CINISMO / MUESTRA INTERNACIONAL DE CINE 78
El mar y las drogas
Por Fernando Ramírez Ruiz

En Romería (España-Alemania, 2025), de Carla Simón, el personaje principal es Marina, que está basado en la propia directora de la película, quien en el 2004 viaja a la costa gallega donde está la familia paterna, con la que ella ha estado fuera de contacto. Debe ir por unos papeles para solicitar una beca para estudiar cine, pero todo depende de los abuelos, que aunque no tienen tanto tiempo en pantalla son realmente los que sufren una transformación, los que tienen una anagnorisis, los que cambian en el relato. Esto porque tienen que aceptar que tienen una nieta de su hijo Alfonso, que fue adicto a la heroína y que murió de sida, igual que la madre de Marina.
Todas esas, verdades muy difíciles de reconocer para una pareja conservadora. Marina y los abuelos se ven por primera vez en el mar, ellos en un pequeño barco y ella en otro, en una romería, una especie de pequeña peregrinación como el día de San Judas o algo así, pero en el mar, para recordar a los que han muerto en sus aguas.
El tema del mar recorre la película de principio a fin y la adicción de los padres de Marina se presenta como algo tan inevitable como las mareas. Lo dice Lago, uno de los hermanos de Alfonso, o Fon, que le explica a la sobrina que los abuelos ven el asunto como algo que Fon decidió pero que en realidad no fue así. Y que el «caballo», la heroína, simplemente arrasa.
Hay momentos en la película en los que el mar y la droga se entrelazan sutilmente. Fon, que también llegó a traficar caballo la sacaba del mar, de unas como trampas para cangrejos. Cuando la madre de Marina describe momentos de éxtasis con la droga usa metáforas marinas y vemos delfines y corales bajo las aguas.
Fernando Ramírez Ruiz
Hay momentos en la película en los que el mar y la droga se entrelazan sutilmente. Fon, que también llegó a traficar caballo la sacaba del mar, de unas como trampas para cangrejos. Cuando la madre de Marina describe momentos de éxtasis con la droga usa metáforas marinas y vemos delfines y corales bajo las aguas.
Los padres de Marina cruzaron el Atlántico en su barco y llegaron hasta el Perú donde la meta final era un lugar en la selva para tomar ayahuasca, el famoso alucinógeno del amazonas. Finalmente, en una escena onírica, la madre y Marina se despiden de Fon que se va en su barco para no volver del mar intravenoso.
El océano, sin límite, profundo y peligroso como símbolo del éxtasis de la droga, o del éxtasis a secas. Y una romería para reconocer a los ahogados en las profundidades que no discrimine entre diferentes mares. Una película de gran belleza y carga emocional.
C

Fernando Ramírez Ruiz estudió en la prepa de La Salle, de la Ciudad de México, al lado del hijo del presidente Miguel de la Madrid y en la secu Nuevo Continente se enamoró de Lucerito, tiempo después cruzó miradas y le dijo quiúbole a Yordi Rosado en la Universidad Intercontinental, de la que desertó de la carrera en Ciencias de la Comunicación. Ha conocido a Diego Luna, fue Stand in de Sasha Sokol y el Chivo Lubezki en una película. Está escribiendo el libro de memorias: «Quiúbole con mis encuentros con los famosos» y es director de la Filmoteca A smile on the dog.







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