TÓNICA REPLICANTE

Por: Alberto Zúñiga Rodríguez

Cero. Un disco duro fragmentado y Jim Jarmusch entero a los 73 años

Mientras espero noticias sobre un disco duro en el que hay información relevante de mi vida, escribo sobre la última película del emblemático cineasta independiente norteamericano Jim Jarmusch (James Robert Jarmusch, Cuyahoga Falls, Ohio) que con sus 73 años de vida, no deja de sorprenderme. Father Mother Sister Brother es un largometraje que debutó con sus 3 historias fragmentadas en el Festival de Venecia 2025, donde ganó el León de Oro a mejor película y aunque tuvo un brevísimo y fugaz paso por salas de cine de este lado del Atlántico, es ese espacio tan feroz, codiciado y cada vez más solicitado, donde compiten más de 800 estrenos al año por mostrar sus historias. El tiempo no me dio para ir a disfrutarla en una pantalla grande, sin embargo, para fortuna de los que somos amantes del cine de este hombre de cabellera plateada, actualmente ya puede verse en HBO Max. El reparto coral de esta historia, o mejor dicho, 3 historias, incluye a Tom Waits —junto a Jarmusch desde Down by Law—, Adam Driver (que poco a poco se convierte en otro de sus actores fetiches), Charlotte Rampling, Cate Blanchett, Vicky Krieps, Indya Moore y Luka Sabbat. A ninguno se le pone pero alguno. Es brutal ese reparto.

Uno. El tríptico como forma de vida

En un perfecto catalán barcelonés, el técnico de la empresa reparadora que me atiende, me habla sobre fragmentaciones, zonas afectadas, ceros y unos, además de decirme que tengo suerte de que el disco duro de estado sólido al menos se vea en el ordenador y cuando un segundo técnico me explica sobre la arquitectura de los discos de estado sólido y me habla de los que son monolíticos, de 4TB, con colapso térmico/eléctrico al transferir datos, pero que la tabla de particiones aún es legible, no dejo de pensar en que Jarmusch lleva tres largas décadas construyendo películas como arquitecturas de fragmentos. Ya lo hizo en Mystery Train (1989) y lo perfeccionó en Coffee and Cigarettes (2003). Quizá esta última una de mis grandes favoritas.

En Father Mother Sister Brother regresa a esa forma, con una diferencia crucial: esta vez los fragmentos no son episodios independientes sino variaciones sobre un mismo acorde o ¿tabulador emocional?, no lo sé y no hace falta porque Tom Waits encarna a un padre distanciado de sus hijos —Adam Driver y Mayim Bialik— que recibe su visita en una destartalada casa en Nueva Jersey. Charlotte Rampling es una madre de buena posición económica que se reúne una vez al año con sus hijas —Cate Blanchett y Vicky Krieps— en su hogar de Dublín. Y en el departamento parisino de unos padres fallecidos en accidente, una pareja de gemelos —Luka Sabbat e Indya Moore— se reúnen por última vez para recordarlos. Los tres actos se conectan a través de pequeños detalles —un Rolex, el agua, unos skaters en cámara lenta— en un filme agridulce de una abrumadora sencillez, pero de una complejidad emocional muy fuerte.

Cero. Crítica: la familia como país extranjero y cineastas que envejecen volviéndose más ruidosos que un disco duro viejo

El disco duro que traje a reparar no hace ruido alguno, es viejo para los tiempos tecnológicos que vivimos, sin embargo, hay cineastas que envejecen volviéndose más ruidosos, aunque Jarmusch hace exactamente lo contrario: cada película suya es más silenciosa que la anterior y el silencio se ha ido convirtiendo en su instrumento más afilado. Father Mother Sister Brother es probablemente su obra más quieta, y también una de las más honestas. La vi hace más de una semana y sigo pensando en ella.  El director recupera aquí su mejor pulso y su voz más profunda en una exhibición de cine sutil perfecto en su inmovilidad. Lo que ocurre en pantalla es aparentemente poco: visitas incómodas, tazas de té, conversaciones que evitan lo esencial, pero Jarmusch siempre ha entendido que lo que no se dice es la verdadera sustancia de las relaciones familiares. En la ausencia, a veces, está el todo. Y es que lo que resulta poderoso es el silencio: nunca llegamos a saber qué ocurrió primero, si el egoísmo o la distancia emocional, porque nadie habla de ello, como en las familias reales.

El primer acto, protagonizado por un brillante Tom Waits —con quien Jarmusch lleva trabajando desde 1986—, es el más cómico y el más jarmuschiano en sentido clásico: ese humor seco, beckettiano, donde la incomodidad genera risa y la risa genera tristeza. Waits parece haber crecido para convertirse en el personaje definitivo del universo del director: un hombre que se ha rendido al mundo y lo lleva con cierta dignidad absurda. Paréntesis, por favor, no se pierdan la música de este hombre fuera de la película, que es igualmente fabulosa y recomendable. El segundo acto, con Charlotte Rampling y Cate Blanchett, es el más elegante y quizás, el menos resuelto dramáticamente y el tercero, ambientado en París, tiene una textura diferente: la orfandad como revelación, los hijos descubriendo quiénes eran sus padres cuando ya no pueden preguntárselo. La película transforma la banalidad cotidiana de la vida familiar en una meditación agridulce, que deja un regusto amargo en los ojos y en el espíritu. Más o menos como la familia.

Uno. Comparativa con su obra. Cero. El espíritu de Flores rotas. Uno. Adam Driver y el linaje jarmuschiano. Cero. El minimalismo como sistema. Uno. Lo que pierde y lo que gana

Coffee and Cigarettes, de 2003

El primer técnico viene de nuevo a preguntarme si le había pasado algo similar al disco o me había ocurrido algo igual con otros discos de esta familia. “No que yo recuerde”, le digo. Y como si hablaramos de regresos, reflexionemos sobre la veta antológica de esta película que supone el celebrado regreso de Jarmusch al cine de antología, media hora después, un segundo técnico me comenta que quizá pueda remontar y darnos una sorpresa.

Father Mother Sister Brother es un tríptico excéntrico que encuentra lo universal en lo idiosincrático, que se conecta directamente con Mystery Train y Coffee and Cigarettes, pero donde aquellas obras eran más fragmentarias y formalmente arriesgadas. Ahora ésta es más unitaria temáticamente: las tres historias respiran el mismo aire. Hay que agregar que el nuevo filme de Jarmusch se aleja de sus pasados y disparejos experimentos genéricos —Only Lovers Left Alive, The Dead Don’t Die— y se aproxima en sensibilidad y complejidad a su notable obra maestra Flores rotas (2005). Comparte con ella esa melancolía de quien observa los vínculos humanos con la distancia justa para ver su belleza y su fracaso simultáneamente.

Father Mother Sister Brother no es la mejor película de Jim Jarmusch, pero en un paisaje cinematográfico saturado de ruido, urgencia y trauma exhibicionista, su apuesta por la quietud resulta casi un acto de resistencia política. En su aparente falta de pretensiones hay más sabiduría y respeto por sus personajes que en la mayoría de las películas que nos gritan sus intenciones.

Alberto Zúñiga Rodríguez

Por su lado, el actor Adam Driver que protagonizó Paterson en 2016, es quizás la película más cercana al alma pura de Jarmusch: la contemplación de lo ordinario como forma de espiritualidad laica. Su presencia aquí funciona como un guiño de continuidad: sigue siendo el mismo hombre que escribe poemas en un cuaderno, ahora visitando al padre que nunca estuvo del todo presente. Todo está formulado con el inimitable sello del cineasta: serenidad tonal, cámara relajada, brotes de melancolía, una mirada atenta y suavemente irónica capaz de extraer oro de los pequeños detalles. Esto conecta su obra completa desde Stranger Than Paradise (1984) hasta hoy: siempre la misma apuesta por la quietud como forma de verdad.

Puede ser comparada con Dead Man (1995) o Ghost Dog (1999), aunque esta película carece de la densidad mitológica y el peso simbólico que Jarmusch desplegó en su etapa más audaz. Tampoco tiene el lirismo radical de Paterson, siendo menor con respecto a películas que son magistrales. Es otra propuesta fabulosa de un cineasta que debería regresar más a menudo porque casi siempre complace.

Uno. Veredicto

Father Mother Sister Brother no es la mejor película de Jim Jarmusch, pero en un paisaje cinematográfico saturado de ruido, urgencia y trauma exhibicionista, su apuesta por la quietud resulta casi un acto de resistencia política. En su aparente falta de pretensiones hay más sabiduría y respeto por sus personajes que en la mayoría de las películas que nos gritan sus intenciones. Jarmusch tiene 73 años y sigue siendo el mismo estudiante de literatura que descubrió a Ozu y a Bresson, decidido a que el cine podía ser otra cosa. Father Mother Sister Brother es prueba de que esa convicción no ha envejecido. La familia, como el cine independiente, es ese lugar extraño al que uno pertenece sin haberlo elegido y del que nunca termina de irse del todo.

Cero. Cierre

Como si esto fuera una película de Jim Jarmusch, el técnico se queda con el disco duro finalmente. No sé qué pasará, puede que lo recuperen todo, puede que no recuperen nada, puede que aparezca ese 94% con un agujero negro en el medio donde estaban las fotos y videos más importantes. Salgo sin saber el desenlace e insisto que esto también es Jarmusch, pues sus películas no resuelven, no cierran, no te dan el abrazo final que el cine convencional lleva décadas prometiendo, como aquello de que los hijos vuelven a casa del padre y se marchan sin haber dicho lo que fueron a decir o las hermanas toman el té con la madre y el silencio sigue intacto cuando pagan el taxi o los gemelos vacían el depa de París y los padres siguen siendo un misterio. Nadie recupera el cien por cien algo. Jarmusch lleva cuarenta años filmando exactamente eso: la vida como disco duro al que le faltan sectores. Fragmentada, irrecuperable en algunos tramos, pero con la tabla de particiones aún legible en la compu. Father Mother Sister Brother es otra prueba de que ese método, esa terquedad poética, sigue siendo más verdadero que la mayoría de las películas que sí te dan el desenlace. Yo todavía espero noticias del disco.

Alberto Zúñiga Rodríguez es cineasta y un obrero fílmico nacido en el rancho de las balas perdidas -fílmicas- Morelia, Michoacán. Ha dirigido los largometrajes Rupestre (2014), En la periferia (2016) y Emiliana Gat-alana (2023). Vive en Barcelona desde el 2022 donde conduce y produce el cinepódcast Tónica Replicante.


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