Actualidad

CINISMO / FILMOTECA A SMILE ON THE DOG

Por Fernando Ramírez Ruiz

En el camino, David Pablos (México, 2025) nos presenta un paisaje infernal, los caminos de los choferes mexicanos que surcan en sus tráilers los desiertos del narco. Asesinatos, cadáveres, violencia que puede ser extrema son comunes en las carreteras. Largas soledades interminables como el desierto frente al volante. Paraderos que en lugar de ofrecer pausas al solitario son soledades exacerbadas, multiplicadas, los tráilers con su cargamento de solitarios atacando al unísono con prostitutas, prostitutos y dílers de las cosas para poder manejar sin parar.

En esos eriales sin fin caminan los espectros del insomio de la química ilegal, también hombres en llamas prendidos con la gasolina de la posesividad del poder sin límite: Poder marca Juaritos, la frontera de las maquilas, la Ciudad Juárez de las muertas y desaparecidas. O como en este caso los efebos caídos de la gracia de un empresario déspota del desierto, dueño y señor de los güevos de sus jóvenes amantes que mutila y quema si intentan huir de su serrallo.

En esos eriales sin fin caminan los espectros del insomio de la química ilegal, también hombres en llamas prendidos con la gasolina de la posesividad del poder sin límite: Poder marca Juaritos, la frontera de las maquilas, la Ciudad Juárez de las muertas y desaparecidas.

Fernando Ramírez Ruiz

Son los monstruos-padre de veneno, quien después del abandono paterno —el papá trailero lo dejó no sólo a él sino a toda la familia por la homosexualidad de veneno— cayó con ese maquilero que le dijo que ahora él era su padre y del que acabó huyendo para salvar su vida.

Después llegó Eulas, mismo patrón. Eulas primero lo abandona y después lo quiere matar. Al final aparece en una de esas paradas de la carretera el muñeco, quien sentenciará el destino de veneno en una cárcel. Y a pesar de todo veneno lo ama, como quien entre la soledad y el infierno prefiere las llamas tan sólo por sentir la compañía de algún trailero. 

Fernando Ramírez Ruiz estudió en la prepa de La Salle, de la Ciudad de México, al lado del hijo del presidente Miguel de la Madrid y en la secu Nuevo Continente se enamoró de Lucerito, tiempo después cruzó miradas y le dijo quiúbole a Yordi Rosado en la Universidad Intercontinental, de la que desertó de la carrera en Ciencias de la Comunicación. Ha conocido a Diego Luna, fue Stand in de Sasha Sokol y el Chivo Lubezki en una película. Está escribiendo el libro de memorias: «Quiúbole con mis encuentros con los famosos» y es director de la Filmoteca A smile on the dog.


Descubre más desde REVISTA LOS CÍNICOS

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja un comentario

aUTOR

TENDENCIAS