CINISMO BRILLOSO

Las “provocaciones” feministas en un país feminicida

Me grabo tu rostro en la memoria, no para volver a verte, para nunca olvidar, para llenarme de rabia, no para vivir atemorizada, para luchar por ti. Y mientras tanto, allá, allá comenzó la guerra, porque nos están matando. El colmo: los mismos policías son los que asaltan, violan, secuestran y matan.

Por Michelle Gaytán

Marcha en la Ciudad de México, tras violaciones de policías a mujeres menores de edad. Foto: Galo Cañas / Cuartoscuro.

México es un país donde los feminicidios son anécdota familiar, donde la impunidad es absoluta, donde la cultura machista se reproduce en cada célula de la sociedad, donde las mujeres corren el riesgo a ser asesinadas no sólo por las bandas de delincuencia organizada o los asesinos seriales jamás perseguidos, sino por los hombres más cercanos a ellas: esposo o novio, padre o hermano, vecino o algún amigo, el maestro o jefe del trabajo. 

En este país, las mujeres que buscan justicia y seguridad se enfrentan a la inoperancia del sistema y el estigma familiar —y social— al denunciar a un hombre cercano, por cosas que sólo un criminal podría hacer. Denunciar te mete en más problemas de los que resuelve. Hacer una denuncia formal tarda meses y días enteros de filas y trámites interminables, de pasar de un cubículo a otro explicando una y otra vez la situación, de pedir el sello en tres dependencias distintas, con direcciones distintas, de ser examinada de cuerpo entero sin recibir un trato digno, rodeada de mujeres casi asesinadas teniendo que comprobar que su vida corre peligro. 

Después de tantos días perdidos, por fin logras meter una denuncia formal que no servirá de nada, pues tan sólo le darán una advertencia. Si el agresor termina —como era de esperarse— matando a la mujer, lo más probable es que lo pasen por suicidio y cierren el caso. Las madres que buscan justicia para sus hijas son perseguidas, intimidadas y también asesinadas. Una mujer antes de salir a la calle —y dependiendo de lo que tenga que hacer— debe seleccionar cuidadosamente su vestuario, no sea que antoje o provoque a alguno por ahí y terminen violándola. 

Las patrullas inspiran más miedo que confianza, resulta no sólo desafortunada sino desatinada la indignación de la jefa de gobierno de la Ciudad de México Claudia Sheinbaum por la violencia ejercida hacia la institución —diamantina y algunos cristales rotos— que supuestamente brinda seguridad.

Brillantina rosa, la nueva expresión feminista inaugurada en la cara del Secretario de Seguridad Ciudadana, Jesús Orta Martínez, a quien le exigen justicia por las violaciones de policías de la Ciudad de México, a mujeres adolescentes.

En México salir a la calle y ser mujer es una actividad de alto riesgo. Si la violencia la encuentran desde el núcleo más básico de la sociedad, es decir la familia, ¿qué será cuando salen a la calle? Las patrullas inspiran más miedo que confianza, resulta no sólo desafortunada sino desatinada la indignación de la jefa de gobierno de la Ciudad de México Claudia Sheinbaum por la violencia ejercida hacia la institución —diamantina y algunos cristales rotos— que supuestamente brinda seguridad.

La justicia es para aquellos que pueden pagarla, y ahora que las mujeres implicadas están siendo perseguidas por “provocar” al sistema, por no tener miedo, por exigir justicia y seguridad, por levantar la voz y decir: ¡Ya basta!, me es inevitable recordar a las brujas medievales siendo llevadas a la hoguera. Sólo que esta vez no las dejaremos solas, estamos juntas y unidas, no pedimos, exigimos justicia para nuestras asesinadas y cuentas claras de nuestras desaparecidas. Esta vez no vamos a negociar. Y mientras nuestras autoridades se llenan de falsa indignación, nosotras de verdadera rabia. Rabia que se hace presente, no es para menos, cuando sabemos que en este 2019 van mil 199 asesinatos de mujeres.

Mujeres hartas de la violencia, ejerciendo violencia. Machistas amenazados por hembras sin miedo. Patriarcado debilitado. Lucha salvaje y enfurecida. El policía, el desconocido, el cercano, el de todos lados. Cada uno busca por su lado. ¿De dónde vienen los culpables?, ¿dónde terminan las víctimas? Me grabo tu rostro en la memoria, no para volver a verte, para nunca olvidar, para llenarme de rabia, no para vivir atemorizada, para luchar por ti. Y mientras tanto, allá, allá comenzó la guerra, porque nos están matando. El colmo: los mismos policías son los que asaltan, violan, secuestran y matan.

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Michelle Gaytán es promotora, escritora, gestora y productora de eventos, actividades y proyectos artístico-culturales. Estudió la licenciatura de filosofía, fundadora del proyecto Librocleta y del blog Librearte.

@Michelle_libre