CINISMO KRIPTONIANO / CINENSAYO
«No es un desastre, pero tampoco un hito a ser recordado»
Por Sayo Hurtado

El esperado «reboot» del más famoso superhéroe tras el despido del actor Henry Cavill y la toma de poder de las decisiones creativas en Warner Bros. Pictures por parte de James Gunn y Peter Safran, venía precedida con una campaña de intriga que, para variar, se dividía entre opiniones rebosantes de desmedido entusiasmo y otras más escépticas.
La historia, contextualizada en un mundo en el que los «metahumanos» son una realidad de siglos en la Tierra, nos pone en un escenario en el que Superman (David Corenswet) ya está instalado hace 3 años y en constante pugna con las intrigas maquiavélicas del genio multimillonario Lex Luthor (Nicholas Hoult), además de compartir su vida tanto en su faceta heroica como detrás de su alter ego, Clark Kent, con la impetuosa reportera Lois Lane (Rachel Brosnahan). Evidentemente, recrear en cada relanzamiento el origen del Hombre de Acero puede hacerse tedioso, así que Gunn se ahorra todo ese tiempo al presentarlo ya en sociedad y en el pronto clímax con su antagonista.
Si Superman Returns (2006) fue concebido por Bryan Singer con una devoción absoluta por la versión inicial de 1978 (y lo llevó al desfiladero en ese afán), Gunn, sabiendo que esta es la oportunidad para relanzar el universo DC a su manera, ha tomado pinceladas del episodio inicial para filtrarlas desde los tonos sutiles de la melodía clásica de John Williams en los momentos capitales de la trama, buscando una conexión emocional con ese inicio al rodear a Luthor de parte de su antiguo séquito como la Srta. Tesmacher (antes, Valerie Perrine, ahora, Sara Sampaio) o su otrora sirviente, Otis (antes, Ned Beatty, ahora un insípido Terence Rosemore), además de tomar situaciones de aquel filme como un rescate heroico en un puente o el abrir la Falla de San Andrés como apuntes en importantes secuencias de acción, o referenciando incluso el mismo diseño de créditos.
Por supuesto, esos detalles están matizados con una visión del director alejada del universo oscuro y apocalíptico que Zach Snyder intentó imprimir durante su paso por la franquicia. En ese sentido, la apuesta de Gunn va por buscar la convocatoria masiva, al regodeo visual con la aventura pura y a llenar la mayor cantidad de espacios posibles para asegurar que haya más acción y menos filosofía. Otro aspecto capital es mostrar al superhombre como un ser que, a pesar de sus increíbles poderes, es más débil y vulnerable que en las versiones anteriores, queriendo inyectarle más emoción y expectativa a la historia.
En medio de estas observaciones, se filtran temas de la realidad estadounidense más próxima como la diversidad racial, resaltar el hecho de que Superman es un inmigrante al ser originario de Krypton, o subrayar el poder paralelo de Luthor en relación al gobierno que lo sitúa desde sus delirios como una cita de Elon Musk por su alarde tecnológico, además de su curioso «Universo de Bolsillo», una suerte de «Zona Fantasma» donde guarda como prisioneros a opositores suyos y metahumanos a los que desea someter para su beneficio (¿A alguien le suena esto a las prisiones de alta seguridad para ilegales de Donald Trump?).
Sayo Hurtado
En medio de estas observaciones, se filtran temas de la realidad estadounidense más próxima como la diversidad racial, resaltar el hecho de que Superman es un inmigrante al ser originario de Krypton, o subrayar el poder paralelo de Luthor en relación al gobierno que lo sitúa desde sus delirios como una cita de Elon Musk por su alarde tecnológico, además de su curioso «Universo de Bolsillo», una suerte de «Zona Fantasma» donde guarda como prisioneros a opositores suyos y metahumanos a los que desea someter para su beneficio (¿A alguien le suena esto a las prisiones de alta seguridad para ilegales de Donald Trump?), además de otros aspectos peculiares como la censura moral contra el kryptoniano por inmiscuirse en problemas entre gobiernos, acaso para distanciar a «Supes» del habitual intervencionismo estadounidense, y la manipulación global desde la «posverdad» de las redes sociales.
Siendo evidente que Gunn ha dado forma al guión con muchas referencias «geek» entremezcladas con este pequeño baño de «realidad social», lo que también deja en el saldo es la ligereza de su idea, ya que en medio de tantos vaivenes y enfrentamientos colosales (incluyendo la aparición de un bicho digno de los «Power Rangers»), sus personajes carecen de profundidad a pesar de tener un casting correcto y cumplidor, más no descollante. Por ello, el tono paródico que invade buenos tramos de la narración desdibuja esa supuesta sensibilidad con el contexto contemporáneo. Desde un «Linterna Verde» (Nathan Fillion) sin la grandeza de un guardián de OA y reducido a un mero bufón, diálogos triviales y situaciones resueltas con un tono básico y pueril, esta versión de Superman no debe ser tomada demasiado en serio, más si como un divertimento de ocasión en el que el perro Krypto encaja a la perfección dentro de lo simplona de la propuesta. Otros personajes capitales en los cómics como el editor del diario «El Planeta», Perry White (Wendell Pierce), son meras figuras decorativas. Más bien, resulta curiosa la inclusión de un personaje olvidado en los universos fílmicos de DC como «Mr. Terrific» (Edi Gathegi).
Confieso que nunca he sido un hincha de Zack Snyder, pero su versión de Man of Steel (2013) consiguió sacar a Superman del halo de aburrimiento que lo suele rodear, dándole tonos oscuros que lo extrajeron radicalmente del marasmo. La versión actual, disfrutable desde su dimensión como un parque de diversiones, más que sentirse con una vuelta a las raíces del superhéroe, se siente más como la imposición del espíritu de James Gunn que lo invade. No es un desastre, de ninguna manera, pero tampoco un hito a ser recordado.
C

Gonzalo Hurtado es cinéfilo 3X con efectos especiales. Quiso ser cineasta y terminó de periodista y editor de revistas como Plus TV Magazine y colaborador de Soho Peru. Laboró en la empresa multimedial Media Networks y en el blog Al Pacine.







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