CINISMO / JUEGUETE RABIOSO
El sueño eterno de los perritos de la calle
Por Mariano Morales
El que esto escribe se
conduce con torpeza en su alma,
como si caminara dentro
de un cuerpo prestado,
con los bolsillos rotos, vacíos,
llenos de nada
o de un silencio viejo que pesa
como un rosario oxidado.
No sé por qué,
pero aun así levanto la vista
a las copas inmensas
de los árboles frondosos,
esas lenguas verdes
que murmuran plegarias
a un dios que nadie ha visto.
Allí, entre los parpadeos del sol,
mi espíritu se deshace,
se extasía, se vuelve un susurro
de algo luminoso, innombrable
e inmortal para los terrenales;
un resplandor que duele,
que hiere,
que exige ser contemplado
como un milagro que se derrama
sin permiso.
Y en ese andar
con mis tenis rotos,
abiertos como heridas secas,
me tropiezo con ellos:
los perritos de la calle,
cuerpos peludos & sucios,
pequeñas criaturas envueltas
en un aura de abandono sagrado,
como si el hambre les hubiera dado
un título místico,
una santidad que nadie entiende
pero todos miran de reojo.
Me dan ganas de abrazarlos,
de hundir mi rostro
en sus flancos tibios
y decirles que el mundo
no tenía por qué doler así.
Me dan ganas de alimentar
sus panzas de hambre infinita,
pero sé que el hambre
es apenas una de las puertas
del sufrimiento:
lo que realmente los devora
es el olvido.
Aun así no los quiero despertar.
Lucen tan tiernos, tan felices,
tan efímeramente satisfechos,
como si en sus sueños
habitaran dioses invisibles
que ellos sí pueden ver,
como si en ese sopor profundo
revelaran secretos
que a nosotros se nos pudrieron
en la lengua.
Qué dulcemente trágico es verlos:
acostados sobre el cemento,
enroscados como oráculos cansados,
custodiando una verdad
que solo se entiende
cuando la vida se agrieta:
que la belleza también nace
en lo que el mundo descarta,
y que hay criaturas
que llevan en los ojos cerrados
un resplandor más puro
que cualquier cielo prometido.
Y entonces comprendo,
mientras los contemplo
dormir sin miedo, sin dueño,
sin nada más que su propio calor,
que hay sueños tan hondos
que ya no pertenecen a la tierra,
y que tal vez, solo tal vez,
estos perritos miserables y santos
duermen tan profundamente
porque conocen un secreto
que nosotros hemos olvidado:
el camino exacto
hacia el sueño eterno.
EME
C

Mariano Morales mejor conocido como EME, es un escritor de servilletas, cronista de las causas pérdidas y poeta del mítico colectivo Escuadrón de la Muerte S.







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