DANDYS Y CÍNICOS
Gatalana, Pancho, Irving, El despeñadero de las voces (del periodismo de cine) y el recuerdo del Festival de Cine en Acapulco con Maristain
Por José Antonio Monterrosas Figueiras

La última vez que asistí a los premios Ariel me trataron muy mal. Los encargados de la prensa en aquel tiempo, Margarita Ortega y Jonathan Eslui, pareja ellos además, me insultaron a más no poder. Y todo por querer cubrir el evento que dicen “premia a lo mejor del cine”. Bueno, en realidad fue sobre todo Eslui, quien creo iba disfrazado de pingüino y reaccionó como un fiera en celo al verme, así que me escupió frases como: “¡Hazte para allá culero que estorbas!, ¡no estás invitado cabrón de mierda, qué estás haciendo aquí!”. Ortega, por su parte, aplicó la de ni te veo ni te escucho, bueno, en realidad sí me echó unas miradas de pistola por estar ahí de fisgón, de metiche, pero bueno, no me quedó de otra que permanecer afuera del corral que instalaron en uno de los costados del Teatro Degollado, en el que tenían a la intemperie, a parte de la prensa. No faltó, sin embargo, el reportero chistocito, primo de Michel Franco, que me dijo: “es que ahí es donde deberías estar siempre”. Sí, en el rincón, ¿verdad?
Recuerdo que “el Pájaro Navarro”, así le dicen sus amigos al periodista del Canal 44 de la Universidad de Guadalajara y el diario local El Informador, amablemente, tal vez como acto solidario, me regaló una torta de jamón que repartieron Margarita y su marido, pues a cada uno de los compañeros, les daban su refresco y su torta. Navarro me dijo que él no tenía hambre, que me la cedía, entonces yo me la comí porque la verdad yo sí traía algo de hambre, además hacía más dramática mi permanencia en ese margen donde poco me faltaba para ser el muppet que sale del bote de la basura, Óscar El Gruñón, le llaman, ¿cierto?
Y pues aquí nos tocó cubrir al Bardo Iñárritu y La Huesera, desde ese extremo donde la gente que pasaba se paraban a ver qué era lo que sucedía, por lo que yo ya no estaba solo, ahora éramos un grupo de hombres y mujeres que parecíamos simios recargados en esos barandales que nos separaban de la prensa acreditada. Pero a ver, es que era la primera vez que se realizaba el Ariel fuera de la Ciudad de México y en Guadalajara fue y yo tenía la suerte de estar ahí, porque es la ciudad a la que yo regresé a vivir en 2022, pues resulta que esto fue en 2023, ¡cómo no estar presente como periodista! No me lo puedo perder, ¿quedarme en mi casa a verlos por el You Tube? Con franqueza debo decir que ya no me quedaron ganas de volver, aunque dos años después se llevaron a cabo en Puerto Vallarta. Era muy tentador ver cómo sería el Ariel en la playa, pero no insistí en acreditarme, sólo que coincidió con que me invitaron a tomar un poco de arena, sol y cervezas, y aproveché para preguntarle a los vallartenses, si sabían qué es el Ariel. Sin embargo, me contaron más de la película de Derbez que se filmó en ese pueblo con mar que de esta celebración.
La última vez que asistí a los premios Ariel me trataron muy mal. Los encargados de la prensa en aquel tiempo, Margarita Ortega y Jonathan Eslui, pareja ellos además, me insultaron a más no poder. Y todo por querer cubrir el evento que dicen “premia a lo mejor del cine”. Bueno, en realidad fue sobre todo Eslui, quien creo iba disfrazado de pingüino y reaccionó como un fiera en celo al verme, así que me escupió frases como: “¡Hazte para allá culero que estorbas!, ¡no estás invitado cabrón de mierda, qué estás haciendo aquí!”
José Antonio Monterrosas Figueiras
Pero no es nuevo esto, siempre, desde que he insistido en realizar la cobertura del Ariel, porque pues es parte de la supuesta industria del cine en México, he tenido experiencias poco gratas, no del calibre de lo que hicieron ese par, que merecen les otorguen la estatuilla a la pareja que peor trata a la prensa cinematográfica independiente de México. Hay más historias que contar que son de no creerse, pero luego. Y es que se suben al tabique del “ahora sí somos personas importantes” y en lugar de caminar, comienzan a levitar entre las celebridades. Sienten que es el Oscar, pero no, lo lamento, es un premio que termina sosteniendo las puertas, como lo llegó a hacer la cineasta María Novaro en sus tiempos de juventud, cuando ganó cuatro estatuillas y quien luego terminó siendo la sucesora de su ex esposo en la dirección del IMCINE.
Mediante este desgaste y pensar… ¿para qué voy a donde no te invitan y además me maltratan?, aunque claro, lo mío, lo mío, es ir a donde no me invitan, pues llegué al límite de borrar de mi mente los Premios Ariel, pero eso fue imposible cuando me enteré que en el In Memoriam apareció —en el minuto 3 con 33 segundos— mi querida amiga Mónica Maristain. Claus, mediante el Whats App me escribió: “mira, tú amiga” y me puso el link del canal de You Tube del cineasta Julián Hernández, aquí está:
De las pocas cosas que sabía de esta edición del Ariel es que el cortometraje de los hermanos Llaven Las Voces del despeñadero, estaba nominado y seguro ganaría. Este documental de 23 minutos, en el que elevan al cielo a los clavadistas de La Quebrada de Acapulco, volviéndolos estrellas cinematografiables y que lo pueden ver aquí: https://vimeo.com/1223840571, fue reconocido en la categoría A mejor cortometraje documental, yo digo que muy merecido el premio a Victor Rejón e Irving Serrano, que espero ahora sí Irving hayas subido a recibir tu figurita con gorra y playera de Frankeinstein y a ver si ahora sí ya te dignas a darme una entrevista, cabrón, je je je.
Y no me enteré en el momento porque cuando sucedían los Arieles yo me encontraba con un grupo de amigas y amigos en un Festival, y no, no de cine, sino de cervezas, el de la cerveza Loba de Guadalajara. Luego ya un poco distorsionado por eso que mi amigo Fernando Silva llama “lubricante social” —es decir, la chela— nos fuimos a la que se ha vuelto mi segunda casa en la capital tapatía, The Beer 1220, una cervecería ubicada en la Colonia Americana, comandada por el melómano Roberto Mozart del Río, para luego rematar este dolor en la mezcalería Pare de sufrir. Así que como comprenderán a las tres de la tarde del domingo, me vine a enterando de todo.
A mí claro que me gusta que a mis amigos los recuerden, que los premien, que los quieran, por eso para colmo, no le perdono a los de la Academia, que no hayan nominado a la película Emiliana Gatalana, del cineasta mexicano-español, Alberto Zúñiga Rodríguez, ya que ésta es una película única en su especie, pues raro es que se haga un largo documental en México dedicada al público infantil, por si fuera poco de manera absolutamente independiente, y que además abordara un tema fundamental en nuestros tiempos que es el ser migrante, sin dejar de lado que es una historia que suma en ese horrendo prejuicio que existe entre muchas personas de que los felinos negros son del diablo, pos no, son unos angelitos, únicos e irrepetibles, como Emiliana Gatalana, la gatita prieta que ha vivido entre México y España (actualmente ronronea en este último país mencionado).
Invito a que escuchen a Alberto en una entrevista que le hicieron en el podcast Caminante. Historias resonantes de la migración por Europa, conducido por la periodista Norma Saldaña, el cual coincidentemente salió mientras los Arieles se entregaban en… ¿la Ciudad de México?¿O en Acapulco?, y donde Alberto cuenta sobre cómo la experiencia de migrar transforma en todos los sentidos a las personas, por lo que “hay que abrazar esa transformación”, pues Zúñiga cree que “hay que tener apertura de los fracasos, porque es donde definitivamente más aprendemos y de donde seguramente vamos a obtener lecciones que van a ser memorables”. Aquí la entrevista completa:
Pero volviendo al In Memorian, que fue el que me llevó a acordarme de los Arieles, y en donde aparecen personas fallecidas el año anterior y este, relacionadas con el cine en México, y en el que van, como dije, mi querida amiga, que extraño mucho, la periodista y escritora Mónica Maristain, además del cineasta Pancho Rodríguez, los críticos de cine, Irving Torres —quien ya no pudo vovler al Festival de Cine de Morelia— y Sergio Huidobro, el actor Gerardo Taracena, el polivoz Eduardo Manzano y “la doncella de piedra”, Elsa Aguirre, entre muchos otros.
Pues nada, que sorprende, sobre todo, ver que se hayan ido amigos tan jóvenes de este jolgorio llamado vida. Mónica, por ejemplo, cumpliría 65 años a finales de este mes de octubre, Irving y Pancho, estarían dentro de su quinta década de vida, ¡carajo, qué tristeza, si apenas empieza esta vida! Y por cierto, Pancho, quien mi amigo de la infancia y ahora cineasta Héctor Rodríguez me recordó que yo los recibí en mi departamento de Coyoacán, por allá de 2008 o 2009, ya que iban, precisamente, a la ceremonia del Ariel —otra vez el Ariel— y no tenían dónde hospedarse. Así que se quedaron en casa y Pancho y yo platicamos hasta las cinco de la madrugada sobre cine. Claro, es que quiero pensar que no los invitaron a la fiesta del Ariel, aunque sí a la ceremonia. Yo no me acuerdo por qué no fui en esa ocasión, seguro era yo un perfecto esclavo del sistema o el Ariel me daba lo mismo.
Pero volviendo a Mónica Maristan, a propósito de este In Memoriam, quiero decir que ella jugó en muchas chanchas, no sólo en la del futbol o la literatura, que comentario a parte, no tardan en anunciar su Homenaje en la Feria Internacional de Libro dentro de su edición 40, imagino que puede ser el 3 de diciembre, y yo sé que no me lo han preguntado, pero si me lo preguntaran tendrían que estar ahí Antonio Ortuño, Rosa Esther, Rogelio Villarreal, Juan Villoro, Zeth Arellano, Malumi González, Lucirene Castellanos, Fabián Polanco y Jonatan Frías.
José Antonio Monterrosas Figueiras
Pero volviendo a Mónica Maristan, a propósito de este In Memoriam, quiero decir que ella jugó en muchas canchas, no sólo en la del futbol o la literatura, que comentario a parte, no tardan en anunciar su Homenaje en la Feria Internacional de Libro dentro de su edición 40, imagino que puede ser el 3 de diciembre, y yo sé que no me lo han preguntado, pero si me lo preguntaran tendrían que estar ahí Antonio Ortuño, Rosa Esther, Rogelio Villarreal, Juan Villoro, Zeth Arellano, Malumi González, Lucirene Castellanos, Fabián Polanco, Edgar Krauss y Jonatan Frías, que además hace unas semanas la FIL confirmó que Buenos Aires será la invitada para el 2027, pero esta será la primera vez que Mónica ya no esté sentanda frente a su computadora en la sala prensa escribiendo sus notas incendiarias en MaremotoM, ya no la veremos andar en los pasillos de la Expo para ir a paso firme y sin prisa —que quiero aclarar que Mónica nunca, como dijo su amiga Irma Gallo, iba corriendo a hacer entrevistas, jamás, ella siempre salía con tiempo a todo para no andar aprisa a ninguna parte, a pesar de que sus últimos años de vida estaba lejos de todo, por estar en el margen de la Ciudad de México—. Ya tampoco comeremos mariscos con ella en el Memín, ni tomaremos café y sandwichitos frente a la Expo, pero sí la recordaremos como ahora lo hizo la AMACC y escribiendo éstas y otras notas relacionadas con ella, aunque a sus amigas les parezca que estoy obsesionado. Se llama, sencillamente, rendirle homenaje a una mujer que dio la vida por su literatura, por sus notas y por la gente que quería.
Pero decía que Mónica jugaba en canchas como la del futbol y la literatura, también, entre muchas otras, tuvo una relación estrecha con el mundo del cine; escribió, por ejemplo, un libro donde hay 30 entrevistas a actores mexicanos con fotos de Marina Taibo, publicado en 2015, y donde se leen conversaciones con personajes como Diego Luna, Gael García, Damián Alcázar, Demián Bichir, José María Yazpik, Tench Huerta, Julio Bracho, Alejandro Calva, Eugenio Derbez, Plutarco Haza, Raúl Méndez, Rodrigo Murray, Jesús Ochoa y Roberto Sosa, entre otros. «No hubo alguna entrevista difícil”, dijo Maristain. “Aunque he de confesar que me puse muy nerviosa con Gael García Bernal, porque no lo conocía y lo admiro mucho. Tenía miedo de hacer algo complaciente u opaco, pero la suerte me ayudó. Estoy muy orgullosa de ese trabajo, de hecho fue la que más me gustó. Descubrí a un muchacho muy inteligente, profundo y consciente de su profesión y de su lugar en ella», puntualizó.

Maristain también fue fundadora, junto con un grupo de críticos de cine, de un premio que se daba en el Festival Internacional de Cine en Guadalajara a inicios de este siglo, cuando era todavía invitada a ese festival, porque dejó de ir tanto al de Guadalajara como al de Morelia, no se diga al Ariel. Ese premio se llamaba Los Guerreros de la Prensa, luego lo revivieron otro grupo de periodistas, pero en realidad lo que les interesaba era hacer política y que fueran invitados a los festivales, como Juan Manuel Badillo, el amigo de Jorge Caballero y César Huerta, reporteros de La Jornada y El Universal, respectivamente, que como ya no tenía chamba y quería seguir yendo a los fesitvales, pos le inventaron ese cargo.
Por fortuna este se fue al barranco, porque ellos mismos acabaron embarrados en su propia mierda, al usar el mencionado premio para atacar o denostar a quienes les criticaban o simplemente les caían mal y como todos en el gremio estaban apantallados con formar parte de esa red en la que supuestamente ahora sí alguien valoraba la labor de los periodista de cine en México, pos cayeron rendonditos, pero uno a uno se fueron retirando de puntitas lentamente.
Hasta el mismo maestro Jorge Ayala Blanco, sucumbió y aceptó recibir el premio que este trío de bandidos daba, aunque alguna vez el mismo Badillo se burló del crítico de cine, cuando luego de preguntarle un servidor a Alejandro González Iñárritu qué opinaba de lo que dijo Ayala de que «Babel es una película asquerosamente racista, para recomendarle a los norteamericanos que no dejen a sus hijos con sirvientas mexicanas, porque seguramente son tan cretinas que los van a dejar en el desierto y se van a deshidratar los niños, y que no viajen los norteamericanos al extranjero, porque seguramente van a entrar en manos de cualquier niño visceralmente terrorista, porque se trata de un árabe. La película más racista de la historia… las película más racista de la historia son las que les gusta a los norteamericanos, y son las que van a premiar con globos de oro…», pues Badillo escondido entre los reporteros, farfulló para luego reír de manera socarrona: “¿Y quién es Jorge Ayala Blanco?”
Maristain, por cierto, dejó un libro inédito acerca de Palestina y el cine de Rafael Rangel —y habrá que preguntarle a Rangel qué pasará con ese libro—, también apoyó a Ricardo House en su película Roberto Bolaño, La batalla futura (2016), además de haber dejado grandes crónicas como aquella que escribió de la última edición —no lo sabíamos en su momento que así sería— del Festival Internacional de Cine de Acapulco (FICA) y que fue gracias al periodista Fabián Polanco quien nos reunió en ese festival, que fue el lugar donde la amistad entre Mónica y yo se consolidó. El FICA, cabe señalar, se realizó meses antes de que desparecieran a los 43 estudiantes de Ayotzinapa, que todavía es un tema impune.
“Por un momento, con el perro escondido en los rincones, los ruidos ensordecedores de un Elvis Presley falso y los jóvenes que se arrojan desde un promontorio al mar, en la noche enceguecedora, el Festival Internacional de Cine de Acapulco atraviesa ese desierto de lo real calcando con puntillismo y un sentimiento que se vislumbra patético y entrañable a la vez, la postal del pasado que nunca volverá. Afuera, Acapulco, Guerrero, 2014, siglo XXI, arde, espanta”.
Mónica Maristain
Recuerdo que Mónica no quería subirse al camión que nos llevaría del hotel donde estaba alojada la prensa al show frente a La Quebrada de Acapulco y donde estaría el imitador de Elvis Presley, Héctor Ortiz, pero Dios es grande y ella se dejó convencer por mí, así que fuimos, y de ahí nació una gran crónica con el nombre En su novena edición, El Festival de Cine de Acapulco se debate entre el ayer y el hoy con Stallone de testigo, donde se pueden leer párrafos llenos de verdades y con una calidad literaria inmejorable.
Escribió Mónica: “Por un momento, con el perro escondido en los rincones, los ruidos ensordecedores de un Elvis Presley falso y los jóvenes que se arrojan desde un promontorio al mar, en la noche enceguecedora, el Festival Internacional de Cine de Acapulco atraviesa ese desierto de lo real calcando con puntillismo y un sentimiento que se vislumbra patético y entrañable a la vez, la postal del pasado que nunca volverá. Afuera, Acapulco, Guerrero, 2014, siglo XXI, arde, espanta”, (aquí pueden leer el texto completo que no tiene desperdicio: https://www.sinembargo.mx/890602/en-su-novena-edicion-el-festival-de-cine-de-acapulco-volvio-a-debatirse-entre-el-ayer-y-el-hoy-con-stallone-de-testigo/). Casi puedo asegurar que luego de ese festival, Mónica no volvió a otro sobre cine. Es más, yo creo que tampoco ya iba a una sala de cine, todo era ya verlo en plataformas y más con la pandemia sufrida, para qué volver a la sala donde hay que aguantar a pelotudos hablando en medio de la película.
En 2014, Maristain no asistió a la Feria Internacional de Libro de Acapulco (FILA) a la que fue invitada, ya que fue una forma de protestar por la desaparción de los 43 estudiantes. “Hoy, el rostro desollado, sin los ojos, de un normalista llamado Jorge Luis Mondragón, posteado por mi colega Sanjuana Martínez —explicó Mónica—, me hizo tomar la decisión de no asistir a ningún acto cultural en el estado de Guerrero hasta que no se castigue a los culpables de los crímenes horrendos que sembraron de ignominia un país que parece haber perdido el rumbo”.
Agregó la periodista: “Mi renuncia como participante en la Feria del Libro de Acapulco (realizado en octubre de 2014) obedece a mi necesidad de hacer duelo, de llorar en silencio, de respetar el dolor de las familias que perdieron a sus seres queridos en tan tremendas circunstancias”. Recordó incluso que había asistido a cubrir el Festival Internacional de Cine de Acapulco, que vio una ciudad militarizada y unos funcionarios y empresarios alejados totalmente de la realidad. “Escribí, de hecho, una dura crónica al respecto”, se refiere aquella nota mencionada párrafos arriba.
Ahora vemos a Mónica en ese tren fantasmagórico que es el In Memoriam del Premio Ariel 68, el cual estoy seguro le habría parecido fatal, a mí al menos me hizo recordarla de nuevo y hablar tan solo un poco de su relación con el cine, también de paso traer aquí a los olvidados, por mí, reconocimientos dados por la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas, escribir esta nota y tener presente las lecciones de amistad y periodismo que aprendí de la telúrica Mónica Maristain.
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José Antonio Monterrosas Figueiras es periodista cultural y cronista de cine. Es editor cínico en Los Cínicos. Ha colaborado en diversas revistas de crítica y periodismo cultural. Conduce el programa Cinismo en vivo.





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