CINISMO / TÓNICA REPLICANTE

Por Alberto Zúñiga Rodríguez

Al Checo y al Ramón, ¡¡¡¡uuuuuuuueeeeeeeehhhh!!!!

Antes de hablar de cine de monstruos, extraterrestres amorfos, sangre, vísceras y gritos colectivos, conviene recordar algo y explicar un antecedente esencial para esta crónica: el barrio barcelonés de Sants no es un barrio cualquiera. Sants nació como un antiguo municipio independiente, con alma obrera, fábricas textiles, calles estrechas y un carácter tan firme que cuando Barcelona lo anexionó en 1897, el barrio simplemente dijo “vale, pero seguimos a lo nuestro”, o quizá fue en catalán “val, però seguim allò nostre”, que en México sería algo como “va pues, carnal, juntos pero no revueltos”.

Ese espíritu resistente —de pueblo dentro de la ciudad— es el mismo que sostiene la vida cultural del barrio: fiestas populares que duran más de lo aconsejable, centros cívicos hiperactivos y una comunidad activa que siempre prefiere lo hecho en casa, antes que lo importado de moda. Y ni qué decir de su peña castellera (la gente que se reúne a hacer los peculiares castillos humanos, otro clásico catalán).

Con ese ADN de resistencia y colectividad, no sorprende a propios y extraños que inexcusablemente aquí naciera una tradición tan inclasificable como el Marató de Cinema Fantàstic i de Terror de Sants. Porque si había un barrio capaz de adoptar, proteger y hacer crecer un festival donde la gente comenta las películas a “calzón quitado” … era y es Sants. En este barrio, el cine fantástico y de género no es evasión, es continuidad: otra forma de comunidad, otra excusa para encerrarse juntos en una sala y reaccionar al unísono, como en las antiguas fábricas, pero con zombis… Vayamos por el principio.

Una historia hecha de barrio, videoclubs y kilos de entusiasmo

El Marató cumplió este 2025 la nada despreciable cantidad de 37 años, lo que lo ubica como el festival de cine más longevo de la ciudad condal y también en el top de veteranos de Catalunya. Foto: Alberto Zúñiga Rodríguez

El Marató nació de una idea que, en cualquier otro barrio, habría quedado en la mesa de un bar, al calor de unas buenas tapas, aceitunas, unas bravas con ali oli, vinos tintos y unas chelas “muertotas” o llanamente en el tintero y el cementerio de los grandes proyectos. Pere García i Plensa, director de cine, férreo activista y gestor cultural (1943-2005), propuso un maratón de cintas de terror en un espacio comunitario y funcionó.

Desde 1988, el Centro Cívico las Cotxeres de Sants se convirtió en la catedral del susto democrático, donde todo cabe: monstruos de látex, sombras sospechosas, CGI con alma de videojuego noventero y cortos que desafían —con cariño— el presupuesto. También producciones chafas (cutres) que al ser tan pero tan malas son fabulosas (y se premian en una de sus categorías).

Bajo ese paraguas de asociacionismo, reivindicación vecinal y el legado activista de Pere García i Plensa (quien presidió por muchos años el club de cine La Linterna Mágica y de quien lleva el nombre el máximo galardón de competencia), el Maratón cumplió este 2025 la nada despreciable cantidad de 37 años, lo que lo ubica como el festival de cine más longevo de la ciudad condal y también en el top de veteranos de Catalunya, sólo por detrás de algunos como el Festival de Terror de Molins de Rei (52 años) y, por supuesto, el magistral Festival de Sitges con 57 años.

Y aunque la cifra se dice fácil, el secreto de su supervivencia es relativamente simple: Sants protege lo que Sants crea. Y claro, para muestra el personal que trabaja en las Cotxeres, más la banda de las entidades que les apoyan y conjuntamente lo dan todo cada año (pensemos que no es el único evento que realizan).

Eduardo García, actual responsable del Maratón, comparte en entrevista que su presupuesto está contemplado y garantizado, año con año, en el recurso propio del Centro Cívico, lo que sin duda le ha garantizado su continuidad y es quien otorga los premios en metálico para los cineastas que postulan sus cortos en competencia. La curaduría corre a cargo de una comisión que reúne a representantes de las entidades culturales, que le brindan apoyo al evento y su convocatoria anual se encuentra en plataformas como la internacional Festhome o la ibérica Movibeta.

¿Pero qué es lo que hace tan especial a este festín fílmico de barrio que en algún momento fue de 5 días y ahora únicamente de 3? La respuesta es muy peculiar también. El público viene a, literalmente, gritarles a las películas. Su participación no es pasiva porque los aquí reunidos se burlan, ríen, comentan en doble sentido, advierten en voz alta a los personajes (“¡No entres ahí, criatura!”) y aplauden cualquier monstruo mal iluminado como si fuera un logro técnico de proporciones históricas

¿Pero qué es lo que hace tan especial a este festín fílmico de barrio que en algún momento fue de 5 días y ahora únicamente de 3? La respuesta es muy peculiar también. El público viene a, literalmente, gritarles a las películas. Su participación no es pasiva porque los aquí reunidos se burlan, ríen, comentan en doble sentido, advierten en voz alta a los personajes (“¡No entres ahí, criatura!”) y aplauden cualquier monstruo mal iluminado como si fuera un logro técnico de proporciones históricas. Se celebran frases o situaciones como si el Barcelona hubiera anotado un gol en un clásico contra el Real Madrid y dinámicas por ese estilo. El Marató también gira en torno a la agilidad mental para vociferar cosas creativas. Todo se vale aquí. No, no es cierto, no todo. Se prohíben los comportamientos sexistas, racistas y LGTBIfóbicos.

Si en Sants existe un rito de paso, no es la confirmación ni el primer alquiler pagado a tiempo en tiempos de gentrificación condaliana: es sobrevivir una noche en la Marató de Cinema Fantàstic i de Terror de Sants. Esa tradición que convoca a amigas y amigos que han dejado el barrio de Sants “pero se dan cita una vez al año para compartir este singular ritual”, como lo confirma García o donde se dan complicidades interesantes entre el público a lo largo de los años que se han vuelto canon.

Por ejemplo, es una tradición gritar “El grifooooooo” cada vez que alguien vomita en pantalla, haciendo alusión a un año mítico en el que una película terminaba su historia con unos amigos vomitando, al más duro y puro estilo del cine thrash, como García también lo señala, que dicho sea de paso, no es hijo del fundador sino un apellido coincidente.

Aquí no asistes a una proyección: la proyección te sucede a ti. Y ese es justamente el encanto. Mientras otros festivales lucen alfombra roja y dress code, aquí lo que importa es la capacidad pulmonar y la resistencia al sueño. Armados con palomitas, pipas (semillas de girasol) y sentido del humor, los cinéfilos aguantan horas de vísceras, criaturas imposibles y joyas del fantástico seleccionadas siguiendo unas bases que a veces parecen más un gesto protocolario que una limitación real y si eres de lo que gritan “a toda hostia”, seguramente serás entonces de los que salen afónicos, pero eso sí, muy felices.

La resistencia en el tiempo de este maratón es gracias a la comunidad quien lo mantiene vivo. Esa misma que desde su radio de barrio lo promociona y de los vecinos que cada noviembre reafirman que el cine fantástico no es un género: es un acto litúrgico. Por eso su público es de proximidad.

Aquí no hay postureo. Aquí no hay influencers fingiendo que saben quién fue Alice Guy. Aquí hay público real. Público fiel que grita, que comenta, que no perdona un susto flojo, un efecto mal hecho y que convierte cada sesión en un espectáculo compartido.

México & el Marató: Catrinas, luchadores y sustos compartidos

En estas más de tres décadas de historia, México ha estado presente en el Marató. Ha vibrado con aroma a incienso, flor de cempasúchil y máscaras plateadas. Foto: Alberto Zúñiga Rodríguez

En estas más de tres décadas de historia, México ha estado presente en el Marató. Ha vibrado con aroma a incienso, flor de cempasúchil y máscaras plateadas. Gracias a la colaboración con MEXCAT, el festival ha incorporado altares de Día de Muertos dedicados a figuras del cine como El Santo, ha explorado el cine de culto mexicano, y ha teñido las Cotxeres de Sants con papel picado que combinaba perfecto con criaturas de serie B.

La asociación civil MEXCAT (México-Catalunya) surgió en agosto de 2008 conformada inicialmente por 5 personas. Vio la luz justo en el distrito de Sants y ahí se federó. Su primera participación y evento más grande fue ni más ni menos que el Marató del 2010, como lo recuerda César Cárdenas, quien es su presidente.

Durante 10 años la MEXCAT ha confeccionado altares, algunos de proporciones importantes (8×6 metros, de tres pisos, con más de 400 velas que encendían cada noche) y en los primeros años incluso realizaron un concurso de catrinas, algunas tan sui géneris como la novia de Frankenstein que se hizo presente, como lo rememora Cárdenas, quien es originario de Jalisco. 

Armados con palomitas, pipas (semillas de girasol) y sentido del humor, los cinéfilos aguantan horas de vísceras, criaturas imposibles y joyas del fantástico seleccionadas siguiendo unas bases que a veces parecen más un gesto protocolario que una limitación real y si eres de lo que gritan “a toda hostia”, seguramente serás entonces de los que salen afónicos, pero eso sí, muy felices.

Por esos altares, además del mítico enmascarado de plata del pancracio, el fin del mundo maya y su cosmovisión, el universo de Stan Lee, Apocalypto, la princesa Leia y el mundo de Star Wars, han formado parte de sus temáticas y homenajes. Este año no hubo altar como tal, pero sí una ofrenda situada en el escaparate de las Cotxeres que igualmente celebra nuestra tradición popular de días de muertos en este contexto de fiesta y culto al cine de género y fantástico.

“La Marató es como ir a la lucha libre en México”, lo define Cárdenas y no es para menos. Esa inmediatez de respuesta, el desmadre colectivo, el grito popular, la carreta con el que (o la que) gritó una tontería, las risas y el ambiente de comunidad se viven tanto en el espacio principal, el auditorio, como en el pequeño, la Sala B, donde se vive aún más intensa cada proyección. Sin duda, cualquier visitante o residente de Barcelona tiene que vivirlo y disfrutarlo, al menos una vez en la vida y más aún si es amante del cine de género.

Sangre, risas y gloria santsenca. Los ganadores de 2025

Premio Pere Garcia Plensa

Además del concurso de cortometrajes, el Marató programa largometrajes y convoca igualmente a otro certamen, el de microrrelatos que tiene también 27 años efectuándose. Este año, la cacería dejó un palmarés memorable. Entre sustos, risotadas y teorías de pasillo, estos fueron los ganadores:

Cortometrajes 2025

  • Mejor corto en Català
    El exterminador Van Pelsing, Dir. Esteve Gómez Peña
  • Mejor corto de Animación
    Pobre Marciano, Dir. Álex Rey
  • Premio Especial Alice Guy
    Las chicas de los martes. Me niego a ser Rebe, Dir. Aranzazu Gaspar
  • Premio Pere Garcia Plensa
    Amira, Dir. Javier Yáñez Sanz
  • Premio Chicha-Cutre Emili Moya
    Prepu y yo, en love story, Dir. Jaime Dengra
  • Premio del Público
    Súper Z, Dirs. Dani Giménez Parias y Marc Dalmau

 Microrrelatos 2025

  • Mejor microrrelato en Català:
    Ganador: Sesión de maquillaje, de Esther Miralles Henares
    Finalista: Atraco temporal, de Gloria Biosca Díaz
  • Mejor microrrelato en Español:
    Ganador: Duérmete niño, de Martín Ernesto Troncoso
    Finalista: Cono hielo, gracias, de Alicia García López

 Larga vida al Marató. Y que quien entre por primera vez… entre con valor e insomnio.

Post data del autor. Lo siento, amics, no le puedo decir “La marató” y menos escribirlo así, mi mexicanidad me lo impide. Es cuanto.

Alberto Zúñiga Rodríguez es cineasta y un obrero fílmico nacido en el rancho de las balas perdidas -fílmicas- Morelia, Michoacán. Ha dirigido los largometrajes Rupestre (2014), En la periferia (2016) y Emiliana Gat-alana (2023). Vive en Barcelona desde el 2022 donde conduce y produce el cinepódcast Tónica Replicante.


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