CINISMO / FILMOTECA A SMILE ON THE DOG

Por Fernando Ramírez Ruiz

Los Goonies (EUA, 1985), de Richard Donner

Los Goonies (EUA, 1985), de Richard Donner, son un grupo de amigos como entre adolescentes – preadolescentes y dos de ellos son unos hermanos que están a punto de perder su casa y tener que irse a vivir a quiensabe donde, los demás también tendrán que irse, aunque sea más adelante, porque en donde viven van a construir un club de golf. Lo que está extraño porque vemos que la zona es una colina escarpada nada rara.

El caso es que detrás del club de golf están algunos ricos del pueblo, representados por Troy, un junior con chaqueta de equipo colegial como sus amigos. Y Troy tiene un convertible y es medio bully. Aunque claro, quitarles sus casas a las personas es ser muy bully y eso hace el papá de troy animado por su hijo.

Y ya hay un club de golf en el pueblo. en una parte del viaje de los goonies por túneles subterraneos, que pasan por donde están las tuberías de este club, y la lucha de clases toma forma de accidentes que les suceden a los burgueses con agua y con los escusados. un pobre fresita que hace de cagar acaba arriba de una fuente de excremento gritando “¡Papi!”

Aunque en esta película no se toma tan en serio la lucha de clases, como para evitar la práctica del «product placement» con anuncios en la historia de cosas como las Domino´s Pizza, el chiste de la película no está en la revancha contra el clasismo sino en disfrutar de la camaradería de chicos y chicas con romance y besos adolescentes incluidos, mientras viven aventuras enlazadas como en un efecto dominó o como se les dice en Estados Unidos, juntas en una «máquina de Rude Goldberg», por un caricaturista que dibujaba ese tipo de cosas en donde una bola de billar golpea un palo, que golpea a una gallina que pone un huevo que cae en un sartén que al moverse jala una palanca etc. De hecho para abrir la puerta de la casa de los hermanos a punto de quedarse sin un lugar donde vivir, hay un mecanismo de Rude Goldberg.

Aunque en esta película no se toma tan en serio la lucha de clases, como para evitar la práctica del «product placement» con anuncios en la historia de cosas como las Domino´s Pizza, el chiste de la película no está en la revancha contra el clasismo sino en disfrutar de la camaradería de chicos y chicas con romance y besos adolescentes incluidos, mientras viven aventuras enlazadas como en un efecto dominó

Fernando Ramírez Ruiz

Y lo que hacen los goonies para conseguir dinero y poder mandar a chingar a su madre a Troy y su papá, es buscar un tesoro pirata. Un pirata que, como ellos, hizo un sistema de Rube Goldberg, pero para que nadie llegara a su barco y su tesoro escondidos en una cueva y que además al final el mismo sistema libera al barco para que salga nuevamente al mar.

Lo que resulta excesivamente empalagoso, o sea, esa última escena del barco pirata navegando con la intención de sacarle la lágrima al respetable público es demasiado. Y es obvio que el barco representa una infancia pasada, porque a nadie le hace llorar un barco así nomás porque sí. Entonces al final todo se remata con un tono nostálgico, cosa que a mi no me gusta y no sólo eso, el personaje de Chunk le dice a su nuevo amigo Sloth, una especie de mounstrito, que lo ama desaforadamente y lo va a cuidar toda la vida. Eso también está demasiado empalagoso.

En realidad todo el final es muy malo. Resulta que habían tenido que dejar el oro para salvar la vida, pero al final la nueva chacha mexicana de la familia, Rosalita, que apenas había llegado a trabajar por primera vez la mañana anterior, descubre que traía una bolsa con diamantes del barco y en vez de quedárselos, como haría cualquier persona normal, decide dárselos a la familia que acaba de conocer para que no pierdan su casa.

Creo que el problema con Los Goonies es que aunque resulta divertida, es como irse a una feria y subirse a los juegos. Sí, es muy entretenida, pero al final no es como que uno haya ganado la guerra y la película quiere hacernos llorar y dar una sensación épica, pero no hay modo de que eso funcione con una historia que ha mandado todo realismo a tomar por culo. Hubiera sido más congruente si cierre de la película nos hubieran hecho reir y ya. De paso nos hubieran evitado los discursos de Mikey, que a su corta edad ya parece listo para motivar a su equipo de ventas de Avon. Y lo de que está encariñado con el pirata muerto y se comunica con él. Más humor y diversión y menos rollo de que cuando vayas a perder tu casa te conectes con tu niño/coach de vida interior.

Fernando Ramírez Ruiz estudió en la prepa de La Salle, de la Ciudad de México, al lado del hijo del presidente Miguel de la Madrid y en la secu Nuevo Continente se enamoró de Lucerito, tiempo después cruzó miradas y le dijo quiúbole a Yordi Rosado en la Universidad Intercontinental, de la que desertó de la carrera en Ciencias de la Comunicación. Ha conocido a Diego Luna, fue Stand in de Sasha Sokol y el Chivo Lubezki en una película. Está escribiendo el libro de memorias: «Quiúbole con mis encuentros con los famosos» y es director de la Filmoteca A smile on the dog.


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