COBERTURA CÍNCA / FESTIVAL INTERNACIONAL DE CINE DE MORELIA 24
«Rara vez que tengo una situación de violencia con los actores»
Por José Antonio Monterrosas Figueiras
Pasaron ocho años para que Carlos Reygadas volviera a filmar. Luego de la película Nuestro tiempo, de 2018, regresa con Heil Júpiter! un catálogo de historias malditas que pasan por Noruega, Polonia y México, la cual tuve la oportunidad de ver a inicios de esta semana en el Festival Internacional de Cine de Morelia en su edición número 24.
Con su estilo etnográfico, su no actores, sus efectos en los lentes y una cámara colonoscópica, nos adentra a un mundo lleno de orgias en cuevas, lapidaciones de secuetradores en una fosa, linchamientos públicos y juicios que terminan manifestaciones violentas dentro de los juzgados. Al principio, sin embargo, hay hermosos jovenes desnudos besándose y teniendo sexo entre piedras y agua, para que luego una cámara nos adentre a ese mundo reygadeano, insisto, con historias llenas de crueldad que bordea el disfrute por la violencia.
Es así que Carlos Reygadas al cine, con una película que lleva el nombre de Heil Jupiter!, que pudimos ver la noche del lunes, 19 de octubre, en el Teatro Matamoros, acompañado de la plana mayor de la crítica de cine, Rafael Aviña, Silvestre López Portillo, Luis Tovar, Fernanda Solorzano y Leonardo García Tsao. Ahí también estuvo el ex director de Cineteca Nacional, Alejandro Pelayo; también estuvieron ahí el actor Ausencio Cruz y la periodista Columba Vértiz; los Cuarón, Carlos, Alfonso y Jonás y muchos más llegaron dispuestos a ver lo nuevo de Carlos Reygadas.
Un día después de esa función con la presencia del director de cine, me encontré a Carlos Reygadas en el Jardín Las Rosas, de Morelia, hablando por teléfono, le pedí unos minutos, pero se resistía porque pensaba que le iba a preguntar qué le gustaba de la comida michoacana (¿las corundas? ¿los uchepos?), pero no le pregunté de su cine, de su última película, de Béla Tarr, del feminsimo, de sus diferencias con el escritor Xavier Velasco en su película pasada Nuestro tiempo, en la que el escritor me contó de manera detallada que fue maltrado por Reygadas, lo que hizo que el autor de libros como Diablo Guardián se bajara del caballo de la actuación.
Aquí la charla banquetera con el cineasta.

—Presentaste Heil Júpiter!, cuéntame un poco sobre todo esto, todo este catálogo, digamos, de bestialismo, de cosas de violencia, también de ternura, pero fundamentalmente la parte con más entraña…
—Estamos viviendo en un mundo que tiene un lado muy distópico en los últimos tiempos. Hay mucho sufrimiento, gobiernos violentos, la distribución de la riqueza no funciona. Parece que el sistema económico en el que hemos vivido no sirve más que para acumular riqueza en pocas manos. Entonces se siente mucha presión, un ánimo de vigilancia, de juicio, de castigo violento y eso estaba en el corazón de la película, pero al mismo tiempo en un universo hermoso, un lugar que vivimos que sigue siendo un lugar que tiene una pulsión y hay un placer de existir, como quiera que sea. Es un placer, es un honor existir aquí.
—Carlos, ¿por qué tardaste tanto en hacer una película? ¿Cuántos años fueron? ¿Más de ocho?
—Ocho en total. Tardé como cinco en la película y al principio hice una pausa porque tengo a mis hijos, me gusta hacer algo de construcción y además no soy de los cineastas que va buscando un tema para hacer una nueva película, sino que tiene que surgir de dentro una necesidad y todo eso tarda un tiempo.
—Ahora, es una película donde está Polonia, está Noruega, está México. ¿Cuántos países son?
—Esos tres. Había una parte que quería que fuera una latitud más como nórdica para esta especie de sacrificio que hace un personaje, luego la nieve, los confines últimos del mundo, si te fijas el final tiene algo que ver con Frankenstein, lee el principio de la novela Frankenstein ya verás algo que tiene que ver con el final de la película.
Bueno, no fue exactamente así. Yo quería trabajar con Xavier y fue muy interesante el proyecto. Era difícil de que funcionara, él no es una persona de campo, no tenía nada que ver con el personaje. Le traté de enseñar a montar, fuimos, no era verdaderamente su estilo, a él le gustaba el tenis y otro tipo cosas digamos, más urbanas. Y entonces no funcionaba el papel, tuve que decidir que ya no lo iba a hacer.
Carlos Reygadas
—Es una película que se la dedicas a Béla Tarr…
—Sí, bueno, sí.
—Cuéntame un poco sobre tu relación con Béla Tarr…
—Pues a Béla lo conocí en los últimos veinte años de mi vida. Fui muchas veces a la escuela que tenía en Sarajevo. Entonces pasábamos mucho tiempo juntos porque invitaba a un profesor, a un cineasta, dos semanas a estar ahí todo el tiempo con los alumnos. Entonces pasábamos tiempo juntos. Nos hicimos muy cercanos y aprendí muchas cosas de él, disfrutamos mucho platicando, discutíamos sobre cine y fue muy inspirador, me dio pena que muriera joven. Acabo de salir de El caballo de Turín y siento que tenía que haber hecho unas cuantas películas más.
—¿Cuántas veces has visto El caballo de Turín?
—Unas cuantas, no tantas, en pantalla grande cuatro. Pero como nos tocó distribuirla cuando salió, la he visto muchas veces.
—Quiero preguntarte algo que me interesaba mucho, que es sobre el tema de la violencia que vi en esta película y que viene de tu película pasada, donde a mí me comentó Xavier Velasco sobre el tema de que se subió al caballo de la actuación contigo y luego se bajó…
—Bueno, no fue exactamente así. Yo quería trabajar con Xavier y fue muy interesante el proyecto. Era difícil de que funcionara, él no es una persona de campo, no tenía nada que ver con el personaje. Le traté de enseñar a montar, fuimos, no era verdaderamente su estilo, a él le gustaba el tenis y otro tipo cosas digamos, más urbanas. Y entonces no funcionaba el papel, tuve que decidir que ya no lo iba a hacer.
—Xavier hablaba de un toro que le dieron un balazo…
—No, él ni estaba cuando pasó eso del toro. Sí, hubo una historia de casi un accidente. Nada demasiado grave.
—En ese sentido, la película habla de la violencia, del bestialismo, de toda la parte oscura del humano. ¿Cómo trabajas tú, cómo controlas tú eso que miras, de esa mirada violenta, ya estando con tus actores, siendo tú el que toma decisiones?
—Rara vez que tengo una situación de violencia con los actores, es más la violencia que se les impone ahí en los muros de afuera. Si te fijas en las otras películas hay violencia en Batalla en el Cielo, una cuchillada, pero son cosas que en el cine se trabajan de otra manera, se simulan y luego el truco es que aparezcan verdaderas.
Por ejemplo, en Nuestro Tiempo, la mula que muere cornada por un toro, eso no ocurrió, hay que buscarle cómo. Entonces no hay un tema que sea fundamentalmente en el trabajo. Cuando estamos sin vernos normalmente hay mucha armonía y mucha confianza. Es un tema más de confianza.
—Tú como artista, ¿en qué momento te encuentras?
Pues ahora que han crecido mis hijos, tengo muchas ganas de empezar a hacer más películas más seguido. En este momento de la vida me asaltan muchas ideas, inquietudes, imágenes, sonidos y caras que evocan y me dan ganas de hacer más contenidos.
—¿El tema del feminismo ya no te ha atacado? ¿Ya no has tenido problemas con eso?
—No, son cosas de las que uno aprende, cosas que tienen muchas aristas, que no son para discutirlas en público, porque tienen demasiado contexto posible para discusiones públicas donde no se entienden, pero ese es el tema, nunca he tenido miedo al tema de las mujeres, he vivido con mujeres.
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José Antonio Monterrosas Figueiras es periodista cultural y cronista de cine. Es editor cínico en Los Cínicos. Ha colaborado en diversas revistas de crítica y periodismo cultural. Conduce el programa Cinismo en vivo.





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