DANDYS Y CÍNICOS

Por José Antonio Monterrosas Figueiras

Hoy fue un día rudo para la crítica de cine en México. Se reportaron la muerte de dos maestros del análisis cinematográfico. Ellos son Carlos Bonfil y José Xavier Návar. Su tribuna fue sobre todo la columna periodística y las colaboraciones en revistas y libros sobre cine, si esto fuera una película, sería una muy extravagante. Carlos Bonfil escribía en el diario La Jornada y Pepe Návar en El Universal. Ambos los podíamos leer los fines de semana en esos medios impresos de circulación nacional que están casi extintos.

La útlima nota de Bonfil que podemos leer en el sitio de La Jornada fue del domingo, 25 de mayo, dedicada a la cineasta polaca Agnieszka Holland, quien estuvo de vista en México del 23 de mayo al 1 de junio, por la Cuarta Semana de Cine Polaco. Ésta la dedicó a la película El charlatán y cierra magistralmente con un comentario muy Bonfil: «En una época como la actual donde los nuevos poderes autoritarios –de Vladimir Putin a Donald Trump– arremeten a su vez contra la investigación científica incómoda, contra el wokismo o cualquier disidencia sexual, una cinta como El charlatán revela una gran pertinencia política»; por su parte, Návar escribió este sábado, 14 de junio, una nota dedicada a dos cortos salidos de Cannes y el paso de Spike Lee por ese festival francés, un día antes hizo un apunte sobre el fundador de The Beach boys, Brian Wilson, que falleció este 11 de junio, y es que Pepe Návar también escribía sobre música y cultura popular.

Carlos Bonfil, además de ser crítico de cine, estudió literatura francesa en la Universidad de París, fue también coeditor del suplemento Letra S, salud, sexualidad y sida en La Jornada; en tanto Pepe Návar estudió Diseño Publicitario y Periodismo y Comunicación Colectiva en la Escuela Nacional de Artes Plásticas y la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México, respectivamente. Los dos participaron también en la difusión del cine mexicano en libros. Bonfil, por ejemplo, coordinó un libro sobre el cartel cinematográfico en México publicado en 2011; y por su lado, Návar, realizó la historia ilustrada del cine de luchadores en el libro Quiero ver sangre, junto con Raúl Criollo y Rafael Aviña. Dato curioso: Aviña participó en ambos títulos.

Apuntó bien José Luis Ortega en redes sociales sobre la muerte de estos dos críticos de cine, en relación a que Návar era un observador agudo del cine popular y Bonfil del cine exquisito cinetequero. Ortega, quien es investigador de cine y periodista, trajo a cuento a Jorge Ayala Blanco en su texto, quien es el crítico de cine absoluto de México, ya que va de lo popular a lo exquisito y de lo exquisito a lo popular. Agregó Ortega que estos dos maestro de la cultura cinematográfica «nos dejan una obra fundamental para entender no solo al cine mexicano, sino al séptimo arte mundial». Estoy de acuerdo con lo que dice de Nosferatu Ayala Blanco.

Bonfil y Návar, sin embargo, tenían una coincidencia más, que a pesar de ser diametralmente distintos, pues el primero era asiduo visitante de la Cineteca Nacional de Xoco, en Coyoacán, y el segundo, cada vez estaba más lejos de ella -sobre todo estando todavía programándola Nelson Carro, de quien era ya viejo conocido y a último años su crítico número uno del barbado funcionario cinematográfico- y es que tanto Carlos Bonfil como Pepe Návar sus textos periodisticos solían ser muy sucintos, apretados, contundentes. Bonfil era aquel que más de una vez dijo que la crítica de cine era con la piel de zapa a la Balzac, que se come ésta así misma, incluso llegó a preguntarme que «para qué escribir de todas las películas como Jorge Ayala Blanco». Návar, por otra parte, no era tan exquisito porque a él lo que le gustaba era la sarna, lo cutre, lo bizarro, él quería ver sangre, aunque llama la atención que hace un año me dijo que la película Santo contra los jinetes del terror, que es sobre un grupo de leprosos delincuentes que pelean contra El Enmascarado de Plata, es su peor película.

Estas dos defunciones -cinematográficas- me trae a la memoria cuando murieron el mismo día, Paquita la del Barrio y Tongolele, pues mientras que a Pepe Návar le gustaba el arrabal periodistico, irse con todo contra el ex director de Cineteca Alejandro Pelayo y el todavía programador Nelson Carro, como si fuera una pelea en un pancracio, a Carlos Bonfil le mamaba la butaca terciopelada, el cine pulcro, sin alambres, odiaba los «happening» fílmicos baratos de Bruce LaBruce. Así, mientras uno era estridente y buleador, rudo rudo, rudísimo; el otro era fino en la ironía, sin ornametos o florituras en sus análisis, era un técnico y un hombre discreto, tal vez ya en confianza había algún chisme filoso, casi rabioso. Ambos, a su manera, escribieron un capítulo relevante para la crítica de cine en México y algo más.

Luces fílmicas para ambos profesores de cine en ese camino a la eternidad. ¡Qué Santo y el Monsi los reciban bien en su gloria un tanto exótica y extravagante!


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