ENTREVISTA / MIRAR LA CIUDAD CON OTROS OJOS

En esta entrevista Haroldo Fajardo, cineasta tapatío con tres largometrajes bajo su dirección, habla de los retos del cine independiente, de sus cualidades, ventajas y desventajas, así como de su futuro frente al avance de las plataformas de streaming y la exhibición en salas de cine comerciales.

Por Rodrigo Jacome Maldonado y Natalia Lemoine Guzmán

«No todo es llenar Netflix, no todo es llegar al cine, no todo es ganar premios en festivales»: Haroldo Fajardo.

Cuando se habla de cine independiente, una serie de ideas, imágenes y referencias corren por nuestra mente. Preconcepciones como talentos emergentes, bajos presupuestos, producciones reducidas, historias íntimas, blanco y negro, historias “coming of age”, cámara en mano y miles de estereotipos que pueden ser tan acertados como equivocados dependiendo de la película, porque el cine independiente no es una sola cosa.

No es un género, una estructura dramática ni un estilo. Es una atmósfera, un conjunto de características que condicionan a una película desde su concepción hasta su visionado. Condiciones que tienen que ver con lo monetario, lo estructural, lo social y lo cultural de un lugar específico. Por eso, el cine independiente es tan difícil de definir y encapsular, y eso es parte de su magia y encanto.

Para aprender sobre el cine independiente que se hace y se mira en la ciudad de Guadalajara, conversamos con Haroldo Fajardo, cineasta tapatío de 37 años. Autor de tres largometrajes de ficción y varios cortometrajes, se ha desenvuelto como editor, director, guionista y productor. Su más reciente largometraje, Una comedia pretenciosa (2022), se estrenó en el Festival de Cine y Comedia 24 Risas x Segundo. Es licenciado en Ciencias de la Comunicación por el ITESO y recientemente terminó su maestría en Comunicación de la Ciencia y la Cultura, también en esta universidad. Actualmente trabaja ahí como Supervisor de Unidad de Producción Audiovisual en el Laboratorio de Comunicación y Artes Audiovisuales. Esta es una conversación con él.

-¿Cómo definirías el cine independiente?

Depende de dónde se realice. No es lo mismo la concepción del cine independiente que tienen los gringos que la que tienen los ingleses, o la que tenemos los mexicanos. En Estados Unidos el cine independiente es todo aquel que no depende de las “Six Majors”(Universal Pictures, Sony Pictures, Walt Disney Pictures, Warner Bros. Pictures, Paramount Pictures y 20th Century Pictures). En México, en particular, el Estado es el principal financiador de películas. Aquí, por ahí del 70% de las películas se hacen con algún apoyo del Estado. Eso sí, hablamos a nivel federación, porque estamos en un sistema administrativo demasiado centralista, es decir, las reglas que operan en la Ciudad de México como capital operan igual para todo el país, aunque las condiciones no sean las mismas.

En Guadalajara el cine independiente tiene que ver con un esfuerzo personal por levantar una película no únicamente financiero, sino que vaya acompañando cada una de las etapas, o sea, desarrollo, producción, distribución y las que llegan a exhibición. Mucho del cine que se hace en Guadalajara es, digamos, independiente, en el sentido de que es un cine de bajo o sin presupuesto. Yo pondría esas dos características en una cajita: el esfuerzo personal, o sea, hacemos las películas porque queremos hacerlas o porque necesitamos hacerlas, y la falta de presupuesto, que nos obliga a ponernos creativos y encontrar la manera de levantar un proyecto.

Su más reciente largometraje, Una comedia pretenciosa (2022).

-¿Y con base en esta definición que das del cine independiente aquí en Guadalajara, tú dirías que te consideras un realizador de cine independiente?

Por supuesto que sí. Yo creo que mi película más cara hasta el momento ha de haber costado unos 400 mil pesos, gastados en un lapso de cuatro años. Y la más barata unos 30 mil pesos. Sin contar, por supuesto, el trabajo de la gente, que ese es otro debate.

A partir del tiempo, también hemos venido consolidando un equipo más o menos estable, en el que cada quién sabe que lo hacemos porque queremos hacerlo y no porque vayamos a ganar dinero. Eso cumpliría con estas dos condiciones o con estas dos características que yo pongo para pensar que es independiente.

Si el cine mexicano de la capital no se ve, menos se va a ver del interior de la República. Así, cinetecas, salas alternativas, el Cineforo —aunque yo creo que el Cineforo lo están dejando morir lentamente para priorizar la Cineteca FICG—. La Cineteca está muy bien, pero sí creo que también se rige cada vez más por lógicas comerciales, hay que decirlo. Creo que quieren parecerse cada vez más a una sala comercial que a un cine de antaño, como el Cineforo o la sala del Ex–Convento. Digo, no tiene nada de malo exhibir en cartelera la película que ganó el Oscar para generar taquilla, pero sí creo que son de esos espacios que no deberían regirse por hacer dinero sino por la cultura.

Haroldo Fajardo

-Y desde tu experiencia al realizar este tipo de cine, ¿cómo ves el panorama del cine independiente en Guadalajara en cuanto a los procesos y los retos de realizarlo?

Pondría como una regularidad que todos aquí trabajamos en condiciones desiguales con la Ciudad de México. Todos nos enfrentamos a la desventaja de ser de “provincia”. Un ejemplo muy sencillo de esto es el registrar tu guion en Derechos de autor. Aquí en la ciudad tenemos una oficina de enlace, o sea, no tenemos ni siquiera una oficina oficial para este trámite, y llevas tu guion y todos tus formatos y papeles, y tarda más o menos de 15 a 20 días hábiles nada más en que manden tu guion y le pongan un sello. Allá en la capital tienen una oficina con una ventanilla de registro express, donde el mismo trámite te toma 10 minutos y te lo tienen el mismo día sellado en cuestión de horas.

En eso que parece tan simple se puede ver muy fácilmente la asimetría entre las condiciones de producción de las ciudades, y ese es un trámite muy sencillo. Ya no hablemos de abrir una cuenta para que te depositen dinero federal. También es muy visible en algo como la renta de equipo. Una vez tuve una situación en una producción en la que necesitaba cubrir unos cinco metros de distancia con tramo de dolly, y lo que rentamos en una casa de renta no era suficiente, entonces tuvimos que hacer un acuerdo con otra en el mismo día. Simplemente no hay la infraestructura necesaria para el poder hacer en las mismas condiciones que en la capital.

-Pasando un poco del poder hacer hacia el poder mostrar, como realizador, ¿qué tanto te involucras en la parte de la distribución de tus proyectos?

Al principio no tenía ni idea, y ahora tengo un poquito más de experiencia. Al principio fue sin saber, solo la mandé a varios festivales sin pensarlo mucho, en sobrecitos metía mis películas y terminamos quedando en Morelia con el primer largo.

Ya en la práctica, al conocer programadores y distribuidores, empiezas a descubrir que hay ciertos pasos que puedes seguir, aprendes de armar rutas de distribución en festivales y demás. Hicimos esto para el segundo largo en 2018 y quedamos en la selección oficial de competencia mexicana aquí en Guadalajara. Resulta que a todos los que quedamos ahí Amazon nos ofreció una cantidad de dinero para licenciar la película y meterla a streaming por tres años. Tuvimos que buscar un agente de ventas para manejar las negociaciones de ese tipo. Este amigo nos ayudó a dialogar con ellos y a cerrar el trato y a hacer la discusión. Y luego nos enteramos de que los agentes de ventas son una figura muy importante para que se distribuya y se exhiba, y en hacer todas esas negociaciones incluso antes de ir a los festivales.

Esa es la experiencia que hemos tenido, y ahora yo creo que me interesa cada vez menos llegar a las plataformas. Si me ofrecen, claro que sí, pero no es mi objetivo; mi objetivo sí estaría en festivales interesantes, que además permiten otras cosas, como el diálogo y cosas que me interesan más en las películas que yo hago.

«Pondría como una regularidad que todos aquí trabajamos en condiciones desiguales con la Ciudad de México».

-En términos de distribución, ¿qué dirías que es lo que te importa más? Que lo vea mucha gente, que haga dinero, que tenga impacto cultural, que te guste a ti…

A mí me gusta saber cómo funcionó. O sea, a mí mis películas me gustan y por eso las hago. Ya nunca las vuelvo a ver para que no me dejen de gustar. Pero una vez que terminé sí la aviento. Me gusta que sí tenga un impacto cultural. Me gusta ir a los festivales donde se mueve, el diálogo que se genera alrededor, poder discutir, dialogar la película, que dialogue con otras películas.

-¿Y tú crees que el mejor lugar que puede tener una película independiente para ese tipo de reflexiones de impacto son los festivales?

Definitivamente sí, porque ahí, mientras más grande o conocido o relevante es el festival, más gente le pone atención a tu película. Empiezan a fijarse en tu trabajo, porque los festivales dicen algo. La selección oficial de un festival dice mucho no solamente sobre el festival sino sobre el cine que se hace y las preocupaciones que hay en el momento sobre el país y el mundo. Entonces, la gente se interesa porque forma parte de un evento más grande, no es la película por sí misma. En ese sentido, sí me gusta mucho esa vía. 

Al cine, como tal, cada vez es más difícil entrar. No lo descarto, pero las programaciones de los cines cada vez responden a unas dinámicas mucho más desiguales y mucho más asimétricas y que responden a lógicas cada vez más comerciales.

-Si el futuro de las salas comerciales no va de la mano con el futuro del cine independiente, ¿dónde crees que esté el futuro del cine independiente?

En el llamado circuito alternativo. Como el Cine Tonalá en la Ciudad de México, por ejemplo. Me enteré por ahí de que había planes de abrir un cine Tonalá en Guadalajara, pero no funcionó porque aquí no hay mercado para el cine.

Si el cine mexicano de la capital no se ve, menos se va a ver del interior de la República. Así, cinetecas, salas alternativas, el Cineforo —aunque yo creo que el Cineforo lo están dejando morir lentamente para priorizar la Cineteca FICG—. La Cineteca está muy bien, pero sí creo que también se rige cada vez más por lógicas comerciales, hay que decirlo. Creo que quieren parecerse cada vez más a una sala comercial que a un cine de antaño, como el Cineforo o la sala del Ex–Convento. Digo, no tiene nada de malo exhibir en cartelera la película que ganó el Oscar para generar taquilla, pero sí creo que son de esos espacios que no deberían regirse por hacer dinero sino por la cultura.

Segundo lagometraje de Haroldo Fajardo, del 2018.

-¿Cómo visualizas el futuro del cine independiente en Guadalajara, tanto en términos de producción como de distribución?

Mi tesis de maestría la trabajé sobre producción exclusivamente y sobre producción de Óperas Primas de Guadalajara. Y empezó siendo muy alentadora, muy optimista, y conforme iba aprendiendo y dialogando y haciendo la investigación, se fue volviendo cada vez más oscura y más densa, más desilusionante. Se trabaja en la precariedad. Tus condiciones de vida son precarias, las condiciones en las que filmas son precarias y las condiciones en las que circulan las películas también son, si existen, precarias.

Pero sí existe producción, sí existen esfuerzos por distribuir, por descentralizar. Está La gran fiesta de cine mexicano, cuyo objetivo básicamente es mostrar todas las películas que están en Guadalajara, sin determinar un género, sin determinar si es de buena o mala calidad. Es todo lo que hicieron en Guadalajara ese año y lo muestran cada año. Entonces, se puede ver de manera esperanzadora o desesperanzadora, pero se está moviendo, que ya es algo. Estamos aquí. Hay carreras de cine en muchas universidades y cada vez salen más de la nueva generación haciendo foto, post, dirección, sonido. Se empieza a mover.

Hay que recordar que hay muchas formas de hacer las cosas. No todo es llenar Netflix, no todo es llegar al cine, no todo es ganar premios en festivales. Todas son formas válidas, pero mientras más honestidad haya, que es lo mismo que encontrar la voz, ya uno sabe por dónde va el camino.

Rodrigo Jacome Maldonado y Natalia Lemoine Guzmán estudian la Licenciatura en Artes Audiovisuales en el ITESO. Este artículo es parte de una investigación sobre distribución de cine independiente que se realiza en el Proyecto de Aplicación Profesional (PAP) “Mirar la ciudad con otros ojos”, Otoño 2024, de esa universidad.


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