DANDYS Y CÍNICOS

Por José Antonio Monterrosas Figueiras

Ahora que se cumplen dos años de fallecimiento de uno de los máximos exponentes de la música ranchera, Vicente Fernández, valga recordar el día que el autor de esta nota conoció el Rancho de Los Tres Potrillos.

I.

El autor de esta nota en la fachada principal del Rancho de Los Tres Potrillos.

Llega a mi correo electrónico la invitación para asistir a la conferencia de prensa en la que se dará a conocer el legado musical y nuevos proyectos del que fuera uno de los máximos exponentes de la música ranchera, Vicente Fernández, quien falleció el 12 de diciembre de 2021.

Estás en Guadalajara y qué mejor pretexto para ir a conocer el legendario Rancho de los Tres Potrillos de Vicente Fernández, la propiedad de 500 hectáreas que fue construida en 1980, en honor a sus tres hijos: Vicente, Alejandro y Gerardo. De ahí el nombre del lugar.

La fecha del evento es el 9 de agosto de 2023. No faltaron algunos periodistas tapatíos especializados en música, que al saber que viajaría al rancho de Vicente, ubicado a 30 minutos de Guadalajara, en el municipio de Tlajomulco de Zúñiga, en el kilómetro 20 de la carretera Guadalajara – Chapala, me preguntaron que “si era muy fan de Chente o qué”, jajaja. Carajo, entiendo que lo dicen un poco en broma y otro tanto en serio, pero respondo que hay algo que se llama curiosidad, no siempre reaccionamos a ella, pero en esta ocasión sí.

Les podrá parecer que es una pérdida de tiempo, pero yo no lo creo, es Chente después de Chente, el ídolo del pueblo. Esto no pasa todos los días, así que hay que ir y ver. Aunque no tenía auto, ni tampoco dinero para pagar un taxi o un uber, tuve que buscar la forma más barata de llegar al Rancho de los Tres Potrillos, ¡ajúa!

II.

El camión destino al Racho de Los Tres Potrillos. Foto: José Antonio Monterrosas Figueiras.

Me entero que hay un camión que sale de la Vieja Central Camionera. Tomo un colectivo para ir allá. Converso con el chofer sobre Vicente, lo recuerda por sus canciones de traición y en contra de ellas. Llego a la Central y ahí hay un camión con un letrero que dice «Los Olivos», que cuesta 12 pesos, «¡12 pesos!», me digo. En 40 minutos estaré viendo cabalgar al fantasma de Chente en su rancho.

III.

Efectivamente, fueron 40 minutos de viaje para llegar a la parada donde hay que caminar por la orilla de la carretera, para así arribar al rancho. Casi frente a éste se encuentra el Fraccionamiento Rancho Alegre, que no tiene nada de alegre, porque está descuidado, los grafitis de la entrada le dan un toque de tristeza y abandono.

A unos pasos del rancho, hay bardas con el slogan #EsClaudia, la ahora precandidata por Morena a la presidencia de México, también hay espectaculares del ahora derrotado Adán Augusto, pues quiso ser la corcholata de su ex jefe, el presidente Andrés Manuel López Obrador.

Bienvenidos a Rancho Alegre. Foto: José Antonio Monterrosas Figueiras.

Los alrededores del rancho de Chente son una película de terror mexicano, es realmente de miedo. Ya dentro todo cambia, hay camas de pasto bien cortadas, caballos y vaquillas felices, los restos de Vicente, una foto que le rodean flores, una imagen de la Virgen de Guadalupe, un Cristo crucificado y sus canciones adoloridas sonando. Parece el lugar de un santo, “¡San Vicente Fernández!”, aunque de santo no tuvo ni un pelo de su abundante bigote. Pregúntenle a la fan que un día el charro de Huentitán le agarró los pechos

Al lado donde fue la conferencia de prensa sobre el disco «Vicente Fernández le canta a los grandes compositores de México», había una hermosa cabaña, que dicen es de Alejandro Fernández, el hijo más popular de Chente.

En la rueda de prensa, donde hay una carreta, unos jacales y unas flores, le pregunté a Cuquita, así le dicen a la viuda de Vicente Fernández, y a su hijo, que lleva el nombre de su padre del cual él se siente muy orgulloso, ¿si habrá el interés de rescatar el legado cinematográfico donde actuó el charro más querido de México?, también saber, ¿cuáles eran los recuerdos que nacieron más allá de sus canciones en ese lugar, ahora que ya no está «El hijo del pueblo»?

Cuquita, esa mujer que reza el rosario diario, no dijo nada, Vicente hijo sí, expresó, con voz quebrada, que en cada pie cuadrado de ese rancho está su padre; de las películas donde actuó su papá agregó que ahora son del pueblo y nada más.

En el disco que presentaron esa mañana, hay 20 canciones, unas escritas por Roberto Cantoral y otras por Martín Urueta y que Vicente Fernández pidió que estuvieran en un disco luego de su muerte y que a casi dos años de su ausencia se presenta ante los medios de comunicación y es ahí donde permanece parte de ese sentimiento que expresó su hijo, esa tarde de inicios de agosto. Por cierto, en este disco se encuentra algo que no había escuchado antes, una versión de la melodía «Aunque tengas razón», muy en el estilo disco del Barry White más seductor.

IV.

Ángel Tapatío, un charro de 21 años, buscando una oportunidad con Sony. Foto: José Antonio Monterrosas Figueiras.

Termina la conferencia, esperaba que nos invitaran una birria y unos tequilas, pero nos ofrecieron café y unos pastelillos de fresa y chocolate, yo con gusto los comí, luego de ello trepamos a unas camionetas que nos llevaron a la salida, donde hay una estatua de Vicente montando en un caballo. Antes de ello están sus restos, en un espacio lleno de flores, donde hay una gran foto del artista, que lo acompaña una cruz y un cuadro de la Virgen de Guadalupe. Mientras tanto suenan los éxitos de Chente, algunos seguidores se toman fotos y selfies ahí y en el poste que tiene un letrero que dice Calle Vicente Fernández.

Luego de estar frente a ese altar, toca caminar a hacia la salida. Afuera del rancho conozco a un joven de 21 años, llamado el Ángel Tapatío, que va vestido de charro y está buscando que los de Sony Music -quienes estuvieron en la presentación- lo escuchen. No sé si lo logró, pero cantó unas de Chente, le tomé una foto, lo grabé hablando y me fui de nuevo por esas tierras que están en el olvido.

En alguna nopalera grabaron un nombre, el de Nelly, con un corazón abajo, y más adelante, cruzando la carretera, tomo el camión que me dejará de vuelta en la Vieja Central Camionera de Guadalajara, donde tal vez, imagino, Vicente Fernández anduvo de joven con su guitarra en las manos y cantando sus canciones adoloridas entre la gente.

V.

A ver cuando vuelvo al Rancho de los Tres Potrillos, pero sin duda confirmo que el mejor lugar para escuchar a Chente es en la cantina y que sus películas se ven mejor en alguna pantalla de alguna fonda, aunque no estaría nada mal el rescate fílmico de «La ley del monte» y la venta de cómics de Vicente Fernández en su racho. A su familia ya se les olvidó lo que alguna vez dijo el actor Ernest Borgnine, que «Vicente Fernández es el Frank Sinatra de México».

Fue por la película «The Man Who Shook the Hand of Vicente Fernandez», en español es «El hombre que estrechó la mano de Vicente Fernández», el último filme, de 2012, donde actuó Borgnine, luego murió.

Esta es la historia de un anciano triste y amargado, que lo ingresan a un asilo donde, sorpresivamente, le terminan reconociendo su carrera, pero la buena suerte ahí no termina porque el viejo es fanático de Vicente Fernández. Cuando se entera que cantará en los Estados Unidos, no puede resistirse, tira las muletas y se va conocer al cantante de melodías adoloridas. Los espectadores vemos, efectivamente, solo la mano de Chente, como si fuera un dios que ofrece su mano a un hombre que se encuentra en el crepúsculo de su vida.

Tal vez cuando construyan el Museo que según dicen harán en honor a Vicente Fernández vuelva a El Rancho de Los Tres Potrillos.

José Antonio Monterrosas Figueiras es periodista cultural y cronista de cine. Es editor cínico en Los Cínicos. Ha colaborado en diversas revistas de crítica y periodismo cultural. Conduce el programa Cinismo en vivo.


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