DANDYS Y CÍNICOS

Por José Antonio Monterrosas Figueiras

Hablemos en esta ocasión de un libro, el de Zeth Arellano, su primer libro, se llama Ruinas líquidas. Este libro de portada azulada y un caracol en medio, inició su recorrido de presentaciones en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara del año pasado. Recuerdo que Claudia, el nombre real de «Zeth», de Claudia LiZeth, estaba ahí, en el Salón B, del Área Internacional de la Expo Guadalajara muy sonriente, acompañada del lado izquierdo, por su maestra y amiga, Mónica Maristain, y del lado derecho, por la narradora e investigadora tapatía Cecilia Eudave .

Zeth, estaba ahí, en el Salón B, del Área Internacional de la Expo Guadalajara muy sonriente, acompañada del lado izquierdo, por su maestra y amiga, Mónica Maristain y del lado derecho, por la narradora e investigadora tapatía Cecilia Eudave. Foto (un tanto desenfocada, sorry) de José Antonio Monterrosas Figueiras

Mónica dijo conocer desde el principio el recorrido que tuvo esta obra literaria conformada por 18 cuentos -en el que participan lo onírico, lo fantástico y los paisajes psíquicos, pues Claus es además terapeuta holística-. Aquellas palabras de Maristain durante ese estreno literario, en la ciudad donde ahora vive Zeth, toman otro peso porque la periodista falleció doce días después.

“Ahora verla llegar a su primera publiación de la mano de la Universidad Autónoma de Nuevo León es, para mí, la confirmación de un destino que ella misma (Zeth) fue construyendo, sin padrinazgos, sin recomendaciones, solo con su talento y perseverancia”, dijo la autora de Leere hasta mi muerte (Malpaso, 2025), presentado un día después por Zeth, en la misma FIL.

En la reseña que pueden leer en la resucitada, este mes de abril, revista cultural MaremotoM, ya que estuvo suspendida por varias semanas, luego de que falleciera precisamente su creadora Mónica Maristain y Zeth lloraba porque esta revista fuera a desaparecer, pues ahí se encuentra contenidas la últimas notas y entrevistas, realizadas por la también escritora Mónica Maristain, expresó que: “Hay libros que llegan después de una larga espera, como si necesitaran atravesar varias vidas antes de existir. (…) Conozco ese recorrido porque estuve ahí desde el inicio: en los talleres, en las dudas en los cuentos que se abrían como pequeñas grietas en medio de la pandemia”, continuó.

Zeth le contó a Mónica que a ella le gustaba mucho leer y que se tomó muy en serio esto de la escritura cuando nació su hija, Natalia, que ahora este 2026 cumplirá 18 años. “Ahí empezó la semilla de un libro que tardó casi dos décadas en encontrar forma”, resumió.

“En los talleres, durante los meses más duros del encierro, yo era testigo de cómo cada cuento encontraba forma. Recuerdo especialmente el silencio del grupo cuando uno de sus textos daba un giro inesperado. Claudia tiene esa capacidad: la de torcer la realidad en el momento preciso, sin artificios, sin ruido, como si la historia hubiera estado esperándola”, apuntó Mónica, con quien estoy seguro Zeth sigue conversando en sus sueños y que seguro aparecerán recreadas en sus próximos libros.

En todo esa torbellino fatal, como un parto difícil pero al final viniendo a la luza, como el que fue la Feria Internacional de Libro de Guadalajara. De entre esos escombros permanecerán estas ruinas líquidas. «Este libro no es solo un logro profesional -subrayó Maristain-: es una forma de continuidad. Un puente hacia aquellos que ya no están y hacia los que vienen. Porque Claudia tiene otra hija además de Natalia: éste, su libro».

Traigo todo esto a cuento porque hoy, 17 de abril, en que publicamos esta entrevista con Zeth Arellano, ella anda en Mexicali, la ciudad que bien conoce, porque ahí nació, y por obvias razones forma parte de este libro con relatos breves. Aquí esa conversación sucedida en aquellos días telúricos provocados por estornudos letales en los inicios de diciembre de 2025.

Zeth Arrano de vuelta a Mexicali, este 17 de abril, el lugar donde nació. Foto: Facebook de la autora del libro

-¿Qué significa para ti escribir cuentos?

-Me gusta mucho que en un espacio relativamente corto en palabras puedas contener un universo. En el cuento, siento como que puedes abarcar eones (las subdivisiones de tiempo más grandes en la escala geológica de la Tierra, representandos en intervalos extensos que abarcan cientos o miles de millones de años) en una simple historia de un par de páginas. Entonces me gusta mucho como esa contención que te da el cuento.

-Aquí reúnes 18 cuentos, de muchos que han estado vagando por otras publicaciones. ¿Es la primera vez que lo reúnes o no?

-No, todos son inéditos, son 18 cuentos breves. Ya tenía otros publicados en antologías, pero los que quedaron aquí son completamente inéditos.

-Empiezas con un un cuento que se llama “Raíces”, no me parece que sea una coincidencia, es toda la intención, empezar con con un cuento inicial: de la raíz, del origen…

-Fíjate que el armado del libro fue… “¿Cuál es el cuento que a mí me parece que puede como enganchar?» Así fue como lo vi. Sí, es un cuento que habla de las raíces del árbol, pero también de las raíces ancestrales, de las raíces de la familia, de la raíz, de como el origen de la situación de la que se está platicando y me gusta mucho ese cuento, por eso lo escogí como el primero, porque también creo que es como una probada muy completa del tipo de estructura que me gusta hacer y se habla de los temas que me interesan y también por cómo está contado.

(En el cuento se lee: «una raíz atraviesa el corazón, pero no duele, me sostiene, me rodea, me abriga. Escucho el leguaje de la naturaleza. Ahora lo comprendo. El micelio bajo la tierra descompone mi cuerpo y con él nutre a los árboles. Las jacarandas ya están floreando y en la superficie anuncian mi regreso»)

-Ah, de ahí lo onírico, ¿no?

-Eh, creo que es un poco más, tirándole a los psicodélico.

-A ver, cuéntame de la psicodelia...

-La psicodelia está presente en todo el libro. Creo que que algo que que te dan precisamente los enteógenos es como esta capacidad de habitar en diferentes realidades y en diferentes como líneas de pensamiento a la vez. De alguna manera es como lo que decía el otro día una topología estrella. Me gusta mucho usar eso en la narrativa, porque creo que como seres humanos no todo el tiempo estamos en lo factual solamente. O sea, tú puedes estar aquí platicando conmigo, pero una parte de tu pensamiento está hilando a lo mejor lo que yo estoy diciendo con algo que te pasó en la infancia o con otra parte de ti. Entonces, de alguna manera para mí esos son universos paralelos y me gusta mucho abordarlos en la literatura.

Continuamos la conversación Zeth y yo, en el stand de la editorial de la Universidad Autónoma de Nuevo León, rodeados de sonidos que vienen del ir y venir de personas que están en la Expo Guadalajara, cambio el tema y le pregunto sobre el cuento que le da nombre al libro, “Ruinas líquidas”, donde ella dice que poca gente le gusta hablar del final, es decir de la muerte y es que vaya que esa FIL el tema estuvo presente. Me responde:

-Sí, de hecho es un tema que me atrae muchísimo, porque creo que incluso los jóvenes, por ejemplo, viven su vida con esa intensidad, porque no sienten cerca la muerte. Y llega una etapa de la vida en que dices, «Güey, ya se me está acabando el tiempo.» y empiezas como a cambiar no tu manera de ser, pero sí tu perspectiva de la vida, ¿sabes? Y para mí la muerte es algo que todo el tiempo está presente Tú no sabes si te va a pasar mañana, te puede pasar de las mil un formas; un accidente, te puedes ahogar con tu saliva, como que todo el tiempo tienes que estar consciente de que se te puede acabar y ya. Y tú a lo mejor nunca lo contemplaste, entonces esa como certeza de que la muerte todo el tiempo está agarrándote el hombro, esperando el momento, siento que es también otra manera de ver la vida y de contar historias, respecto a lo que puedes hacer antes de que te llegue ese momento.

(En el cuento «Ruinas líquidas», (página 99) se lee al final: «Las ruinas de lo que fui, líquidas, escapaban de mis ojos y lo hicieron de manera continua por meses. Yo contenía ese océano, el agua salada que se lo había llevado. La parca convertida en ola azul turquesa, que arañaba la superficie de la playa con su manto fúnebre, la espuma blanca que arrastraba alos fantasmas hasta sus entrañas, la muerte, el amor y la eternidad»; en las primeras líneas del cuento final «Esto queda de mí», Zeth expresa que: «El día de mi muerte no lo tengo claro, recuerdo tropezar con el ciclista y luego la oscuridad. Aparecí en la mente de Fausto tal vez unos minutos después, no lo sé, aquí el tiempo es diferente. El tan ansiado paraíso no fue una opción, caí sin escalas en una especie de purgatorio. La única persona que me recordaba era él y por eso llegué aquí»).

-Pero lo que me gusta, es que al momento que estás contando la historia (en «Ruinas líquidas»), me da la impresión que queda como una historia secreta. O sea, hay una historia que está por abajo que no sabemos en realidad qué pasa, solo sabemos que el tiempo está pasando, sobre esa historia que no está contada, como que la manera que lo escribes te lleva a un tiempo, al final del del principio. Todo es circular…

-Sí, de hecho es el cuento que le da título al libro y justo lo elegí por eso. El otro día les comentaba que para mí la portada, por ejemplo, es este caracol, porque nosotros estamos todo el tiempo atravesados por la familia, por la profesión, por el amor, por los deseos, por los hijos, por lo que se te ocurra. Entonces tú todo el tiempo vas pasando por este caracolito y vas afrontando todas esas líneas de tu vida y en algún momento pasas por ésta con cierto conocimiento y cuando le vuelves a dar la vuelta ya eres otra persona distinta y tienes una madurez distinta a otras herramientas para entender la vida, pero todo el tiempo estás atravesando las mismas líneas y creo que un poco así es mi intención de narrar respecto a las capas que que pueden cohabitar con nosotros, una simple emoción. Y precisamente es lo que me gusta, por eso me gusta tanto la portada del libro.

-¿Quién hizo la portada?

La hicieron en la Universidad Autónoma de Nuevo León, pero creo que le dieron perfecto el clavo, porque fue algo platicado. «¿Qué te gustaría? ¿Por qué te gustaría?» Y a mí me encanta el simbolismo que hay precisamente en el caracol. Es algo también que es fractal. Sabes que se divide, que se abre. Creo que también esa cualidad la tienen las palabras, pueden ser polisémicas, o sea, te pueden llevar a ti, te puede llevar una palabra, a un lugar y a mí me puede llevar a otro y eso también me encanta. El juego que tienes con el lector al momento que lee los cuentos. Y lo comentaba anteriormente, puede pasar que tú lees un cuento ahorita y te dice algo y lo lees un mes después, después de ciertas experiencias que has atravesado, y te va a decir otra cosa distinta. Y eso es también algo que me gusta, que creo que puede llegar a pasar con ese tipo de historias.

-Oye y Mexicali supongo que está aquí también, ¿no?…

-Pues no sé si tal cual como con la palabra, o sea, pero obviamente sí hay ecos, de mi cariño, como le digo yo del norte, o sea, hay ciertas palabras, ciertas como acciones. Obviamente, y no sé si le pasa a todos los escritores, pero pasan cosas en la vida que dices: «Ah, esto puede servir para una historia.» Entonces, ahí, por ejemplo, la de “Transparente”, yo corría antes de chingarme la rodilla y yo me iba desde Mexicali hasta San Felipe a correr la carrera y me acuerdo lo que era, o sea, manejar hora y media para llegar y la gente en la playa, etcétera. Todo ese tipo de cosas al final sí están. Hay eso de mi vida en éste.

La psicodelia está presente en todo el libro. Creo que que algo que que te dan precisamente los enteógenos es como esta capacidad de habitar en diferentes realidades y en diferentes como líneas de pensamiento a la vez. De alguna manera es como lo que decía el otro día una topología estrella. Me gusta mucho usar eso en la narrativa, porque creo que como seres humanos no todo el tiempo estamos en lo factual solamente. O sea, tú puedes estar aquí platicando conmigo, pero una parte de tu pensamiento está hilando a lo mejor lo que yo estoy diciendo con algo que te pasó en la infancia o con otra parte de ti. Entonces, de alguna manera para mí esos son universos paralelos y me gusta mucho abordarlos en la literatura.

-Te iba a preguntar también sobre el Alep. Lo tienes ahí como una referencia al inicio. ¿Pero cuál es tu experiencia con el Alep de Borges?

Pues para mí es un libro que me marcó, es un antes y un después, porque yo todo el tiempo pensaba, o sea, que precisamente tenemos como esa capacidad, en nuestro interior, de alcanzar a ver todo lo que existe, siempre y cuando lo quieras ver. Cuando leí ese cuento, pensé: «o sea, este señor ya iba un paso adelante de todos con su filosofía de vida», y me gusta mucho imaginar que el Alep es un libro que lo contiene todo. Al final como los registros akáshicos que son, por ejemplo, los registros de tu alma, o sea, todo lo que he experimentado, pasado, presente y futuro, ya ves que también soy terapeuta holística, entonces yo trabajo con esos registros y cuando la gente entra a sus registros y y ve cosas, a mí me llama mucho la atención, porque digo, claro, eso se vale. Esos son los libros, al final. O sea, contienen historias, pero no te las van a mostrar si no estás listo para ello.

-¿Cómo es esto de lo holístico? ¿cómo lo pusiste precisamente con la literatura, como escritora?

-Creo que mi manera de entender el mundo, mucho de lo que pasa con la mente, con la insconciencia y como con otras dimensiones que también habitamos, como lo onírico y la fantasía, al final se ven reflejadas en la literatura que escribo, porque también están ahí. Siento que a veces no somos tan conscientes de todas esas veces que nuestro cerebro va y habita ahí, a la vez que está habitando en la realidad que puedes tocar y que puedes percibir con los cinco sentidos y me gusta mucho como ese juego. Al final poderme escapar.

-¿Cuál fue el cuento más complicado de escribir? ¿Cuál fue el más sencillo?

-El más sencillo yo creo que fue “Ruinas líquidas”, porque habla de algo que me es muy personal, que es el amor, la muerte y el duelo. Entonces ese extrañamente fue como muy catártico escribirlo, me senté porque ya tenía tiempo queriéndolo escribir, entonces ya era algo que traía como muy masticado en la cabeza y fue como lo saqué y quedó, o sea, en realidad tuvo muy poca, no sé si se nota, pero tuvo poca corrección, pues, ¿sabes? Fue así como muy ya y  de hecho, cuando lo terminé, fue como ya lo saqué de mi, o sea, de aquí en adelante. Y creo que el más difícil, a lo mejor porque no es como un género que se me dé tan fácil, fue el de “Quinto mandamiento”, que es como un poquito policial. O sea, ese fue el que más me costó para que quedara de alguna manera estructurado.

-Es la primera vez que presentas aquí en la FIL, cómo lo viviste

-Todavía sigo dando brincos. Hace rato me encontré a unos amigos y fue de que… «¡Ay, tu libro!», ya sabes. Empecé a saltar de alegría, porque sigo en ese jumping happy, happy life, y todos estábamos brincando. La verdad a mí la emoción de presentar el libro La FIL, es como por fin un sueño cumplido, algo que esperé por muchos años, que busqué también por muchos años, el ya sabes tú, eres escritor, luego andas por ahí tocando puertas a ver quién te quiere publicar tu librito y cuando me dijeron que era con la Universidad Autónoma de Nuevo León, pues no pensé que me fuera a tocar presentarlo en un salón, yo pensé pues a lo mejor en el stand. Cuando me mandaron mensaje de va a ser uno de los salones, olvídate, me volví loca. De hecho ese día (lunes, 1 de diciembre de 2025), no podía contener la alegría que sentía y tenía como que hacer unos grititos internos, ya sabes, me estaba riendo y era porque necesitaba sacar la emoción que sentía. O sea, era de demasiado.

-¿Te sientes cómoda siendo cuentista o traes novelas en mente?

-Pues mira, yo quisiera poder escribir novela, pero creo que me cuesta más trabajo, porque se me da más fácil escribir el cuento. A veces cuando estoy en mis ensayos de novela que se los he dado leer, otros escritores me dicen: «Es que, o sea, ya escribiste el cuento, ya contaste todo”, porque así soy. Siento que para mí es más fácil la novela, me gustaría hacerlo, pero no sé si lo vaya a lograr, la verdad.

-Cuéntame de Kurt Vonnegut…

 -Es un escritor de la contracultura, escribió Matadero cinco, tiene unos cuentos preciosos que me encantan y es, yo creo, que una de las grandes influencias, quisiera pensar, como dicen, es la voz del padre por ahí susurrando a mis oídos. Lo que él hace es que toma lo cotidiano y hay algo que hace que ese cuento te transforme, que te trascienda y me gusta mucho.

-Claro, lo digo porque lo mencionas en uno de tus cuentos, ¿no?

-Sí, amo a Vonnegut, tengo casi todos sus libros.

José Antonio Monterrosas Figueiras es periodista cultural y cronista de cine. Es editor cínico en Los Cínicos. Ha colaborado en diversas revistas de crítica y periodismo cultural. Conduce el programa Cinismo en vivo.


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