DANDYS Y CÍNICOS

Y ya que andamos en esto de la música y el cine, decir que ese mismo viernes, mientras se realizaba la FIM en Guadalajara, nos enteramos que muy temprano murió Lynn Fainchtein, reconocida por estar detrás de la supervisión y producción musical de una centena de películas. De hecho ella fue quien le abrió las puertas a Gustavo Santaolalla al cine y tiempo después colaboró en la película con la que Jorge Drexler ganó un Oscar.

Por José Antonio Monterrosa Figueiras

Jorge Drexler en la charla de la FIM de Guadalajara sucedida el 1 de marzo de 2024. Foto: FIM

Este fin de semana terminó la novena edición de la Feria Internacional de la Música de Guadalajara, que comenzó el 28 de febrero. Mi asistencia a ella, durante estos casi diez años de existencia, ha sido un tanto disímbola.

A diferencia de la FIL o el FICG, los dos eventos relevantes en cuanto a literatura y cine que tiene la capital tapatía, la FIM ha tenido otro ritmo para mí, bueno, tal vez no sólo para mí, sino que su existencia ha sido un tanto ondulante, además de ser muy joven todavía, por si fuera poco, cambios de nombre, también de su dirección, los clásicos egos de los músicos y demás enredos sonoros, sumando los estragos que hizo la pandemia, que ya conocemos de sobra y finalmente, la muerte de Raúl Padilla López, del que ya no escuché que mencionaran casi su nombre.

Luego de la despedida de Patti Smith el 29 de febrero –que su visita como pocas generó atención en mujeres de todas las edades fuera y dentro de Guadalajara, a favor y en contra, algo que no está mal para la FIM-, al día siguiente, el viernes, 1 de marzo, llegó a la Feria el cantante uruguayo Jorge Drexler. En la charla que tuvo ese mismo día contó sobre el tema «Tocarte», canción del llamado género urbano que realizó junto al español C. Tangana y que forma parte del disco Tinta y tiempo, del 2022, con la que se llevó uno de los siete Grammys que le otorgaron ese año a este artista.

“Reconozco las virtudes del género y reconocer las zonas de la experiencia humana a la que no puedo llegar”, expresó Drexler, en relación a esta melodía que le hace percatarse que ser hijo de la dictadura uruguaya, lo hace sentirse un tanto extraño, pues por absurdo que parezca, en ese tiempo en su país «no se podía bailar” y por eso, «todo era muy reflexivo».

He escuchado la música de Drexler y lo vi el sábado en su participación, durante la segunda edición de PortAmérica Latitudes, un festival exportado de España a Guadalajara, que une música, gastronomía y en esta ocasión un espectáculo de drones, y sí creo que puede ser un tanto cansado oírlo en la computadora, pero en vivo es otra cosa, logra transmitir más emociones con su voz que suele ser de una nostalgia que aboga por una repentina felicidad, además los multiples instrumentos que lo acompañan y sus ejecutantes enriquecen eso que en los discos suena todo muy, pero muy acomodado y prístino. Bastantes mujeres, sobre todo, respaldarían esto que digo, pues con entusiasmo bailaron las canciones de un hombre reflexivo llamado Jorge Drexler.

No deja de parecerme interesante, por otro lado, saber que su padre judío, de nacionalidad alemana, huyó de los nazis, que vivió en Bolivia, luego se fue para Uruguay y estudiando medicina conoció a la que fuera la madre del cantante, es por eso que igual que sus progenitores Jorge Drexler fue médico y luego brincó a ser cantante. Bueno, esas historias solo pasan en pocos lugares del mundo y uno de ellos es Uruguay, no sólo en el ámbito musical sino también su cinematografía, pues tiene historias tan excéntricas que en lo personal me parecen fascinantes, ahí están filmes como Whisky, Ruido o Tanta agua.

He escuchado la música de Drexler y lo vi el sábado en su participación, durante la segunda edición de PortAmérica Latitudes, un festival exportado de España a Guadalajara, que une música, gastronomía y en esta ocasión un espectáculo de drones, y sí creo que puede ser un tanto cansado oírlo en la computadora, pero en vivo es otra cosa, logra transmitir más emociones con su voz que suele ser de una nostalgia que aboga por una repentina felicidad

José Antonio Monterrosas Figueiras

Recuerda el autor de cortes musicales como la cabalgante y beatleniana «12 segundos de oscuridad», que es lo que tarda en dar una vuelta un faro, que cuando ganó el Oscar en la categoría A mejor canción –pues Drexler también es actor- por «Al otro lado del río» de la película Diario de motocicleta, de Walter Salles, película que es sobre la vida del Che Guevara, interpreada por Gael Garcia, que al momento de subir al escenario para recibir la estatuilla, en lugar de echar un discurso cantó una parte de la misma canción y es que, explica, que no le habían permitido cantarla en vivo durante la ceremonia. La estatuilla, por cierto, fue entregada por Prince y Drexler se hincó frente al monumental artista de saco púrpura.

Y ya que andamos en esto de la música y el cine, decir que ese mismo viernes, mientras se realizaba la FIM en Guadalajara, nos enteramos que muy temprano murió Lynn Fainchtein, reconocida por estar detrás de la supervisión y producción musical de una centena de películas como Amores perros, de Alejandro González Iñárritu o Roma, de Alfonso Cuarón. De hecho ella fue quien le abrió las puertas a Gustavo Santaolalla al cine, pues participó junto con Fainchtein en la parte musical de este filme de Iñárritu y tiempo después el productor musical argentino estuvo colaborando en la película con la que Jorge Drexler ganó un Oscar.

Así lo recuerda Berenice Bautista, en Los Angeles Times, en la nota «Gustavo Santaolalla extrae el alma y el perfume de ‘Ronroco’», publicada apenas el 20 de febrero:

«Me abrió las puertas del cine”, dijo Santaolalla, quien tras esta colaboración fue convocado por la supervisora de sonido Lynn Fainchtein para la película “Amores Perros” de un debutante Alejandro G. Iñárritu.

Santaolalla nunca había leído un guion y tenía dudas porque era la primera película del director. Pero durante una noche pensó qué pasaría si era un filme increíble, así que pidió que le mostraran la película para considerarlo.

“Imagínate los 10 primeros minutos de ‘Amores Perros’, dije ‘lo tengo que hacer sí o sí’”, recordó el músico galardonado con dos Oscar por su música original para “Brokeback Mountain” (“Secreto en la montaña”), de Ang Lee, y “Babel”, de G. Iñárritu.

Tras esto vino su colaboración con la película “Diarios de motocicleta” protagonizada por Gael García Bernal y la música que lo catapultó a la fama entre una nueva generación de fans, la del videojuego “The Last of Us” y la popular serie derivada de HBO, los cuales tienen un tema principal compuesto e interpretado con ronroco.

La poderosa Lynn Fainchtein.

Yo solía escucharla en la radio, cuando la radio era la radio, en aquella estación que traía una propuesta al menos para mí interesante, pues era una combinación de música con espacios noticiosos, su nombre Imagen 90.5 fm, eso a inicios de este siglo cuando yo trabajaba en «la competencia» de esa estación, Horizonte 108 fm, que este 15 de febrero cumplió 24 años de existencia.

Pero Lynn Fainchstein, no era para todos tan admirada y respetada, para el compositor regiomontano conocido como Antiguo Autómata Mexicano, ella fue de “las principales contribuidoras a la mediocridad, la cerrazón, la turbiedad y el cuatismo en la industria musical mexicana”. Ángel Sáchez Borges, su nombre real, quien además es periodista de música, así se expresó en su Facebook el día de su fallecimiento. Vaya que el poder lo corrompe todo, pero sobre todo, sobre todo, lo rompe todo. QEPD Lynn Fainchstein.

Hasta la próxima FIM.

José Antonio Monterrosas Figueiras es periodista cultural y cronista de cine. Es editor cínico en Los Cínicos. Ha colaborado en diversas revistas de crítica y periodismo cultural. Conduce el programa Cinismo en vivo.


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