DANDYS Y CÍNICOS
Y se marchó «arrepanchingado» en su trono fúnebre
Por José Antonio Monterrosas Figueiras

«Fundido a Tinieblas, ahí les va su Principe», así me dijo al teléfono desde Barcelona, el precoz melómano Alberto Zúñiga, con quien hablaba cuando la noticia de la muerte de la estrella más luminosa del Heavy Metal, Ozzy Osbourne, ya corría como polvora por todos los portales de los periódicos del mundo y las redes sociales.
Ha fallecido a unas semanas de haberse reunido con sus compañeros de la legendaria banda Black Sabbath, en un concierto de despedida para sus fans sucedido el 5 de julio, en Birmingham, Inglaterra. Ozzy, ese ángel terrible del metal, lo vimos «arrepanchingarse» en un trono fúnebre puesto en medio del escenario, mientras acariciaba -es un decir- un cetro negro entre sus manos, cantando melodías memorables de esta agrupación, para luego prácticamente volar, cual caballero Sith de la noche, al mas allá.
Los bares entonces ya se alistan en todas las ciudades del Orbe para coverear sus melodías, hoy y todo el resto del 2025. Ya se preparan para ver de nuevo, ese concierto «Back to the beggining» en salas de cine y en plazas públicas.
José Antonio Monterrosas Figueiras
Los metaleros «machitos de corazón», hacían la señal del diablo con sus manos, ya un tanto calvos por el tiempo, soltaban sus lagrimitas de cocodrilo al escuchar entonar a ese antihéroe, quien postrado en su sillón de monarca oscuro, «vividor de sus excesos» (dixit Alberto Zúñiga), la melodía «Mama, I’m comming home». Me dice un pajarito que me traduce, que «el tiempo pasó y que parece que podrías haber sido una mejor amiga para mí, cariño», y que por eso «estoy regresando a casa, porque tú me recibiste y luego me alejaste, sí, me dejaste hipnotizado, es cierto, perdido y encontrado, y revuelto por el fuego que hay en tus ojos», pues, «me hiciste llorar, me contaste mentiras, pero no puedo decir adiós, mamá, estoy regresando a casa».
En tanto el escritor Antonio Ortuño, el primer feligrés de la Parroquia de Ozzy entre tierras baldías y quien hace unos días dijo de la Kiss Cam indecorosa, que «Coldplay siempre nos arruina la vida a todos. A algunos más rápido que a otros, claro». Ahora sí, verdaderamente arruinado, expresó que Ozzy «inventó cada cosa que está bien (y hasta mal) del heavy metal y cantó en varios de los mejores discos de rock que hay. No hay mucho más que hacer en una vida».

Los bares entonces ya se alistan en todas las ciudades del Orbe para coverear sus melodías, hoy y todo el resto del 2025. Ya se preparan para ver de nuevo, ese concierto «Back to the beggining» en salas de cine y en plazas públicas. Que aprovechando la coyuntura política, con aquello de que la alcaldesa de la Cuauhtémoc, Alessandra Rojo de la Vega, quitó de la Plaza San Carlos de la Ciudad de México a Fidel Castro y el Che Guevara alias «el Vive rápido, muere joven y deja un cadáver hermoso», propongo ser más radical en esta bronceada hazaña: quitar la banca histórica de la Revolución Cubana y arrepanchingarlo para la aternidad, al sagrado Ozzy en su épico trono muerciélago, celebrarlo con un concierto de diez horas, donde toquen las peores bandas de México que imitan triunfalmente a Black Sabbath. No sé, piénsenlo.
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José Antonio Monterrosas Figueiras es periodista cultural y cronista de cine. Es editor cínico en Los Cínicos. Ha colaborado en diversas revistas de crítica y periodismo cultural. Conduce el programa Cinismo en vivo.







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