CINISMO

Por Jonatan Frías

La madrugada del 12 de julio de 2005 un joven empresario desapareció en extrañas circunstancias en la Ciudad de México. Su familia aseguró de inmediato que había sido víctima de un secuestro y, con el paso de los meses, las calles se llenaron de anuncios espectaculares llamando a la población para que ayudara a localizar a los plagiarios.

Esta es la historia de un duelo fabricado que se convirtió en un descarado circo mediático; el mito de una madre que, bajo la fachada de una mujer devastada, torció los hechos para ganar notoriedad e influencia, mientras destruía la vida de muchas personas inocentes.

Ricardo Raphael explora la paradoja que significa que una persona pueda ser víctima y victimaria al mismo tiempo: una manipulación de la realidad que sucede si la verdad se subordina a la política y si las instancias responsables de impartir justicia son sustituidas por un increíble entramado de corrupción, crueldad y tráfico de influencias.

México es un país con una vocación clara por la superstición. Nos gusta creernos cualquier cosa, nos gusta que nos cuenten historias y nos gusta contarnos historias. Nos gusta creer, por ejemplo, que somos un país surrealista y andamos por la vida diciendo esto a manera de mantra, como si eso nos legitimara o nos diera cierta certificación de identidad o de particularidades honrosas.

No es así. En todo caso, si México es algo, es un país donde reina la angustia, donde reina la desesperanza, donde reina la desazón, donde cualquier persona puede ser oprimida por el peso de la burocracia, donde cualquier persona puede ser muerta a mitad de una banqueta sin que pase nada, donde cualquier persona puede ir presa sin sentencia, sin conocer a sus acusantes, sin conocer de qué se le acusa, como bien lo describía Franz Kafka en ese maravilloso libro que es El Proceso.

En México nos gustan las historias de conspiración, nos gustan las historias maniqueas de los buenos frente a los malos, nos gusta que la ficción entre en el terreno de la verdad, de tal suerte que nuestros noticieros parecen más radionovelas que espacios en los que uno puede informarse.

Los nombres y los libros

El caso de Israel Vallarta y de Florence Cassez es uno de los casos mejor documentados en México y esto lo cuenta muy bien Jorge Volpi en su novela, en su libro, Una novela criminal (Alfaguara).

Si yo ahora mismo dijera los nombres de Paulette o de Frida Sofía, eso tendría que bastar ya como ejemplo categórico de lo que estoy diciendo. Si dijera además de esto los nombres de Israel Vallarta y Florence Cassez , esto debería de quedar ya plenamente demostrado. El caso de Israel Vallarta y de Florence Cassez es uno de los casos mejor documentados en México y esto lo cuenta muy bien Jorge Volpi en su novela, en su libro, Una novela criminal (Alfaguara).

Es el libro en el que no sólo desmonta los montajes, donde no sólo denuncia una fabricación atroz de un crimen que no ocurrió y que como todo crimen falso desmonta los porqués. Y esos porqués suelen ser, en los principios de derecho, movidos, motivados por un crimen aún mayor. Es decir, que muchos de estos crímenes son construidos con el único objetivo de ocultar un crimen aún mayor.

Son capaces de sepultar a gente inocente con tal de salvar a gente culpable. Pero encima de todo esto hay un nombre que resalta por su crueldad y por su maquiavelismo y es el nombre de Isabel Miranda de Wallace. Hablamos, precisamente, de Fabricación (Planeta).

Ricardo Rafael es un periodista encumbrado en México y que justamente ha certificado su ética y ha certificado su dedicación por la verdad, atravesando los pantanos más horrorosos que son los del desprestigio, los de las acusaciones.

Es un periodista que llegó a ser incluso señalado, no sólo por otros periodistas, sino incluso por presidentes de la república. Esos presidentes que hoy deben de tener la cabeza bien escondida. Concretamente pienso en el nombre del expresidente Felipe Calderón y del expresidente Enrique Peña Nieto, que ellos se valieron y posibilitaron todas las atrocidades que se cometieron alrededor de lo que terminó conociéndose como el caso Wallace.

Miranda de Wallace fue responsable directa de mandarlos torturar, de mandarlos amedrentar, de perseguir, de amenazar a un montón de gente con tal de que la verdad, la verdad que estaba oculta por esta tonelada de basuras y mentiras que ella había construido, saliera a la luz.

Jonatan Frías

¿De qué va Fabricación? Ricardo Rafael da cuenta de una investigación que le toma muchísimos, muchísimos años, de uno de los casos más renombrados en México. Un día de 2005, hace prácticamente 20 años, el 12 de julio, se dio la noticia de la supuesta desaparición de Hugo Alberto Wallace y se da la noticia de que había sido plagiado, de que había sido secuestrado y de que había sido posteriormente torturado y desmembrado y asesinado y desaparecido.

Isabel Miranda de Wallace aparece en la escena nacional como una madre que clamaba justicia por la muerte de su hijo, que clamaba la recuperación del cuerpo de su hijo porque estaba desaparecido.

Fue una mujer que movilizó masas, que llenó la Ciudad de México de espectaculares con las fotos de los victimarios, que presionó políticos, que pisó muchos callos, que denunció a muchísima gente que se llegó a posicionar como una de las mujeres más influyentes del mundo, no sólo en México.

Una mujer que fue condecorada por el mismo presidente Felipe Calderón con el premio nacional de los derechos humanos por su incansable búsqueda de su hijo y por sus incansables esfuerzos en el motivo penal de las reformas que tenían que ver con los crímenes de secuestro y de privaciones de la libertad.

Miranda de Wallace fue durante muchísimos años una mujer que representó los mitos más profundos de México, esos mitos que también describe Octavio Paz en El laberinto de la soledad, esta madre abnegada capaz de soportarlo todo, estoica que se sobrepone a todo, sostenida por el puro esfuerzo del amor incondicional, del verdadero amor incondicional.

Isabel Miranda de Wallace demostró que en justicia policial, justicia penal, justicia jurídica, primero hay que tener la justicia pública.

Pero poco a poco todo empieza a desmoronarse y empiezan a caer las mentiras de cómo esta mujer fue fabricando una carrera política, ella llegó a ser candidata a la jefatura de la Ciudad de México, de ese tamaño. Poco a poco se fueron cayendo los mitos y las mentiras que había detrás de esta mujer que hizo de esta supuesta desaparición de su hijo, de este supuesto asesinato de su hijo, una forma prácticamente de vida. No es menor la forma en la que esta mujer había amasado ya una fortuna considerable en el negocio de los espectaculares, espectaculares justo en los que construyó todo el caso, porque Isabel Miranda de Wallace demostró que en justicia policial, justicia penal, justicia jurídica, primero hay que tener la justicia pública, ella se echó primero a la gente a la bolsa antes que a los jueces, de tal suerte que generó una presión tremenda sobre todos los magistrados que no son del todo inocentes, era su responsabilidad haber soportado esas presiones.

Isabel Miranda fue construyendo como toda una imagen alrededor de todo esto y de poco a poquito, ya con un montón de gente presa, ya con un montón de gente señalada en un país donde se presume la inocencia a una serie de víctimas, jamás se les dio ese trato, al contrario Isabel Miranda de Wallace fue responsable directa de mandarlos torturar, de mandarlos amedrentar, de perseguir, de amenazar a un montón de gente con tal de que la verdad, la verdad que estaba oculta por esta tonelada de basuras y mentiras que ella había construido, saliera a la luz.

La demostración de Anabel Hernández

Es justamente Anabel Hernández quien descubre que Hugo Alberto no es hijo biológico del esposo de Isabel Miranda de Wallace.

Y la primera evidencia de todo esto que salió fue la demostración por parte de la periodista Anabel Hernández de que la única prueba pericial que había de todo este caso, que era una gota de sangre que habían recuperado del baño del departamento en el que supuestamente se había cometido el homicidio y que daba una coincidencia genética del 99% con el padre, con el esposo de Isabel Miranda de Wallace y un 95% con la madre, es decir, que era una prueba pericial categórica de que ahí al menos había estado Hugo Alberto Wallace Miranda.

Es justamente Anabel Hernández quien descubre que Hugo Alberto no es hijo biológico del esposo de Isabel Miranda de Wallace y es ahí donde empieza a agrietarse esta lápida sumamente sólida que había construido Isabel Miranda alrededor de todo este mito. Porque ¿cómo era posible que esa gota de sangre, esa prueba pericial analizada en laboratorios hubiera dado coincidencia de la paternidad de un tipo que no es su padre biológico? Y eso empezó a hacer que las cosas empezaran a generar sospecha.

Esa misma gota de sangre además fue suficiente para que cierto perito de la fiscalía no sólo validara una gota de sangre de un centímetro de largo y unos cuantos milímetros de ancha, fue suficiente evidencia para que no sólo certificara la identidad, pese a que en el informe inicial la muestra de sangre mostraba que esa gota pertenecía a una mujer y no un hombre y luego ya tuvo que desdecirse y que fue un error de dedo.

No sólo en este absurdo, sino que más allá de eso, ella fue capaz de concluir que esa gota de sangre pertenecía a una persona que había sido asesinada y torturada en ese lugar. Nunca una gota de sangre había delatado de tal forma un crimen manifiesto.

Y entonces a partir de ahí hay una serie de periodistas que empiezan a indagar y es justamente Ricardo Raphael, quien lo cuenta en algunas entrevistas que hizo hace un par de meses, dos o tres meses a razón de la salida del libro. Él en su momento hace una entrevista a Isabel Miranda de Wallace y justamente le pregunta esto que acaba de descubrir Anabel Hernández y es justamente la respuesta tan exacerbada, tan violenta, tan visceral de Isabel Miranda la que le siembra digamos esa primera semilla de que algo mucho más oscuro hay detrás de todo esto.

La maravillosa investigación

Ricardo Raphael explora la paradoja que significa que una persona pueda ser víctima y victimaria al mismo tiempo.

El resultado de esa duda que se planteó hace muchos años Ricardo Raphael fue justamente este libro de más de 500 páginas, esta maravillosa investigación, esta maravillosa reconstrucción de todo lo que puede llegar a ser una persona con tal de conseguir poder, de todo lo que puede llegar a ser una persona con tal de ocultar un crimen mayor, un crimen que poco a poco también empieza a revelarse porque ahora en pleno 2025, 20 años después de ocurridos todos estos sucesos todavía hay muchísima gente presa, mucha gente sin sentencia siquiera, otras personas que ya fueron sentenciadas aunque se haya validado que sus testimonios fueron obtenidos mediante torturas y vejaciones y cualquier serie de violaciones de derechos humanos.

La sumatoria de las condenas de esas personas rebasa los 300, 350 años de condena, de todo eso da cuenta Ricardo Raphael en esta investigación que créanme que yo que soy adepto a la lectura de las novelas policiales, esta historia no la escribe el mejor escritor de novela negra, es una historia ruin, es una historia atroz, una historia llena de personajes infames que se vinculan con la con la cara más oscura y más podrida y más ruin de nuestro sistema de impartición de justicia.

Ricardo Raphael decía y me voy a robar estas palabras de él porque creo que son justas y precisas, que este libro era una suerte de fresco que pintaba de cuerpo entero todo un momento de nuestra política, es decir, era un momento en el que las transiciones políticas no acababan de convencer a nadie: México había venido de una hegemonía política por parte del Partido Único en el poder que era el PRI y había transitado de manera muy democrática hacia la oposición con el Partido de Acción Nacional, que no había acabado de convencer a nadie en ese primer sexenio de Vicente Fox Quesada y en esa, digamos, prolongación de ese gobierno que es cuando llega Felipe Calderón Hinojosa, en una de las elecciones más polémicas y más cerradas en la historia de nuestra jovencísima y maltratadísima democracia.

Ricardo Raphael dice: el caso Wallace desnuda una disputa feroz de nuestra época donde la justicia importa menos que el poder a la hora de descifrar la verdad. Trata de una víctima de secuestro que muy probablemente jamás fue secuestrada, de un muerto que continuó dando testimonio de vida después de su asesinato, de una defensora de derechos humanos que torturó para fabricar culpables

Jonatan Frías

Lo primero que hace en los primeros 30 días de su gobierno para legitimarse es armar una guerra contra el narco, una guerra infame de la cual seguimos pagando las profundas consecuencias y que a él le vino como anillo al dedo el caso de Isabel Miranda Wallace para desviar justamente los focos de la prensa y mantener a la prensa entretenida con esta mujer que insisto, fue condecorada con el Premio de los Derechos Humanos, fue candidata a la Jefatura de la Ciudad de México.

Esta historia no se la inventaba nadie, esta historia rebasa y pone a prueba la capacidad de sorpresa que tenemos y que en este país, créanos, que es muy muy corta. En este país donde cada cierto tiempo ocurren cosas que ya a nadie le sorprenden, este libro, todo lo que hay detrás de este libro, nos va a dejar con la boca abierta, nos va a dejar con los ojos como platos.

Lo terminé de leer y sigo un poco incrédulo de todo lo que acabo de ver, de la maravillosa pluma que tiene Ricardo Raphael para contarnos esta historia y aquí justamente leo un parrafito que es muy breve, pero que muestra quizá un poco las implicaciones de lo que estoy diciendo.

Ricardo Raphael dice: el caso Wallace desnuda una disputa feroz de nuestra época donde la justicia importa menos que el poder a la hora de descifrar la verdad. Trata de una víctima de secuestro que muy probablemente jamás fue secuestrada, de un muerto que continuó dando testimonio de vida después de su asesinato, de una defensora de derechos humanos que torturó para fabricar culpables, de una banda de criminales inexistente y de una acción de la justicia tremendamente injusta.

*Nota originalmente publicada en Maremotom.

Jonatan Frías (1980) es escritor y editor. Ha publicado cuentos y ensayos en antologías y revistas nacionales y extranjeras. Sus recientes libros son Presuntos ensayos para un jueves negro (UAA, 2019) y La eternidad del instante (UAA, 2020).


Descubre más desde REVISTA LOS CÍNICOS

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja un comentario

aUTOR

TENDENCIAS