DANDYS Y CÍNICOS
Iñárritu, Arriaga y… Ayala Blanco
Por José Antonio Monterrosas Figueiras

Estos días son de gloria para Alejandro González Iñárritu. Ha inaugurado su instalación Sueño perro en la Ciudad de México, con los «300 kilómetros» de ese material que nunca usó para su ópera prima Amores perros y luego se dio el reencuentro del siglo en el Palacio de Bellas Artes, con la reunión entre el cineasta y «el escritor», Guillermo Arriaga, 20 años después. Se dieron el abrazo de la reconciliación, en un teatro donde estallaron los plausos y las lágrimas se escurrieron en los rostros de Gael García, Vanessa Bauche y el amante bandido de Miguel Bosé. Después de ver una vez más Amores perros restaurada, Gustavo Santaolalla dio unos guitarrazos místicos. Mejor, imposible.
Ésta película para muchos fue parteaguas en el cine mexicano contemporáneo, yo recuerdo haber escrito algo para la clase de cine en la universidad, pero perdí esas hojas por lo que no sé qué cursilería dije, la playera que me regalaron en la función de estreno un día desapareció y actualmente sólo me queda una postal de la película. Que Iñárritu y Arriaga se hubieran dado cuenta de que juntos pueden hacer muchos más actos bondadosos por el mundo que separados, es una muestra de que el amor ha triunfado sobre el odio. Iñárritu y Arriaga se dieron amor perro en Bellas Artes, para luego volver a ver el orto en el horizonte.
Las opiniones fueron muchas esa noche, tal vez una muy sincera y distinta fue la de alguien que alguna vez laboró con esos «héroes de papel», el cual omitiré su nombre, pero me contó que cuando se lanzó la trilogía al mercado de Amores perros, 21 gramos y Babel, «el problema inmundo y ridículo que fue para algunos de sus compañeros de la oficina, lidiar con esos egos apestosos, gente que no vale la pena». Y todo porque en el paquete de películas decía: «Del director Alejandro González Iñarritu. Del escritor Guillermo Arriaga». Imposible que dijeran que eran de ambos, así que había que echarlo p’atrás a como diera lugar, mediante «mentadas de madre y perdida de dinero». A Iñárritu no le gustó que se usara como gancho de venta.
“Yo la he visto al margen de un millonario de origen mexicano que se llama Iñárritu”, apuntó el crítico. “Para mí, lo que hace no es cine mexicano, pero si tiene alguna dominante de origen mexicano se debe escribir de ella; si no, son películas de gringo, de un gringo viendo a México, pero la evolución del cine mexicano es mucho más rica que lo que es una película hiperfragmentada, tremebundista. El cine es otra cosa que Amores Perros”, continuó.
Jorge Ayala Blanco
Para seguir con los festejos, hay que agregar que un día después, en el periódico donde en portada se ve al cineasta y al escritor felices abrazados, en interiores está también una entrevista con el crítico de cine Jorge Ayala Blanco, porque la tarde de ese martes, 7 de octubre, el maestro de “Ponchito” Cuarón, presentaría su libro número 20 del Abecedario del cine mexicano en Cineteca Nacional. Como hace 25 años lo hizo, Ayala Blanco se unió a la celebración, cuando el periodista de El Universal, Cristopher Cabello, le preguntó: “Este siglo fue marcado por Amores Perros, de Iñárritu, que cumple 25 años. ¿cómo ve la evolución del cine mexicano?”
“Yo la he visto al margen de un millonario de origen mexicano que se llama Iñárritu”, apuntó el crítico. “Para mí, lo que hace no es cine mexicano, pero si tiene alguna dominante de origen mexicano se debe escribir de ella; si no, son películas de gringo, de un gringo viendo a México, pero la evolución del cine mexicano es mucho más rica que lo que es una película hiperfragmentada, tremebundista. El cine es otra cosa que Amores Perros”, continuó.
Concluyó señalando que él prefiere a Guillermo del Toro y a Alfonso Cuarón, «que fue mi alumno y es mi cuate». Y puso como ejemplo, Roma (2018), la película de su alumno predilecto que «es infinitamente superior a lo que han hecho estos cuates millonarios gringos de origen mexicano, no son cineastas mexicanos”.

Como ya se había dicho hace un par semanas en este espacio, en La sapiencia del cine mexicano, se encuentra la crítica a Bardo, de G. Iñárritu. Ahí la nombra como: “La sapiencia narcisodesaforada”. Para Ayala el séptimo filme de este director de cine es un “eternometraje decepcionante del capitalino hollywoodizado, que cierra en trepidante anillo sin haber logrado salir del churrealista desierto mental de su burdo bardo insufrible”.
Hace 25 años con Amores perros, Ayala Blanco no dudo en señalar varias cosas que ahora que estamos en el festejo, no estaría mal recordarlas. En su crítica Ayala dijo que ésta era “una película que no se muestra sino se abalanza, un atropellado representante del tercerinmundo neo-tremendista chafa, una infiltración rabiosabismal del emergente neocine privado mexicano apantallapendejos en la impresionable fatuidad de los megafestivales de cine, un éxito prefabricado por la estrategia mercadotécnica inventafoximoris, un tridramático culebrón exasperando con gusto a límite rancio”.
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José Antonio Monterrosas Figueiras es periodista cultural y cronista de cine. Es editor cínico en Los Cínicos. Ha colaborado en diversas revistas de crítica y periodismo cultural. Conduce el programa Cinismo en vivo.







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