Miras la cartelera, aunque esté inundada de todo horario disponible para cualquiera de esas películas, te surge el frustrante pensamiento: “¿No hay otra cosa?”

Por Edgardo Josué Ochoa Tostado

Docs Jalisco 2025 en el Cine Mayahuel.

Domingo, 4 pm, vas al centro comercial más cercano y te diriges a tu tienda ancla de confianza, aquella con unas pantallotas y unos bocinones para ver ya sea la típica película de acción, la de superhéroes, la comedia romántica o la típica que “tiene un mensaje bonito”. Te hartas. Siempre lo mismo: los mismos gringos en pantalla —ahora de diferentes colores, pero con las gringadas de siempre—.

Miras la cartelera y, aunque esté inundada de todo horario disponible para cualquiera de esas películas, te surge el frustrante pensamiento: “¿No hay otra cosa?” Raro. Sí hay, pero no hay nada realmente que te atraiga, porque de solo leer la sinopsis ya puedes deducir absolutamente toda la trama y el desenlace y aun así tendrías que pagar tus 100 pesos, más la botana que seguramente te saldrá más caro que el propio boleto.

¿En dónde sí hay algo diferente? Digamos, algo que al menos te saque de la  noción de que el cine son esas mismas películas, que sientes que son siempre las mismas. Bueno, responder eso es complejo, tan complejo como el propio contexto de la exhibición cinematográfica.

Durante las últimas tres o cuatro décadas se ha relegado al cine como una industria cultural que prioriza la efectividad económica; tanto para la producción, distribución y consumo, pero no siempre fue así —y está comenzando de nuevo a no serlo. La historia de los espacios de exhibición es tan antigua como la misma historia del cinematógrafo, y no es exageración: en 1895 se patenta el invento de los hermanos Lumière y en octubre de 1896 llega a Guadalajara, ciudad donde vivo, con su primera exhibición en el entonces Liceo de Varones (ahora Museo Regional de Guadalajara), con proyecciones emblemáticas como Salida de los talleres Lumière y Llegada del tren, entre otras tantas.

Desde entonces y hasta ahora siempre ha habido cines. Y en aquellos años además hubo más personas que, como tú un domingo a las 4 pm, se preguntaba si nomás había las mismas películas de siempre, por lo que comenzó algo tal como la producción nacional y esto, a su vez, hizo que la oferta se ampliara: lo promocionaba el Estado y lo promocionaban los privados.

Con el enorme impacto del cine se hizo tan de interés público que a mediados del siglo XX el Estado tenía incorporada la exhibición cinematográfica en el Instituto Mexicano de Seguridad Social y también las universidades públicas tenían sus propias políticas cinematográficas.

En el caso de Guadalajara, muchísimos de los cineclubes se derivaron de ello y ahí sí podías encontrar de todo un poco: cine de arte, nacional, europeo, asiático.

Durante las últimas tres o cuatro décadas se ha relegado al cine como una industria cultural que prioriza la efectividad económica; tanto para la producción, distribución y consumo, pero no siempre fue así —y está comenzando de nuevo a no serlo. La historia de los espacios de exhibición es tan antigua

Edgardo Josué Ochoa Tostado

Con la globalización y el neoliberalismo los gastos públicos comenzaron a recortarse y, en particular, a los subsectores de cultura; el cine fue uno de los que sufrió mayor afectación, pues se sometió a un proceso de dejar la mayoría de la exhibición cinematográfica al libre mercado, lo que estimuló la competencia y, como en cualquier historia de corporativismo, al menos en México terminó duopolizándose el subsector en las franquicias que ya conocemos.

En la actualidad vivimos esos estragos, pero afortunadamente han surgido alternativas que tienen una relación significativa con al auge de las plataformas de streaming y la piratería, que han producido nuevos imaginarios con respecto a las posibilidades ya no solamente de las películas, sino también de la forma en que nos reunimos a verlas.

En ese sentido, acompañado del “¿No hay otra cosa?” cuando estás mirando la cartelera del cine de siempre, surge también la pregunta: ¿Habrá otro cine por ahí? Y sí, lo hay, y son varios. Son aproximadamente trece los espacios públicos e independientes en el Área Metropolitana de Guadalajara. Cada uno tiene sus matices, que, obviamente, no son competencia para las grandes cadenas, pero sí son alternativas para aquellos que deseen aventurarse a ya no sólo mirar otro tipo de películas, sino de la forma en la que concebimos que se deben de mirar.

De enero a abril de este año, tanto en la Cineteca FICG y el Cineforo Universidad tuvo lugar la 76° Muestra Internacional de Cine de la Cineteca Nacional, la Muestra de Cine de Realizadoras Indígenas y el 22° Festival de Cine Judío en México.

Tan sólo para mencionar unos ejemplos, de enero a abril de este año tanto en la Cineteca FICG y el Cineforo Universidad tuvo lugar la 76° Muestra Internacional de Cine de la Cineteca Nacional, la Muestra de Cine de Realizadoras Indígenas y el 22° Festival de Cine Judío en México. En la Alianza Francesa hay proyección semanal de cine francés contemporáneo. En la Biblioteca Pública del Estado de Jalisco hay ciclos literarios temáticos. En el INE Cabañas se realizó la 6° Muestra de Cine en Lenguas Originarias. En Cineka encuentras ciclos de diferentes colectivos de curadores, así como ciclos permanentes de cine para las infancias. En el Cine Mayahuel hacen ciclos de cine de diferentes directores, así como muestras permanentes de cine local y estrenos nacionales.

En fin, opciones definitivamente las hay. Y si bien ya están pasando cosas, hace falta camino por recorrer. Por ejemplo, Jalisco ha surgido como un referente en la inversión de la industria cinematográfica, ya que con su programa “Filma Jalisco” ha promocionado la producción nacional e internacional en el estado: tan sólo en 2024 hubo un total de 160 producciones que generaron una derrama económica mayor a 800 millones de pesos (de las condiciones laborales de quienes trabajan en estas producciones habría que hablar también, pero ya es tema para otra ocasión).

¿Dónde queda la inversión en los espacios que posibiliten ver esas producciones? Eso queda pendiente, y es por eso importante acercarse a la oferta alternativa para seguir demandando una mayor participación del Estado en políticas culturales que procuren la distribución y en la exhibición de las filmaciones que ya se están produciendo.

Josué Ochoa estudia la Licenciatura en Gestión Cultural en el ITESO. Este artículo es parte de una investigación que realiza en el PAP Mirar la ciudad con otros ojos en el periodo Primavera 2025.


Descubre más desde REVISTA LOS CÍNICOS

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Una respuesta a «¿Otro cine por ahí? (Primera parte)»

  1. Felicidades Josué y gracias x las alternativas para ver un cine diferente, no conocía todos los lugares que mencionas.

    Me gusta

Replica a Dora Trujillo Cancelar la respuesta

aUTOR

TENDENCIAS