberto Zúñiga Rodríguez

El Eternauta (Argentina, 2025) la poderosa miniserie de ciencia ficción de Netflix, dirigida por Bruno Stagnaro, comienza con un apagón de luz, pero uno muy distinto al apagón Ibérico de finales del mes de abril y que he narrado en los últimos 2 textos aquí en Los Cínicos y con este cierro la trilogía. Precisamente, tres chicas jóvenes, dentro de una pequeña embarcación y con la ciudad bonaerense como telón de fondo, brindan en altamar por el futuro. En el ambiente suena «Paisaje», una sabrosa cumbia de la artista argentina Gilga. Una de ellas se marcha a estudiar la universidad y desde ya la extrañan sus 2 amigas. Mientras extienden sus bebidas para brindar y luego se funden en un abrazo colectivo, la luz de la urbe a sus espaldas se extingue poco a poco como una cortina que corre de izquierda a derecha. En un instante posterior, se percatan que en el horizonte hay unas auroras boreales extrañísimas y el suspenso crece porque lo peor está por venir: el GPS no funciona, sus celulares tampoco y la embarcación comienza a moverse peligrosamente. Como buena serie con dosis alta de suspenso, terminará esta secuencia con una de las amigas contemplando desde un visor de la barquita la tragedia (un plano especialmente simbólico por lo que veremos más adelante y su respectivo póster publicitario). Así arranca el primer episodio de 6, fabulosos todos.
El apagón que nos muestra la serie, en realidad es un insigne encendido para el cine argentino y la televisión en el continente. Basta con ver las cifras que reporta la propia plataforma: 41 mil millones de pesos a la economía argentina (más de 35 millones de dólares); 400 personas integraron el equipo de producción; 2900 personas participaron como elenco, extras y dobles de acción y 25 artistas crearon los escenarios virtuales
La llegada de El Eternauta a Netflix en 2025 ha marcado un antes y un después en la producción audiovisual de habla hispana. Esta adaptación de la historieta de ciencia ficción creada por Héctor Germán Oesterheld y Francisco Solano López en 1957, no es únicamente un hito para la televisión argentina, sino que también representa un caso ejemplar de convergencia entre industria cultural, memoria histórica y desarrollo económico, pero vamos por partes y analicemos cuatro aristas: su valor como obra de ciencia ficción de alta calidad en español, el trasfondo histórico de su autor desaparecido durante la dictadura argentina, la banda sonora y el impacto económico que su producción ha generado en el país. Antes de ello me limitaré a decir que la serie trata de una noche de verano en Buenos Aires donde cae una inusual nevada que mata a quien entra en contacto con ella. Esto provoca que los pobladores queden aislados y comience un verdadero caos apocalíptico.
I. Ciencia Ficción en español con ambiciones globales

Protagonizada por el actor argentino Ricardo Darín (Il Mostro, como suelo denominarlo por su gran talento), El Eternauta se estrenó en Netflix el 30 de abril de 2025, dos días después del apagón histórico en España. En menos de una semana, alcanzó el tercer puesto global en el ranking de las series más vistas de la plataforma, y se posicionó como la primera en idioma español, con 10,8 millones de visualizaciones en cinco días. Este éxito no es meramente cuantitativo: la serie ha sido elogiada por la crítica internacional por su ambición estética, su atmósfera opresiva, su calidad técnica y su fidelidad al material original, mientras logra traducir su narrativa a los códigos contemporáneos del audiovisual global.
En un clásico paisaje dominado por las grandes producciones de ciencia ficción angloparlantes, El Eternauta se distingue por contar una historia profundamente local desde una perspectiva universal. No, ahora no es Nueva York el epicentro de un grave problema mundial, es ambientada en una Buenos Aires postapocalíptica, actual, la serie combina invasión extraterrestre, nevadas mortales y resistencia civil, todo atravesado por la idiosincrasia argentina. El uso de elementos culturales como el mate o el truco, un juego de cartas muy popular en América Latina y que deriva del «truc» valenciano, además de enriquecer el realismo de la historia, actúa como un acto de afirmación identitaria. Esta conjunción de lo local y lo universal es clave para explicar su resonancia internacional.
La calidad de producción también es notable. La serie fue rodada en más de 35 locaciones reales y en más de 25 escenarios virtuales. Muchas calles fueron transformadas digitalmente para mostrar una ciudad nevada y desierta tras la invasión alienígena. Para representar la famosa «nevada mortal» se usó una combinación de nieve artificial en exteriores reales y postproducción digital, creando uno de los efectos más comentados por su realismo e impacto visual. Basta con buscar en YouTube o TikTok y emergen interesantes videos del detrás de cámaras, adicionales a los que la propia plataforma ofrece.
Uno de los sets más detallados y rico en elementos de arte fue el sótano donde los protagonistas se esconden, diseñado replicando viñetas específicas del cómic original. El equipo de dirección visual de arte respetó eficaz y sorprendentemente el estilo de Solano López adaptándolo a la lógica cinematográfica. La mítica historieta sirviendo como su propio storyboard.
Ricardo Darín, en uno de los papeles «más exigentes emocional y físicamente» de su carrera como él mismo lo ha declarado, da vida a Juan Salvo, un personaje originalmente colectivo. El desafío fue representar a Salvo sin eclipsar el espíritu coral del relato. La serie también ha sido traducida a más de 20 idiomas y doblada al inglés, francés, alemán, italiano y japonés, donde recibió especial atención por parte de los fanáticos del manga.
El impacto cultural ha sido tan grande que varias locaciones de rodaje comenzaron a ser visitadas por los nuevos fanáticos y algún tour gratuito se llevó a cabo ya, como la caminata convocada por el urbanista y paisajista Fabio Márquez, el pasado 17 de mayo y denominada: «La Caminata Paisajeante». ¿Será que el gobierno de Buenos Aires y/o alguna empresa inicie este tipo de servicio turístico como ocurre en muchas locaciones que han servido al séptimo arte por el mundo? Asimismo, la reedición del cómic se agotó en librerías físicas y digitales a pocas semanas del estreno, marcando el mayor repunte de ventas desde 2006 y todo esto, no es poca cosa.
II. Oesterheld: Literatura, compromiso y represión

Héctor Germán Oesterheld, guionista de la historieta original, representa una de las figuras más trágicas y emblemáticas de la historia cultural argentina. Escritor comprometido con las causas sociales y políticas de su tiempo, fue secuestrado y desaparecido en 1977 por la dictadura militar, junto con sus cuatro hijas (2 de ellas embarazadas) y 2 de sus yernos. Su figura es inseparable de la historia de El Eternauta, obra que ha sido interpretada como una metáfora de la resistencia y la solidaridad frente a la opresión.
La serie de Netflix reconoce -sin proponérselo directamente- la importancia de la dimensión histórica de la novela gráfica y el trágico final del autor y su familia. Lejos de ser una simple adaptación de género, El Eternauta se convierte así en un acto de memoria activa, un puente entre la cultura popular y los derechos humanos.
En tiempos de incertidumbre, El Eternauta reafirma el poder del arte como espacio de resistencia, memoria y futuro. Un héroe colectivo en una nevada mortal: pocas imágenes resumen mejor el espíritu de un país que se resiste a olvidar y que apuesta por narrarse a sí mismo desde su propio territorio y en su propia lengua.
Alberto Zúñiga Rodríguez
La historieta, surgida en la revista Hora Cero Semanal en 1957, apela a esa paranoia que sentaba su precedente en la Guerra Fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Escenario y ejercicio temático de múltiples películas y novelas por décadas. Y sin quererlo, un presagió de la dictadura de Videla en su propio país.
El relato de Oesterheld además de interpelar al pasado argentino también dialoga con problemáticas contemporáneas y entre capas nos muestra la precariedad laboral, la crisis medioambiental, la última pandemia y otros tópicos. En tiempos de crisis políticas y sociales, su llamado a la organización colectiva, la empatía y la resistencia se vuelve más vigente que nunca y ante gobiernos como el que actualmente encabeza Milei en la propia Argentina, Trump y otros. De esta forma, la serie recupera una obra maestra de la ciencia ficción latinoamericana y también la voz silenciada de uno de sus creadores más valientes.
III. La música como narradora sensorial

Uno de los elementos que más potencia la identidad cultural y emocional de El Eternauta es su selección musical. La banda sonora combina temas clásicos del rock nacional, la cumbia, el tango (claro, Carlos Gardel no podía no estar) y el folclor argentino con piezas instrumentales originales compuestas por Federico Jusid, un prolífico compositor argentino-español y responsable de temas que hemos escuchado en películas como -la mítica y memorable- El secreto de sus ojos (2009) de Juan José Campanella, Neruda del chileno Pablo Larraín, Loving Pablo (2017), de Fernando León de Aranoa, y más recientemente en series como Cómo cazar a un monstruo, Carles Tamayo (2024), y El caso Asunta (2024), de Ramón Campos, por mencionar algunas.
Las elecciones musicales en la propia lengua de la serie, adicional a su factura de acompañamiento de la acción, dotan a cada escena de una carga afectiva particular. Imperdible la escena con la que finaliza el segundo capítulo «Salgan al sol» cuando Juan es rescatado por su pandilla después de un estado onírico provocado por asfixia (“saltó desesperado por una ventana de un edificio y su rostro lo cubría una bolsa de plástico”). Al despertar se ve rodeado por ellos, sus amigos, dentro de una camioneta, cubiertos con las máscaras icónicas de la serie (y de las cuales tuvieron que fabricar más de 500 para toda la producción). El Tano, su fiel escudero y amigo (interpretado por el estupendo actor uruguayo César Troncoso), mientras huyen en medio de las calles blancas de la nieve letal le dice eufórico: «Lo viejo funciona, Juan, ¡funciona!» haciendo alusión al vehículo que rescataron y les sirve para escapar. Al final de la escena la cámara nos muestra la atmósfera del lugar, la camioneta que se aleja y en la distancia sideral tres enormes luces rojas que se dan paso entre las nubes y que bajan a tierra presagiando la llegada del enemigo, con un gran plano general que se funde con la canción «El Magnetismo» de Él mató a un Policía Motorizado que canta y refuerza la idea central de la serie de que nadie se salva solo: “En este mundo peligroso… / Tenemos que estar juntos… / Quién detendrá a la turba iracunda si no estoy con vos, nena?”
En total, los seis episodios incluyen canciones de artistas icónicos de este país sudamericano como: Manal, Pescado Rabioso, los inolvidables Soda Stereo, El Reloj, Andrés Calamaro, Sui Generis, Guardianes de la Flor Roja, Billy Bonda y La Pesada, Los Hermanos Ábalos y la antes mencionada, Gilda. Ejemplos notables incluyen «Todo cambia» de la legendaria autodenominada «cantora» Mercedes Sosa, en una escena de duelo íntimo, «Post-Crucifixión» (Pescado Rabioso) durante una incursión al corazón del territorio enemigo y «Cuando pase el temblor» (Soda Stereo), resignificada en clave distópica y en medio de un ataque del enemigo extraterrestre.
El episodio cinco incorpora «Chacarera del rancho» de Los Hermanos Ábalos como gesto de recuperación de la raíz folklórica, mientras que el tema (propio y apropiado por los Scouts) «La canción del adiós» o también conocida como «Auld Lang Syne» título original y escrita por Robert Burns, suena a capella en una escena de despedida a la mitad del último episodio, evocando la memoria de los caídos (y sacude la emoción aún más en quienes fuimos parte del movimiento Scout y sabemos de su significado). Esta mixtura sonora también incluye la mutante pieza atmosférica, orquestal, onírica, épica y bellísima «El Eternauta» de Jusid (3 minutos 07 segundos que te hacen viajar totalmente por distintos estados de ánimo en una sola melodía), junto con otras composiciones especialmente interesantes como «Campo de Mayo» (con ese piano lleno de oscuridad, cadencia y nostalgia) u «Hombres-Robots» (que mezcla la sensación de viaje, industria, maquinarias y emoción trepidante) en un total de 24 temas que conforman esta parte sonora de creación exprofeso para la serie. Ya disponible en plataformas como Spotify, Apple Music, entre otras. La curaduría musical se convierte así en un vehículo de identidad, emoción y narrativa, que permite anclar la ciencia ficción en un territorio cultural concreto: el oído argentino.
IV. La Industria Audiovisual como Motor Económico

Uno de los aspectos menos abordados, pero más relevantes de El Eternauta es su impacto económico en Argentina. Según un estudio realizado por Empiria Consultores en conjunto con equipos de Netflix, la producción de la primera temporada generó un impacto económico de más de 41.000 millones de pesos argentinos, equivalentes a 34 millones de dólares. Esta cifra contempla tanto los gastos directos en la producción, como también el efecto multiplicador en sectores como hotelería, transporte, logística, gastronomía, construcción escenográfica y servicios técnicos.
Más de 500 personas trabajaron en la serie de forma directa y otras 5.000 de manera indirecta, generando empleo calificado y fortaleciendo el ecosistema audiovisual local. Además, la inversión en tecnología de punta y en capacitación técnica ha elevado los estándares de la industria nacional, dejándola mejor preparada para futuras coproducciones internacionales.
En un contexto de crisis económica que padece Argentina, esta derrama demuestra el potencial de la cultura como motor de desarrollo. La industria audiovisual, con su capacidad de generar valor agregado, exportaciones simbólicas y empleo de calidad, se presenta como un sector estratégico para el futuro del país. El Eternauta se convierte así en un ejemplo de cómo la inversión en cultura puede tener retornos medibles y sostenibles.
¿Tendremos otra temporada? El Eternauta es mucho más que una serie exitosa: es una síntesis poderosa entre cultura, historia y economía. Su adaptación demuestra que es posible hacer ciencia ficción en español con altos estándares de calidad, sin renunciar a la identidad local y se aleje del cliché que procura utilizar el idioma anglosajón como una base que brinde «validez narrativa» y cumpla con el inexistente pero manifiesto «requisito de globalidad». Al mismo tiempo, honra la memoria de Héctor G. Oesterheld y de todas las víctimas de la dictadura argentina, transformando una obra de entretenimiento en un gesto de justicia simbólica. Finalmente, muestra el potencial transformador de la industria audiovisual, no sólo como difusora de relatos, sino como generadora de riqueza y empleo. Esto último como prueba fehaciente para los gobernantes que siguen cuestionando el poder de la cultura en términos de rentabilidad.
En tiempos de incertidumbre, El Eternauta reafirma el poder del arte como espacio de resistencia, memoria y futuro. Un héroe colectivo en una nevada mortal: pocas imágenes resumen mejor el espíritu de un país que se resiste a olvidar y que apuesta por narrarse a sí mismo desde su propio territorio y en su propia lengua (aunque esto último para algunos espectadores pueda ser una limitante o algo que les aleje de la serie; he visto un par de veces toda la primera temporada y confieso que la primera vez lo hice con subtítulos).
Se espera con ansias la segunda temporada y no sobra recomendar el episodio de nuestro pódcast Tónica Replicante donde conversamos -entre otras cosas- sobre El Eternauta con el director de cine argentino y querido amigo, Marcelo Adrián Sánchez, el pasado 9 de mayo. Link acá: https://youtu.be/O5kRoNl7iJg
¡Larga vida a El Eternauta!
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Alberto Zúñiga Rodríguez es cineasta y un obrero fílmico nacido en el rancho de las balas perdidas -fílmicas- Morelia, Michoacán. Ha dirigido los largometrajes Rupestre (2014), En la periferia (2016) y Emiliana Gat-alana (2023). Vive en Barcelona desde el 2022 donde conduce y produce el cinepódcast Tónica Replicante.







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