DANDYS Y CÍNICOS
Con dinero o sin dinero ruedo, ruedo, lo que quiero
Por José Antonio Monterrosas Figueiras

Habia olvidado que un día hospedé en mi departamento de Coyoacán a Pancho Rodríguez. Me lo recordó Héctor Rodríguez, amigo mío de la infancia y cineasta tapatío, a quien vi en la misa que ofrecieron en un templo cercano al centro de Guadalajara este lunes, en memoria del buen Pancho que se nos fue muy temprano de esta fiesta, a la edad de 50 años, el 14 de noviembre.
Resulta que aquella vez, de cuyo año no me acuerdo, Héctor y Pancho viajaron a la Ciudad de México para asistir a la ceremonia del Ariel, Héctor me pidió asilo y yo los recibí. Me recordó que yo me quedé conversando con Pancho sobre cine varias horas esa madrugada. La única prueba de que eso sucedió fue una playera negra que ellos me regalaron y que la usé hasta el hartazgo, la cual decía por el frente, en un círculo blanco, Los Rodríguez Film Co.
Con Pancho siempre había algún encuentro en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara, donde nos saludábamos, cruzabamos dos o tres palabras y luego cada uno seguía su camino. Héctor, sin embargo, sí que fue muy cercano a él, seguro tiene muchas anécdotas que contar o llevarlas a una película.
Alrededor de las 7 de la noche de este lunes, 17 de noviembre, llegué a la Capilla de Nuestra Señora de Belén y San Miguel Arcángel, ubicada en la calle Hospital, acá en Guadalajara, para acompañar a quienes sí vieron crecer al cineasta, quien apenas hace unos meses se presentó su película Abracadáver en el FICG 40, dentro de la sección Hecho en Jalisco.
Pancho, que solía traer un gran sombrero -al menos así lo recuerdo- fue egresado del Centro de Investigación y Estudios Cinematográficos (CIEC) y del Centro de Artes Audiovisuales (CAAV), fue además alumno de Guillermo Arriaga, de Syd Field y de su paisano Guillermo del Toro.
Desde hace 20 años escribió y dirigió cine, series, televisión, animación, literatura, teatro, radio, videohomes, campañas políticas y publicidad, tanto con proyectos de autor como de corte industrial. Una de aquellas películas en las que participó fue Llamando a un Ángel, realizada junto con Rodolfo Guzmán y precisamente Héctor Rodríguez, la cual fue estrenada el 14 de febrero de 2008.
El bar estuvo lleno de personas que algo tuvieron que ver, mucho o poco, con Pancho. Al final, al momento en que se lo llevó su hermano, le cantaron «El Rey» de José Alfredo. Rieron y lloraron al mismo tiempo, cuando la canción llegó a esta frase que bien simboliza a ese amante del cine como lo fue Pancho: «Una piedra en el camino, me enseñó que mi destino, era rodar y rodar, rodar», pero donde agarró más fuerza la melodía fue en aquella parte que dice: «Con dinero y sin dinero, hago siempre lo que quiero, y mi palabra es la ley, no tengo trono ni reina, ni nadie que me comprenda, pero sigo siendo el rey».
Luego de la misa, donde se encontraba la urna con las cenizas de Pancho, al lado de una foto de él como haciendo un encuadre de cine con sus manos y un sombrero negro colgado en esa imagen, como si lo hubiera dejado olvidado, y donde sus amigos pasaron para despedirse, no faltó el que me dijera: «¡Qué vuelta de guion, eh!», fue irnos a una de las cantinas donde a Pancho le gustaba ir a beber, su nombre La Cava, lugar donde el vino, dice la leyenda, nunca se «acava».
Ahí llegó la urna de Pancho, la cual estuvo puesta en la barra, rodeada de caballitos con tequila Siete Leguas, cervezas Victoria y copas de un menjurge color verde muy refrescante, que lleva hielo, limón, jarabe, agua mineral, Vodka -Oso Negro- y hierbabuena. «¡A él, sin duda, le hubiera gustado esto!, expresa uno de sus amigos mientras se toma una selfie. Y es cierto, en la invitación a su misa decía: «Desde siempre, Panchito manifestó que no le gustaban los velorios, que prefería celebrar la vida».

El bar estuvo lleno de personas que algo tuvieron que ver, mucho o poco, con Pancho. Al final, al momento en que se lo llevó las cenizas de su querido hermano, le cantaron «El Rey» de José Alfredo. Rieron y lloraron al mismo tiempo, cuando la canción llegó a esa frase que bien simboliza a ese amante del cine como lo fue Pancho: «Una piedra en el camino, me enseñó que mi destino, era rodar y rodar», pero donde agarró más fuerza la melodía fue en aquella parte que dice: «Con dinero y sin dinero, hago siempre lo que quiero, y mi palabra es la ley, no tengo trono ni reina, ni nadie que me comprenda, pero sigo siendo el rey».
«Nos esperan ocho cantinas más, por donde rodar y rodar en este novenario», ha revelado uno de sus amigos, mientras todos seguíamos brindando por Pancho.
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José Antonio Monterrosas Figueiras es periodista cultural y cronista de cine. Es editor cínico en Los Cínicos. Ha colaborado en diversas revistas de crítica y periodismo cultural. Conduce el programa Cinismo en vivo.







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