CINISMO / TÓNICA REPLICANTE

Por Alberto Zúñiga Rodríguez

Mo, la miniserie semiautobiográfica creada por el comediante palestino-estadounidense Mo Amer junto con Ramy Youssef, es una pequeña joya que habita en las profundidades de Netflix y que logra algo poco común: hablar del exilio, la burocracia migratoria, la histórica tragedia del pueblo palestino -sin perder el humor ni la calidez- y otros temas complejos como las adicciones, los cruces fronterizos, el narcotráfico, la multiculturalidad, la discriminación, la presencia de neurodivergencia en la familia, los matrimonios por conveniencia, entre otros,  llevados hasta lindes absurdos y en momentos hilarantes. 

Mo Najjar, el personaje principal, es un refugiado palestino que vive en Houston, con su familia mientras espera (desde hace más de dos décadas) que el gobierno resuelva su petición de asilo. Sin papeles, sin ciudadanía y sin certezas, Mo (diminutivo de Mohammed), sobrevive a base de trabajos mal pagados: vende fundas de celulares y objetos de tecnología en una tienda, luego réplicas de objetos de lujo desde la cajuela de su auto clásico (un Ford Torino de principios de los años 70), para posteriormente hacerle de DJ y agente de seguridad en un club de striptease. Su cotidianidad transita entre conversaciones multilingües (habla 3 idiomas), su imperiosa necesidad de proteger a su madre y hermano autista, con quienes vive, y una existencia emocional marcada por el desarraigo, contradicciones culturales y religiosas. Su compañera sentimental y un motor importante de la serie es María (la talentosa oaxaqueña Teresa Ruiz, que su trayectoria merece un texto aparte), una migrante mexicana de carácter fuerte, mecánica-gerente de un taller de autos y profundamente leal, que intenta equilibrar con firmeza el caos existencial de Mo, que básicamente es que deje de comportarse como un niño y asuma un rol de adulto.

Estrenada en su primera temporada en la plataforma en 2022 con 8 episodios, Mo destaca por su habilidad de navegar entre lo cómico y lo desgarrador. El humor es cotidiano, basado en malentendidos culturales, tensiones familiares y situaciones absurdas derivadas del sistema migratorio estadounidense, pero también hay una profunda melancolía en la forma en que el protagonista se enfrenta al desarraigo y el dolor heredado de generaciones anteriores (es el cometido en cada episodio del aceite de oliva y todo lo que gira en torno a él). La combinación de estos tonos es uno de los grandes logros de la producción: reír sin trivializar, conmover sin caer en el melodrama y como una comedia inteligente, dejar un mensaje crítico pululando en el aire.

Mo Najjar, el personaje principal, es un refugiado palestino que vive en Houston, con su familia mientras espera (desde hace más de dos décadas) que el gobierno resuelva su petición de asilo. Sin papeles, sin ciudadanía y sin certezas, Mo (diminutivo de Mohammed), sobrevive a base de trabajos mal pagados.

Alberto Zúñiga Rodríguez

El escenario principal, Houston, no es solo una localización geográfica, sino un personaje más. La serie muestra su diversidad, su mezcla de lenguas, sabores y culturas. Mo, además de ser árabe, está profundamente conectado con la comunidad latina del lugar, y el uso constante de árabe, inglés y español refuerza esa sensación de cruce de mundos (las partidas de cartas con sus amigos de toda la vida son sensacionales). En ese sentido, Mo retrata con autenticidad la experiencia de muchos migrantes que no caben en una sola etiqueta identitaria. Para Mo Amer la ciudad de Houston, además de ser el lugar donde creció y la urbe que los acogió familiarmente en su asilo político, representa la recreación y la oportunidad de mostrar los escenarios reales que son tomados de su propia biografía y aquí figuran al servicio de esta ficción -semibiográfica- seriada (no, nunca le han disparado y tampoco ha sido adicto a la codeína, como él mismo lo ha aclarado).

La primera temporada a nivel narrativo, se mantiene ágil, con episodios de poco más -o menos- de media hora que mezclan, además del autodesprecio de Mo Najjar, crisis familiares con secuencias inesperadas Mo irá a parar a México con lo cual su situación migratoria empeora -¿un refugiado político, indocumentado en otro país? ¡Fantástico este episodio de final de temporada- y algunos momentos de redención personal en el confesionario de una iglesia católica (episodio 7), donde nuestro protagonista logra compartir -con un sacerdote católico, ojo- el peso que le oprime al descubrir la travesía y la violencia que sobrevivió su padre en Kuwait, poco después que él, su madre y hermanos se marcharan a Estados Unidos por culpa de la Guerra del Golfo Pérsico, la migración de la migración.

II.

Mó y su compañera sentimental, María, una migrante mexicana de carácter fuerte, mecánica-gerente de un taller de autosmotor importante de la serie, interpretado por la talentosa oaxaqueña Teresa Ruiz.

La segunda temporada, más irregular que la primera y estrenada en 2025, viaja por México y la intentona de Mo por volver a Houston (sobrevive en DF con incursiones en el mundo de la lucha libre, vendiendo tacos de falafel), los encontronazos con el chef israelí que se ha apropiado de lo que más quería (¡vaya metáfora!) y la cruzada por cumplir el sueño de su madre: volver de visita a su natal Palestina, una vez conseguidos sus documentos.

También abre un nuevo arco narrativo que profundiza -aún más- en los absurdos del sistema migratorio y en la fragilidad de las fronteras o en la deshumanización que se vive en los centros de detención de migrantes (las jaulas de detención y quienes las cuidan ante el agobio diario de tener un trabajo como ese). En territorio mexicano, el personaje se enfrenta a un nuevo entorno donde se ve obligado a replantear su identidad como migrante -ahora del otro lado del muro. Por cierto, muy bien lograda la aparición de la actriz mexicana, Ana de la Reguera, como la esposa del embajador gringo y el amor que le tiene a los fetiches enmascarados.

Narrativamente, Mo se mueve entre dualidades complejas, lo íntimo y lo político, lo autobiográfico y lo universal, lo cómico y lo doloroso. En ese sentido, recuerda por momentos a series como Ramy (no por casualidad, creada por Youssef y donde también participa el propio Mo Amer en un papel protagónico) o incluso la maravillosa Atlanta (2016-2022, 4 temporadas) de Donald Glover, en su capacidad de combinar realismo social con momentos surrealistas. También podría emparentarse con Master of None (2015-2017, 2 temporadas), por su sensibilidad cultural y su enfoque desde una voz migrante que se permite explorar contradicciones internas sin moralizar y se permite excesos desenfadados, muy gringos claramente.

A nivel formal, la serie -producida por la emblématica productora A24, que se distingue por propuestas arriesgadas tanto en cine como en televisión- apuesta por episodios breves, ágiles, que mezclan códigos de comedia, drama familiar, sátira y road movie en algunos momentos. Su uso del lenguaje es notable, ligero, con amplias referencias a la cultura pop norteamericana y alterna con naturalidad el árabe, el inglés y el español, reforzando la idea de que la identidad del protagonista -como la de tantos- que no cabe en una sola lengua ni en una sola patria.

Mo se mueve entre dualidades complejas, lo íntimo y lo político, lo autobiográfico y lo universal, lo cómico y lo doloroso. En ese sentido, recuerda por momentos a series como Ramy (no por casualidad, creada por Youssef y donde también participa el propio Mo Amer en un papel protagónico) o incluso la maravillosa Atlanta (2016-2022, 4 temporadas) de Donald Glover, en su capacidad de combinar realismo social con momentos surrealistas.

Alberto Zúñiga Rodríguez

Mo es también resultado del trabajo de temas que Amer lleva desarrollando en sus espectáculos de stand-up comedy por más de 20 años por distintos lugares en el mundo y se convirtieron en el antecedente de su serie y la plataforma que lo distribuye y también ha producido. Ahí se encuentran los 2 Stand‑up specials en Netflix: The Vagabond (2018) y Mohammed in Texas (2021).

Ésta es en última instancia, una historia profundamente política y de resistencia. No épica, sino cotidiana. Nos habla de un hombre torpe que no deja de moverse -física, emocional y espiritualmente; orgullosamente árabe y también texano- y su lucha por conseguir un estatus legal que le de paz a él y su familia (algo digno para cualquier persona). Lo hace sin solemnidad, con ternura, con ironía, y con una mirada profundamente humana. Usa elementos autobiográficos significativos, como filmar en locaciones reales de su infancia y recrear episodios familiares: trauma, tortura, proceso de asilo, reconciliación. La escena del padre bailando en el capítulo final de la segunda temporada es abrumadora emocionalmente, como la escena con la que cierra ese capítulo y toda la producción que desata rabia e indignación bajo el manto de un mensaje de esperanza.

En conjunto la historia se sostiene gracias al carisma de su protagonista -a pesar de sus excesos propios de su trayecto como stand-upero-, al universo coral que lo acompaña  con el gran cast -que es otro acierto de la miniserie-, y al equilibrio entre crítica social, humanidad y ternura. Mo es una serie pequeña en formato, pero inmensa en lo que nos cuenta. Necesaria en estos tiempos donde precisamente la cacería humana contra migrantes se ha vuelto una pesadilla en estos días y donde el genocidio que ocurre en Palestina no termina.

Alberto Zúñiga Rodríguez es cineasta y un obrero fílmico nacido en el rancho de las balas perdidas -fílmicas- Morelia, Michoacán. Ha dirigido los largometrajes Rupestre (2014), En la periferia (2016) y Emiliana Gat-alana (2023). Vive en Barcelona desde el 2022 donde conduce y produce el cinepódcast Tónica Replicante.


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