FILMOTECA A SMILE ON THE DOG / CRÍTICA
Sacrificio y poder: «Rojo amanecer»
Por Fernando Ramírez Ruiz

Rojo Amanecer (1990), de Jorge Fons, termina con una escena casi de horror, a un paso del gore. Nomás le faltó un cucillo cebollero o una hacha para ser un slasher. Un nuevo sacrificio humano en Tlatelolco, como dijo Octavio Paz, a quien la matanza del 2 de octubre le pareció una nueva versión de los sacrificios humanos prehispánicos.
Aunque la película tiene por momentos un tono didáctico, como de típico profe que no fue al mitin porque sus papás lo encerraron en el baño o porque ya de camino se chingó la rodilla, no se puede negar que Rojo Amanecer crea tensión, tiene ritmo y genera una atmósfera. Es una buena película y con excelentes actuaciones.
Su tema central es la lucha entre generaciones. Lo político es como algo que sólo se le agrega al conflicto entre jóvenes y viejos. Conste que sólo estoy hablando de la película, eh. Por eso la figura del abuelo es tan importante en la historia. Él es el representante del régimen posrevolucionario, es decir del PRI. Es un militar retirado veterano de la Revolución. El papá en cambio fue un opositor, seguidor del general Juan Andreu Almazán, según le dice a sus hijos, pero que Almazán se vendió.
Y es así que en Tlatelolco, donde poco antes de la llegada de los españoles se sacrificaron niños para que lloviera, se sacrificaron jóvenes que habían irritado a los mayores, pero ese niño, único sobreviviente de la familia, que sale corriendo entre los soldados, simboliza una generación que no venció a la anterior. los de antes fallecieron de muerte natural, por decirlo de algún modo y los nuevos una vez en el poder están demostrando ser peor que los anteriores.
Fernando Ramírez Ruiz
Los hijos dicen que la generación del papá fracasó y que a ellos no les tiene porque ir igual. En realidad no es lo mismo fracasar que ser traicionado, pero de cualquier modo no creo que lo del general Almazán fuera un asunto tan generacional como lo del 68, porque ese movimiento es parte de la llamada rebelión juvenil de los sesentas, un fenómeno mundial sin precedentes hasta entonces. Lo interesante es que los hijos mismos lo dicen: El asunto es generacional.
El abuelo también lo dice en uno de los primeros diálogos de la película: «Antes los jóvenes eran diferentes». Como bien dice la mamá, algunas de las peticiones eran absurdas. Pretextos para el movimiento. Así como encontrarles un póster del “Che” Guevara y un manifiesto comunista a los estudiantes, es un pretexto para reprimirlos: El largo del pelo de los hombres es un tema más discutido que la lucha de clases. De hecho el «pueblo» que dice uno de los hijos no los va a dejar solos, los dejó solos.
Y es así que en Tlatelolco, donde poco antes de la llegada de los españoles se sacrificaron niños para que lloviera, se sacrificaron jóvenes que habían irritado a los mayores, pero ese niño, único sobreviviente de la familia, que sale corriendo entre los soldados, simboliza una generación que no venció a la anterior. los de antes fallecieron de muerte natural, por decirlo de algún modo y los nuevos una vez en el poder están demostrando ser peor que los anteriores. pero me limito a lo que se ve en la película: Esa escena del niño corriendo mientras pasan soldados para hacer el contraste. Ahora, los militares tienen más poder. Y los niños, que no votan, están peor que nunca.
A final de cuentas el sacrificio sólo sirvió de pretexto para el poder.
C
*Nota originalmente publicada en el blog A smile on the dog

Fernando Ramírez Ruiz estudió en la prepa de La Salle, de la Ciudad de México, al lado del hijo del presidente Miguel de la Madrid y en la secu Nuevo Continente se enamoró de Lucerito, tiempo después cruzó miradas y le dijo quiúbole a Yordi Rosado en la Universidad Intercontinental, de la que desertó de la carrera en Ciencias de la Comunicación. Ha conocido a Diego Luna, fue Stand in de Sasha Sokol y el Chivo Lubezki en una película. Está escribiendo el libro de memorias: «Quiúbole con mis encuentros con los famosos» y es director de la Filmoteca A smile on the dog.







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