CINISMO ROSA
Barbie, celulitis y pensamientos de muerte
En Barbieland todo es perfecto. Mujeres de plástico, hermosas, felices, viven en sus hermosas casas en donde todo funciona, se dedican a sus profesiones y oficios, hacen todo, pueden todo, celebran todo. Son sororas, plenas, no necesitan nada, ni siquiera saben lo que es la falta y por lo tanto desconocen el deseo.
Por Débora Hadaza

En Barbieland todo es perfecto. Mujeres de plástico, hermosas, felices, viven en sus hermosas casas en donde todo funciona, se dedican a sus profesiones y oficios, hacen todo, pueden todo, celebran todo. Son sororas, plenas, no necesitan nada, ni siquiera saben lo que es la falta y por lo tanto desconocen el deseo.
Esta película presenta varios niveles de interpretación. El más básico quizá sea ver éste como un mundo creado por la fantasía infantil. Las niñas que juegan con sus Barbies no saben que sí tienen necesidades, se creen poderosas y capaces, se viven/juegan presidentas, astronautas, pilotos, doctoras, jardineras, albañilas, escritoras, sirenas… Creen saberlo todo, poderlo todo, sueñan con relaciones perfectas entre amigas perfectas en sus vidas perfectas, los hombres sobran porque, obvio, son solo niñas y una niña que se sueña profesionista, rica y hermosa ¿para qué diablos podría necesitar un hombre? Barbieland es perfecto porque todo es armónico, todo, desde los caracteres, la manera en que se desarrollan las profesiones, las coreografías con las que bailan, la transparencia de sus vidas que no necesitan paredes, la ropa a juego que usan y las decisiones que toman, claro son niñas jugando en un mundo idílico, liso y bello, no existe lugar para lo raro, lo incómodo, lo áspero, lo distinto, lo inconforme. Entonces Barbieland no es tan perfecto.

A las afueras de los linderos de la perfección vive la Barbie Rarita, con el pelo cortado, el rostro y el cuerpo rayado -¿tatuado?-, vive con un perro que bota sus cacas por toda la casa, al menos dos tipos de Ken discontinuados y varias Barbies rotas, descompuestas, propiedad de niñas tristes, extrañas, o rudas. Afuera, como hemos vivido por siempre las niñas que no se saben las canciones de moda y que, ya sea por pobreza o rareza, no saben combinar sus ropas, sus mentes, sus juegos, con los de las demás. Niñas, hijas de mamás con pocas habilidades para el peinado o con un dudoso gusto, niñas que algo en la vida se les descompuso o algo de la felicidad se les discontinuó, niñas que terminan viviendo en cajas que no son rosas, que no son lisas, que no son perfectas. Una de ellas es la gurú de nuestra Barbie protagonista y hegemónica, es alguien poco agraciada que sirve como ejemplo de lo que te podría pasar si no te compones, asusta de pronto a nuestra perfecta muñeca, pero sabe algo que ella y muchas niñas perfectas no saben: Barbieland no es el mundo real, y al menos alguna vez en la vida debes ir al mundo real.
En Barbiland todo es perfecto. Las mujeres dominan el mundo, poseen todo lo poseíble, dominan todo lo dominable, habitan y ocupan el espacio, se saben poderosas y dueñas. Los Ken ¿dónde viven los Ken? Ellos no poseen nada, la hermosa casa de sueños es la casa de Barbie, el carro es de Barbie, el mundo es de Barbie. Ellos no saben ni pueden nada, no tienen ninguna profesión u oficio, se dedican a ser bonitos, a perseguir a sus Barbies a donde quiera que vayan, a luchar por su atención y su cariño, a anhelar con todas sus fuerzas que alguna de ellas los vea como algo más que amigos, que comparta su casa con ellos, que pelee por ellos, que los hagan una más de sus propiedades. ¿Entonces Barbieland es un espejo invertido del patriarcado?
Sí, los Ken son las mujeres antes de la revolución feminista. Las mujeres retratadas hermosa y estúpidamente por todos los escritores del romanticismo. Los Ken son aquellos que no tienen nada qué decir pero que lo dicen de una manera tan linda, una bestiecilla hermosa, una torpe distracción. Eso lindo e inútil que a veces hace falta para decorar una casa y provocar calor de hogar. Esas tiernas fierecillas que compiten entre ellos para cazar una mujer poderosa, para por fin tener una casa -aunque no suya- donde vivir, pasear en un carro que no tienen derecho de manejar, e ir detrás y con orgullo de una gran mujer admirando los logros que jamás podrán alcanzar. No son nadie, no poseen nada, no son dignos de respeto ni admiración, solo existe para acompañar a Barbie. ¿Será que fueron creados para ser una ayuda idónea?

Barbie está abrumada. La realidad del mundo que vivimos es abrumadora. Ella no vio miseria, violencia criminal o de guerra, no sintió el efecto del racismo, no experimentó el desalojo de su vivienda, ni el hambre, ni los efectos de una catástrofe natural, no, sólo experimentó la vida ordinaria. Ser una mujer, aunque hermosa, en un mundo/cosmos ordenado y gobernado por hombres.
DÉBORA HADAZA
Los pensamientos sobre la muerte y la celulitis son buenos amigos. Nunca lo había pensado pero tiene mucho sentido. ¿Cuándo rayos una niña va a pensar en celulitis? Están nuevas y perfectas, su piel es un poema de vida burbujeante, explosiva, apabullante. La celulitis, normalmente, aparece cuando la muerte ya te anunció que eres su territorio, cuando los años comienzan a colonizarte, cuando la vida ya pesa porque no es idílica, lisa, ni perfecta, sino simplemente real, es decir, cargada de muerte.
Que Barbie necesite ir al mundo real te habla de que ha sido para siempre expulsada de la fantasía, sí, aunque regrese. Justamente por eso, porque NECESITA. Se acabó la ilusión de plenitud, se acabó el ver la vida como un sueño continuo donde nada debe ni puede cambiar. Sus lazos con las otras Barbies perfectas han sido para siempre trastocados, pero lo más disruptivo está a punto de acontecer. Ir al mundo real significa salir de la protección fantaseada, dejar de ver a las personas a través del velo de la perfección, saberse vulnerable, acosable, comestible, perseguible. ¿A los cuántos años te sucedió? ¿Qué edad tenías la primera vez que viste los ojos de un hombre sobre tu cuerpo como garras apretándote? ¿Cuándo fue la primera vez que te gritaron o susurraron una obscenidad? ¿A qué edad te agredieron por primera vez con un pellizco o con una nalgada? ¿Qué hiciste? ¿Te pudiste defender? ¿Lloraste?
Barbie está abrumada. La realidad del mundo que vivimos es abrumadora. Ella no vio miseria, violencia criminal o de guerra, no sintió el efecto del racismo, no experimentó el desalojo de su vivienda, ni el hambre, ni los efectos de una catástrofe natural, no, sólo experimentó la vida ordinaria. Ser una mujer, aunque hermosa, en un mundo/cosmos ordenado y gobernado por hombres. Uno de los mejores momentos de la película fue cuando la niña a la que está buscando le dice a la cara que Barbie es de lo peor que les ha pasado a las mujeres, que las ha llenado de inseguridades por conseguir un estándar de belleza inalcanzable, que es un arma del capitalismo, y además es fascista. Ese momento fue placentero aunque se sintió un poco injusto, para la muñeca claro. Por otro lado, en otro nivel, solo nos mostró el poder del capitalismo, de reintegrarlo todo, todo, hasta las críticas que se le hacen, todo hasta el feminismo, todo hasta el arte y el ojo crítico de las artistas independientes como Greta Gerwig, todo hasta el odio a la muñeca y al feminismo. Da miedo cuando una lo piensa demasiado. Da miedo ver las hordas rosas uniformadas, da miedo ver las enormes filas vestidas de rosa llenando los cines, da miedo y gusto, porque en este mundo/cosmos el capitalismo siempre mide el éxito de algo, de alguien, con ganancia económica. Si Greta triunfa con su visión del mundo ganará y hará ganar al sistema mucho dinero, si Greta triunfa con ella llevará a otras mujeres a triunfar y hacer que el sistema gane mucho, mucho más dinero, si Greta triunfa, triunfa también Mattel, y Zara que usa mano de obra infantil y muy barata, y las palomitas rosas de las cadenas de cines que malpagan a sus empleados, y Hollywood que ahorita tiene en huelga a sus escritores y actores. Si Barbie triunfa, como lo está haciendo, este sistema capitalista tiene mucho que celebrar.

Ken, al contrario de Barbie, ve este arreglo del mundo/cosmos como un mar donde por fin podrá nadar a sus anchas. Me parece curioso que, aunque lo pintan como tonto, el lugar donde se informa del patriarcado es una biblioteca, se lleva varios libros, los lee y logra convencer a los otros Ken y a todas la Barbies de esta idea. Obvio, no es y nunca fue un idiota. Lo siento si les parezco una mala feminista, a mí sí me fastidio la ridiculización de los hombres en la película, sobre todo por lo que plantee antes. Si los Ken son las mujeres de antes del feminismo me parece dolorosa su ridiculización. Por siglos nos han pintado así: frívolas, estúpidas, necesitadas de atención, de amor, de matrimonio, de bienes. Greta Gerwig lo pintó muy bien en su versión de “Mujercitas” en boca de Amy March:
“Bueno, pues yo no soy un poeta, solo soy una mujer y como mujer no tengo forma de ganar dinero por mi cuenta, no lo suficiente para ganarme la vida o para mantener a mi familia. Y si tuviera dinero, que no lo tengo, ese dinero le pertenecería a mi marido en el momento que nos casáramos. Y si tuviéramos hijos serían suyos, no míos, serían de su propiedad. Así que no te sientes ahí a decirme que el matrimonio no es una proposición económica, porque lo es, tal vez no para ti, pero sin duda sí lo es para mí”.

Y Ken, no expresa sino solo esto que nos han metido en la cabeza desde los púlpitos, de todas las confesiones cristianas, hasta el hartazgo a todas las mujeres criadas en el cristianismo y quizá en todas las religiones monoteístas: “Fui creado para ti, mi razón de existir eres tú”. Desde los púlpitos, sinagogas o lugares de culto de los musulmanes, se le ha enseñado a la mujer que solo existe para ayudar al hombre, para acompañarlo, para sujetarse, para servirlo. Qué mundo tan reducido aquel que se limita a la caprichosa pequeñez de otro ser humano.
Por otro lado, sí otro, no sé cuántos llevamos, pero vamos a otro, ¿de verdad sería tan perfecta una sociedad gobernada y protagonizada solo por mujeres? ¿De verdad sería tan justa? ¿Armónica? ¿Perfectamente funcional? ¿Qué somos las mujeres, semidiosas? ¿No somos humanas? ¿No somos conflictivas, no somos diferentes unas de otras, con diferentes modos de hacer las cosas? ¿No tenemos diferentes ideas y a veces hasta contrarias a las demás? ¿No sentimos ira, envidia, confusión, egoísmo, y cualquier emoción humana? ¿No tenemos maldad? Me encantan las escritoras que se atreven a mostrar a las mujeres tan monstruosas e imperfectas, y por lo tanto humanas, como realmente somos. Barbieland es perfecta porque no existe más que en la imaginación de niñas, muy niñas, muy protegidas, muy privilegiadas y muy ingenuas. Es justo y bueno que las niñas piensen y sientan así, no que las adultas lo sigamos pensando, ya no. Necesitamos ser críticas con nosotras, incluso con nuestro feminismo, con cualquier feminismo, con cualquier ismo, con cualquier creencia, idea, incluso práctica. No podemos seguir comprándonos el rosa como bandera de la perfección femenina.

Tengo que decirlo, sí, también esto, el discurso de América Ferrera es hermoso. El silencio absoluto en la sala del cine testificó su elocuencia y también su verdad. “Es imposible ser mujer”, así inicia, y desde ahí es super poderoso porque ser mujer es casi ser más un ideal que un humano. Ya sé que parece que me contradigo y tal vez sí. Al significante “mujer” se le han dado tantos significados, es tan abrumador, es tan agotador, es tan demandante, es tan poderoso. Nos piden ser santas, y buenas, y justas, y bellas, y capaces siempre, y no tan capaces, y no tan santas, y no tan bellas, y no tan buenas todo el tiempo. Fue hermoso ese apapacho a todas las mujeres en la sala y fue hermoso también ver que alguien que es un ideal y una idea, como Barbie, deseara, a pesar de los pesares, dejar de ser una muñeca para convertirse en una mujer. Y sí, claro, si se introduce la muerte se introduce el deseo. Yo también deseo ser mujer aunque a veces lo aborrezca. Esta terrible contradicción y constante lucha entre el ideal y la realidad que me ha permitido vivir todo lo que he vivido y ver el mundo desde donde lo he visto, escribir sobre él, sentir sobre él, no lo cambiaría por nada. No tengo idea de qué sea ser varón, ni si es más fácil o más difícil, no lo sé, la verdad no me importa. Mis luchas, nuestras luchas, mis sueños y lo difícil que es conseguirlos, nuestros límites sociales, nuestros retos, nuestros riesgos, es algo que agota toda mi energía. Quiero no ser una idea ni un ideal, como Barbie, quiero ser quién tiene y realiza las ideas. Quiero crear y lograr y quiero que cada mujer cree y logre, que seamos lo que queramos, no solo las privilegiadas sino todas, trabajar por un mundo equitativo, más justo de verdad, más amable pero que sea de verdad.
Todo esto desde mi condición de no Barbie pero sí mujer y sí rarita, algo rayada, algo descompuesta, algo descontinuada y muy imperfecta.
C
*Nota publicada originalmente en el sitio Sol de hielo.

Débora Hadaza, es licenciada en composición musical por la UMSNH. Ha sido columnista en revistas digitales como Contenedor de Arte, Periódico el Despertar, Tercera Vía, Revueltas Times, Awttar Electronic Cultural Magasine de Argelia, Tribuna Digital online, y desde el 2021 es colaboradora y editora de la revista/blog “POPSI, entre el psicoanálisis y la cultura pop”. Publicó en 2018 su libro de cuentos “Histerias de la Memoria”, en 2020 el poemario “Yo soy voz y Trucos para no enloquecer”, ambos con las editoriales independientes Editorial Endora y Cartopirata Ediciones, y en el 2023 “Hysterias de Memoria, Pulsión y Olvido” con la editorial colombiana AKERA. Ha participado en diversas antologías nacionales e internaciones de poesía, cuento y ensayo, en el 2010 Antología de cuentos Escritores Seriales. Antología 0.1” de Kala Editorial, en el 2017 en «POESÍA DIGITAL, ANTOLOGÍA APP» con la editorial colombiana Mango Biche, en 2019 en «Tejidos, Texturas y Tesituras. Arte y Psicoanálisis» de la Editorial Samsara, en 2022 en la Antología “Azúcar y Sal” de la Sociedad de Escritoras Chihuahuenses “Ricardo Fernández Aguilar”, en la Antología del Quinto Concurso de Cuento Corto de Escritoras Mexicanas (FENALEM) con su cuento “Nuestro taxista de confianza”, en la antología “Mujeres con mala Reputación” de la Red de escritoras de Michoacán, y en 2023 en la antología “Mujeres que besan” de Escritoras sin Fronteras y CODISE. En el 2022 obtuvo el segundo lugar en el Segundo Concurso de Cuento “Mujeres que se vuelven tinta” del Centro Cultural Elena Garro, con su cuento “Fiebre o río”.







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