CINISMO / OPINIÓN

Por Roberto Mozart del Río

En el reencuentro de Ritmo Peligroso hablaba con Piro del maltrato que daban los mismos mexicanos a las bandas nacionales y de lo bien que recibían a las bandas extranjeras. El malinchísmo presente como desde la conquista o el mal llamado descubrimiento de América.

A muchas agrupaciones mexicanas en los 80, les costó el doble de trabajo salir de ese hoyo underground en el que estaban, mientras abríamos los brazos con tersura Miguel Ríos, Radio Futura, Nacha Pop, por mencionar algunos de habla hispana,  pero era igual con los de habla inglesa como Rod Steward o Queen, quienes eran bien merecidos y recibidos. 

¿Pero qué pasaba en México con todas esas bandas que deseaban vomitar la sangre al grito del rock? Bandas que más adelante cambiarían el nombre al español, como el Three soul in my minds, Kenny and the electrics, Size, Duda Mata y el mismo Dangerous Rhythm, es decir, Ritmo Peligroso.  

Piro, cantante y líder de esta agrupación de pospunk mexicano fundada por allá de 1978, me dijo que para ser escuchados necesitabas cantar en inglés, pero al menos con la oleada de bandas argentinas y españolas, nos dimos cuenta que cantar en español estaba bien.

Mucho que hablar del rock mexicano. Queda en el recuerdo —o en el olvido— de los que crecimos creyendo que sería para siempre esa cálida ola, pero un balde de agua fría nos cayó encima con el reguetón y los corridos tumbados. No perdemos la fe de que vendrán nuevas bandas de rock en México que serán como un volcán en erupción. Un rock con notas de una nueva generación.

Roberto Mozart del Río

Neón, Bon y los enemigos del silencio, La Maldita y Caifanes, por mencionar algunas, salieron de esa boca del inframundo para ser escuchados por las disqueras y formar parte, paradójicamente, de ese catálogo que abrió el mercado que explotó a las bandas, succionándoles el alma con contratos que solamente ganaban quienes hacían los discos.

Esto, sin embargo, fue el brinco para abrir camino nuevamente y que más grupos se animaran, surgiendo de ahí bandas como El Juguete Rabioso, Ninot, Cuca, Fobia, entre otras, donde nacieron los festivales impulsados por refresqueras o compañías de cerveza, para seguir aprovechando el boom sin descanso y que las bandas pasaran hambre.

Fue este movimiento además quien les abrió la ventana a ciudades como Guadalajara y Monterrey, que se creía que aportaban poco a la escena musical. Brotaron nuevas propuestas que muchas ahora quedaron en el recuerdo y buscaron renacer con proyectos de remembranza y añoranza, pero otras siguen vigentes.

Mucho que hablar del rock mexicano. Queda en el recuerdo —o en el olvido— de los que crecimos creyendo que sería para siempre esa cálida ola, pero un balde de agua fría nos cayó encima con el reguetón y los corridos tumbados. No perdemos la fe de que vendrán nuevas bandas de rock en México que serán como un volcán en erupción. Un rock con notas de una nueva generación.

Roberto Mozart del Río nació en la tierra del tequila a grito pelado, sin ser patriota (ironías de la vida), un 16 de septiembre del 72. Amante de la novela gráfica, psicólogo por convicción y bartender por vocación. Amante de la música que desató Robert Johnson a todos sus géneros y temeroso de toparme con un reguetonero. Catador de cerveza y de la vida simple.


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