REPORTE CÍNICO

Por Julieta Lomelí Balver

Virgenes suicidas, película de Sofia Coppola (1999)

El 10 de septiembre como cada año, es el Día Internacional de la Lucha contra el Suicidio. Resulta imprescindible hablar del Trastorno Límite de la Personalidad (TLP): estudios epidemiológicos muestran que el 60-70% de los pacientes con TLP llevan a cabo intentos de suicidio, y por término medio realizarán 3,3 intentos de suicidio a lo largo de su vida.

Hablemos del TLP, de esa etiqueta que reúne una serie de conductas disfuncionales en las cuales el «paciente», diagnosticado así sufre demasiado. El malestar emocional se vuelve su eterno compañero, para un individuo con Trastorno Límite de la Personalidad, la gravedad de su diagnóstico radica en esa impulsividad y desregulación emocional en la que siente continuamente un profundo dolor, inconformidad y vacío que no puede arrancarse, por lo cual tiende a ejercer conductas de autolesivas e incluso suicidas, con tal de olvidarse, evadir o eliminar por completo todo esto ya mencionado.

Para quien padece TLP es necesario buscar la forma (desde la terapia, las redes de apoyo, la estricta rutina, etc.) de adherirse a la vida, al amor, a las relaciones funcionales y estables, alejándose de las adicciones, las conductas autolesivas y autodestructivas. De lo contrario, parecería que por supuesto que existe algo peor que la muerte, y es vivir en la jaula sin salida de abismales sentimientos de vacío, de abandono y agudo desazón.

Julieta Lomelí Balver

Sin embargo, a veces los diagnósticos se vuelven etiquetas que van engrosando su adhesión -y dependencia- en el paciente, convirtiéndose, más que en una advertencia de posibilidad para el cambio, en una hermenéutica personal y familiar determinista que lo pueden orillar a agudizar los síntomas. Esto no quiere decir que no existan formas disfuncionales de adaptarse al medio, y trastornos de personalidad, pero sí a que es necesario trabajarlos más allá del sesgo que condena, estigmatiza y que a veces solo recurre a los fármacos.

Para quien padece TLP es necesario buscar la forma (desde la terapia, las redes de apoyo, la estricta rutina, etc.) de adherirse a la vida, al amor, a las relaciones funcionales y estables, alejándose de las adicciones, las conductas autolesivas y autodestructivas. De lo contrario, parecería que por supuesto que existe algo peor que la muerte, y es vivir en la jaula sin salida de abismales sentimientos de vacío, de abandono y agudo desazón.

Julieta Lomelí Balver, doctora en filosofía IIFs- UNAMHa colaborado en Laberinto-Milenio y en Filosofía&Co (Herder España)  Mujer de trasmundo. No es apta para “esta orilla”, pero sí para construir en granito una isla interior donde habitan monstruos marinos, amenazas metafísicas y todo un océano de excedente de sentido. Escribe ensayo y arrenda un piso en el costoso edificio de la filosofía.


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